Un Diario a bordo
Douglas A. Palma

¿Por qué se lleva un diario? Una dama de la corte Heian lo haría para llevar un registro de pequeñas sensaciones. Amiel expresaba las intimidades de su carácter. Blanco Fombona, para exteriorizarse. Ciertos diarios literarios recientes destilan sensiblería, importancia nula. Acaba de aparecer el Diario 1974-1983 de Angel Rama (profesor de literatura, crítico, impulsor de la Biblioteca Ayacucho) escrito "como un repliegue". Hay allí páginas feroces sobre ciertos nombres de nuestra cultura y algunas reflexiones sobre la vida intelectual venezolana que creo muy necesario comentar. También alusiones a la salud dental, el corazón, la convivencia con Marta Traba, sus hijos.

Rama percibe cuánto le falta aquí esa "soltura del intercambio intelectual (que supone el mutuo conocimiento de un código, una gramática, un sistema mental)... con sorpresa descubro lo comprimido que vivo". Descubre una cultura de aperturas universalistas (Picón Salas, Uslar, Meneses, Liscano) y otra pueblerina, defensiva de valores telúricos, cultivadora de lo humilde y familiar, en fin, "un provincianismo sin fuerzas ni verdad, meramente importado". Por ello las secciones bibliográficas no comentan los libros extranjeros, ni siquiera los de Monte Avila. Se da cuenta de cómo los pretendidos universalistas de hoy se quedan en Kafka, Joyce, Proust y Rilke: "También ellos viven del pasado, aunque les parezca que por ser extranjero tiene mayor importancia y vigencia". Igualmente de ácida es su opinión de algunos gerentes culturales. No soy uruguayo y comparto esos pareceres.

La opinión de Rama sobre el ambiente académico de la Escuela de Letras (cuando reinicié mis estudios allí, ya estaba de ida) de la UCV es desalentadora. Hoy sería devastadora. Es curioso, no menciona a los grandes santones de esa escuela. Su vivencia del ambiente cultural de esos años (borracheras pagadas por el CONAC, piratería intelectual), de los intelectuales y creadores chilenos del exilio, es honesta. Reluce la jactancia académica que muestra a los alumnos 'las insuficiencias' del pensamiento de Jung.

Hago casi mías estas palabras finales del Diario: "... haber sido ensuciado por gente torpe y malévola, y no haber podido contestarles como se correspondía. Haber estado bajo un poder despótico y despreciativo, ejercido por gentes inferiores".


Universalia nº 16 Ene-Abr 2002

 











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