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El
Abstraccionismo en la era digital
Entrevista
realizada por
Ronald Rodríguez Ferrer
Universalia:
Cuando
dio clases de composición, dibujo y pintura en el Instituto de Diseño
Neumann de Caracas ¿Cómo hacía para lograr en los estudiantes ese
encuentro necesario para que ellos desarrollaran su propio lenguaje?
L.R.:
Cuando tú tratas de que el estudiante se sensibilice a través de
su trabajo, no por un cliché o por otros medios, y atrapas su sensibilidad
y su capacidad, entonces él desarrolla automáticamente su propio
lenguaje. Es cuestión de hacerlo aflorar, ya que todos somos diferentes
y tenemos necesidades distintas que expresar.
Cuando
yo pinto y llevo un cuerpo tridimensional a un plano bidimensional,
tengo que tener los medios y la capacidad para poder mostrar, por
ejemplo, que el peso del cuerpo está apoyado en el pie derecho.
Tienes que desarrollar la capacidad de la línea, del impulso, de
la sensibilidad, de la sencillez, de encontrar el volumen cuando
traduces al plano. Esto no es algo que haces de una vez, uno tiene
que recorrer un camino donde hay encuentros y confrontaciones.
Es
un ejercicio que al final te lleva a tu propio lenguaje. El lenguaje
se expresa a través de la composición, del ritmo, de la atmósfera,
de las melodías, de los acentos...
Universalia:
de los silencios...
Universalia:
En la actualidad, con tantos pintores y tantas exposiciones ¿Cómo
se reconoce a un gran pintor o una gran obra de arte?
L.R.
Todo es muy relativo, eso está en ti. Hoy en día los críticos de
arte quieren ver siempre algo nuevo; por ejemplo, les fascinan las
“instalaciones”, que yo rechazo porque veo en ellas una superficialidad
cotidiana, demasiadas repeticiones parecidas a las que proyectan
los medios, con lo cual se corre el peligro de ser manipulado por
un mercantilismo opuesto al verdadero objetivo de la pintura.
Otro
factor es el hecho de que la mayoría de los pintores se someten
a los deseos de un marchand, aspecto muy peligroso para el
arte pues éste tiene un horizonte más amplio que el de ser una mercancía.
Reconocer
una gran obra de arte no tiene que ver con el éxito inmediato. Todos
conocemos la historia de Van Gogh o la de Cezanne -cuyos
óleos fueron rechazados dieciséis veces del Salón Oficial de París-,
quienes, a pesar de su poco éxito en vida,
se encuentran entre los pintores más cotizados hoy en día.
Universalia:
Pero, ¿cree que el arte puede estar al servicio de un propósito
más sublime que el histórico, social o estatal?. Y, ¿hacia dónde
se dirige el desarrollo visual de nuestro tiempo?
L.R.
Cuando lees La Ilíada o La Odisea, obras escritas 800 años antes
de Cristo, o cuando lees el Viejo Testamento o La Divina Comedia,
es maravilloso poder imaginarse lo que en ellas se narra y a sus
personajes arquetípicos. Lo mismo sucede con la pintura.
Pero,
hoy en día nuestra imaginación está siendo transformada por las
barbaridades de la información y un uso agresivo del color que presentan
los medios de comunicación. Detesto que promocionen en forma sugestiva
un materialismo que me produce angustia. Nos están llenando de información
banal en vez de ofrecernos lo que nos abre hacia senderos positivos:
la cultura, la fe, la conciencia del ser humano.
La
cultura, al igual que la pintura, son acompañantes que a lo largo
de la vida nos dan sentido, nos sacan de lo trivial.
Universalia:
Esto quiere decir que una gran obra de arte tiene un mensaje
atemporal. ¿Cree que si Leonardo Da Vinci pintara hoy en día la
Mona Lisa, podría ésta ser reconocida como una gran obra de arte?
L.R.
El que pinta siente esa lucha, esa atmósfera, esa autenticidad que,
en el caso de la Mona Lisa, se logró gracias a la conciencia del
humanismo y a la cantidad de capas y retoques que a lo largo de
diez años le dio Da Vinci.
Cuando
tienes la sensibilidad y el conocimiento para entender qué es una
obra de arte, y ves la cantidad de barbaridades y superficialidades
que se hacen ahora en nombre del arte, no hay mucho que decir.
Sólo
hay que ver y apreciar la Mona Lisa para entenderlo.
Universalia:
Si
pensamos que una obra de arte es eterna ¿Cree que el aporte que
la Mona Lisa dio al arte podría ser reconocido hoy en día de la
misma manera?
L.R.
Esto no se puede decir. Existe siempre la influencia del entorno
sobre el artista y sus vivencias.
Los
mosaicos bizantinos se realizaron en forma bidimensional. Después
del Renacimiento, empezó la investigación psicológica de los personajes
y la perspectiva. Fue una gran revelación en su momento.
Los
mosaicos bizantinos, como concepto, tenían una posición muy diferente
a la que encontró Leonardo Da Vinci en la Mona Lisa; sin embargo,
ambas son obras de arte con sus propios aportes.
Universalia:
¿Cuál
es el aporte de la pintura a la cultura universal y, más específicamente,
cuál es el aporte de la abstracción al pensamiento humano?
L.R.
Cuando tú preguntas cuál es el aporte de la pintura a la cultura,
hay que definir la pintura dentro del conjunto formado por la poesía,
la filosofía o la música,
y hay que preguntarse también qué significa para el individuo
o para la masa.
Cuando
los niños vienen a mi casa, por ejemplo, quieren pintar porque eso
les produce bienestar, algo parecido a la música...
Universalia:
Es un juego...
L.R.
El juego está presente en muchos aspectos de la vida y está relacionado
con el gozo. Los juegos del amor son preciosos, el juego de la vida
como parte de la vida misma, el gozo de vencer, el gozo que produce
el poder. Todo está detrás del juego.
Universalia:
Le pregunto esto porque si podemos definir el aporte de la pintura
al conocimiento humano en un momento determinado, es posible saber...
L.R.
... cuál es el aporte de una palabra? ¿Cuál es el aporte de la poesía?
¿Cuál es el aporte de la música o de una persona riendo en un Night
Club? ¿Cuál es el aporte...? Existe un aporte, pero no se puede
definir.
Universalia:
Es posible observar que en el pasado la historia del conocimiento
y la del arte estaban profundamente relacionadas. Por ejemplo, el
desarrollo de la perspectiva fue un gran aporte a la conciencia,
que tuvo su efecto en otros campos del conocimiento. Al presente
la relación no es tan clara. ¿Se puede definir el aporte de la abstracción
al conocimiento?
L.R.
Hoy tenemos el hecho digital, que más que concreto es abstracto.
En 1910, Kandinsky pintó su primer cuadro abstracto cuando, en la
penumbra, vio de manera diferente un paisaje pintado por él mismo.
Esa
visión le fascino y se dedicó a estudiarla y proponerla como una
forma de pintura que después se llamó Abstraccionismo. La
abstracción se encuentra en la naturaleza. Observando las nubes,
por ejemplo, podemos ver abstracciones. Es una decisión que hace
el espectador: puede ver nubes o abstracciones. Lo digital ya está
afectando nuestro lenguaje y nuestra visión.
La
abstracción sigue su camino, como lo siguen la biología o la física
en su necesidad de obtener una respuesta del universo. La abstracción
es un eco de lo que es la vida, de lo que es el arte.
Uno
no sabe por qué le gusta la poesía de Rilke: “Vivo la vida en círculos
que afectan mi alrededor...”.
Esos
son símbolos que puedes traducir a tu realidad, y que te dan algo,
te dan impulsos, un sentimiento que no es necesariamente la felicidad
sino una conciencia que está fuera de la vida cotidiana y dentro
de la comprensión del ser. Entonces la abstracción, la poesía, la
música, nos abren la puerta a un mundo que está relacionado con
los misterios de la vida en sí.
Universalia:
¿Cuál es el futuro del Abstraccionismo en la era digital?
L.R.
Esto es muy general; un cuadro siempre será un cuadro. Cuando vi por primera
vez la pintura de Malevich “El cuadrado blanco sobre blanco”, me
fascinó su simplicidad y me trasmitió una sensación y un conocimiento
único. Cuando usted pregunta sobre el futuro del Abstraccionismo,
yo no soy profeta, pero puedo asegurar que una buena obra de arte
siempre producirá algo en el espectador interesado y sensible.
Todo
el mundo vive corriendo y está sobrecargado de computadoras y televisión
que, yo diría, matan la sensibilidad para poder apreciar o concebir
una buena obra de arte.
Creo
que la abstracción es un péndulo y una esperanza contra las corrientes
que buscan hundirnos en la visión de Disneylandia; contra la repetición
de un cliché que produce una no-fantasía y una no-creatividad en
los niños, pues ellos son atraídos y dirigidos por esos clichés
tan materialistas, los cuales percibo como visualmente peligrosos.
Por
eso tengo fe en la abstracción: ella produce todavía un espacio
que no está encadenado por signos preestablecido. Veo
que lo digital está corriendo detrás de Mickey Mouse, al
igual que todos los medios, promocionando el cliché y la mentira.
No vivimos en el mundo de Disney, somos seres humanos.
Marzo 2001
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