Reflexión personal acerca del texto ¡No lo digas, escríbelo!

Héctor Olivera
Estudiante de Electrónica y Circuitos

"La palabra tiene fuerza", es un dicho popular que he escuchado usar cuando alguien expresa condicionalmente algún mal presagio. Y más fuerza tiene cuando está escrita y deja huella, pues sólo se pierde en el tiempo de vida del medio que la soporta.

Si bien escribir permite adentrarnos en nuestro propio mundo, obligándonos a reflexionar nuestras ideas conforme las plasmamos, no es una actividad tan fácil de imponer, y menos en estos tiempo donde todo es un "click" del ratón. La gente se conforma con hablar y ver, porque leer y escribir ya no presentan interés ni son un pasatiempo, sino una horrible necesidad.

¿Culpa de Internet? Es posible, si se considera que las páginas web consisten en su mayoría de frames y plugins para ver en todo su esplendor las imágenes con que bombardean a los espectadores, embebidos en tanto color y velocidad de transmisión (Mb/s, gracias a la tecnología de punta). También podría culparse a los sitios de chat, donde cada quien wr de la manera + comoda pa ganar t (sí, puntuación excluida; una tecla menos es igual a un décimo de segundo ahorrado, más o menos)

¿Quién no ha visto informes universitarios obtenidos con la apreciada, muy desarrollada y ampliamente empleada técnica del copy/paste, usando información de alguna página web encontrada? Y no es que sea una barbaridad, sino que la falta de tiempo (léase falta de organización) y el propio hecho de que los profesores exijan la información por escrito obliga a recurrir a las técnicas que reduzcan al máximo el tiempo dedicado a la elaboración de los trabajos. Lo olvidaba, gracias a Google, que nos da la información nuestra de cada día, y nos libra de acudir a la biblioteca.

Quizás otra limitante a la escritura surge con la facilidad que se le ha otorgado al que esté interesado en escribir y tenga una computadora, de realizar su proyecto y después seleccionar la opción del corrector de texto. Me atrevo a asegurar que esta práctica ha sido responsable que mucha gente haya olvidado hasta las reglas más básicas de la ortografía (después de todo, que trabaje el corrector, que para eso existe).

Por ello, es mi opinión que el entorno no es muy saludable si se quiere obligar a la gente a escribir. Si son estudiantes de la Universidad, quizás el hecho de ser parte de su evaluación sirva de algo. Pero es necesario otro incentivo.

¿Qué propondría yo para un curso de literatura? Que se les enseñe a los estudiantes el origen de las palabras, lo cual puede que incentive a más de uno a que realice su propia búsqueda (¡la curiosidad es un arma muy interesante!); que puedan elegir una lectura de entre un conjunto previamente estudiado por los profesores, tal que tenga contenido variado, y evite aburrir a más de uno con algo que no les llama la atención; finalmente, que se les enseñe la importancia de disponer de una herramienta tan útil y universal como es escribir.

El siguiente es un extracto de un texto referente a un encuentro de escritores, poetas, ensayistas, etc., que me pareció de particular interés, por expresar una de las tantas virtudes, desconocidas para muchos, que tiene el arte de la escritura (tomado de la página http://www.grupoese.com.ni/2000/bn/bc/edl 59/bogotal59.htm):

El Encuentro Iberoamericano de Escritores, El amor y la palabra, , fue comparado con el que se hizo en México en 1967, y que dio origen a la Comunidad Latinoamericana de Escritores, en donde (...) el intercambio de opiniones, la camaradería entre autores mayores y los más nuevos, fue el punto de partida para el diálogo y las conversaciones entre nosotros, que son lo más importante de estos encuentros.

Algunas historias cortas del origen de ciertas palabras:

  • Durante la guerra de secesión, cuando regresaban las tropas a sus cuarteles sin tener ninguna baja, ponían en una gran pizarra '0 Killed' (cero muertos). De ahí proviene la expresión 'O.K.' para decir que todo esta bien.

  • En los conventos, durante la lectura de las Sagradas Escrituras, al referirse a San José decían siempre Pater Putatibus, simplificado en P. P. Así nació el llamar Pepe a los de nombre José.

  • En el Nuevo Testamento en el libro de San Mateo dice: "es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre al Reino de los Cielos". El problema de coherencia de la oración surgió cuando San Jerónimo, el traductor del texto, interpretó la palabra Kamelos como camello, cuando en realidad viene del vocablo griego que describe aquella soga gruesa con la que se amarran los barcos a los muelles. En definitiva, el sentido de la frase es el mismo, pero ¿cual les parece más coherente?

  • Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia, se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles. Inmediatamente llamaron a un nativo (los indígenas australianos eran extremadamente pacíficos) y le intentaron preguntar mediante señas. Al notar que el indio siempre decía kan ghu ru adoptaron el vocablo inglés kangaroo (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después el significado: los indígenas querían decir "no le entiendo".

  • La zona de México conocida como Yucatán obtuvo su nombre en la época de la conquista, cuando un español le preguntó a un indígena como llamaban ellos ese lugar... el indio le dijo Yucatán. Lo que el español no sabía era que le estaba contestando "no soy de aquí".

Si al terminar de leer esto siente que ha saciado una curiosidad nunca explorada, imagine lo que un curso completo de literatura, lleno de datos interesantes e historias atrayentes, puede aportarle a su cultura y formación personal, además de involucrarlo en las artes literarias.


Universalia nº 15 Abril-Diciembre 2001












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