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La ciudad y el abstraccionismo geométrico
María Carolina
Rodríguez
Es como una ciudad... distintos materiales, distintas formas,
colores y movimiento, mucho movimiento. Esta fue la sensación
que tuve al observar las obras de los artistas venezolanos, enmarcadas
en el Abstraccionismo Geométrico de mediados del siglo pasado.
Las líneas se confunden y se convierten en laberintos por
donde se asoman pigmentos de distintos colores estratégicamente
colocados, tal cual como vemos en las autopistas y las redes viales
de Caracas y desde el cielo. Las formas a veces no tienen figuras
establecidas, simplemente se van creando al sobreponer varios planos
que se cortan a medida que sus colores cambian; como cuando miramos
hacia el fondo edificios de distintos tamaños, que se mezclan
con el horizonte construido y contrastan con la naturaleza. Combinación
del lienzo con madera, acrílico, óleo, pintura para
carros... y paremos de contar las diferentes técnicas y materiales
utilizados por estos artistas. Igual nos pasa cuando nos paramos
en la Plaza Altamira y vemos que al lado de un edificio de ladrillos,
se levanta un monstruo blanco lleno de espejos y mármoles
que casi toca las nubes.
Todo eso crea movimiento... la sensación de sentir que
las obras se expanden con sus líneas y se salen de la pared
para perseguir al espectador que recorre la exposición; saber
que no es lo mismo observar la obra de Jesús Soto desde una
sola posición, sino conseguir atrapar infinidad de imágenes
en ella. Es impresionante para el que se detiene a observar darse
cuenta cómo, hace más de cincuenta años, un
plano de dos dimensiones logra una vibración visual que asombra.
Y es que así vivimos... en un mundo que no se detiene.
La ciudad se levanta y se acuesta en un mar de autos y de seres
en movimiento; el dinamismo de sus actividades hace que ésta
se desborde de sus límites geográficos, tragándose
pueblos cercanos que ahora forman parte de ella; y con el tiempo,
son más las personas que vivimos y crecemos apretadas unas
encima de las otras.
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