La poesía titulada

Muchos fueron los estudiantes de postgrado que enviaron sus talentosas creaciones al "Iraset Páez Urdaneta" y no participaron por ser un concurso dirigido exclusivamente a los de pregrado.

Hemos copiado los poemas de Alejandro Agafonow Cordero de Ciencias Políticas, y los de Kelly Alvarez Petit, de Ingeniería de Materiales, a manera de muestra.


Alejandro Agafonow Cordero

Negra

Negra
que sabes a polen y a mango maduro
que hueles a guayaba y a cayena
que sientes a leche tibia y a hierba suavecita.

Negra
que oyes a viento arrinconado escapando en la rendija
que mueves como cañaveral inquieto
y otras veces como lluvia chiquitica.

Enséñame el secreto de tu embrujo indescifrable
tu maña adorable que me atrapa y me esclaviza.


No sigo siendo el mismo

Ya no sigo siendo el mismo,
el muchacho solitario de aspecto quebradizo,
el de barba escasa y pantalón escurridizo.

El de carácter más bien intolerante
y aquel de sueños de grandeza,
el de temores ocultos bajo un manto de dureza.

Ya no sigo siendo el mismo,
el que podía amar y desamar a ratos
y el que estaba dispuesto a perderte si no estabas dispuesta a cambiarte.

El racionalista que hizo del cálculo un credo,
el que despreciaba a aquellos sin vianda ni brújula
y el que elaboraba planes a escuadra y compás.

Ya no sigo siendo el mismo,
el que te prefería en la cama siempre más lujuriosa que amorosa,
el que hizo de tu pubis un fetiche
y el de amar más bien genitaloide.

El que hurgaba en su ideal
para resaltar tus carencias,
olvidando los vacíos de su modelo
frente a tus abundancias.

No, ya no sigo siendo el mismo.


Lo que espero de ti

Espero de ti
un pecho cariñoso
en tus brazos mi refugio
en tu mirada un retiro.

Te quiero oasis cuando esté cansado
brújula cuando esté perdido.

Espero de ti
unas manos que cooperen
en tus hombros mis muletas
un pa`lante y manovuelta.

Te quiero estímulo y vitamina.

Espero de ti
unas piernas que me aferren
de tu vientre mi locura
de tus senos: ellos que me adoren.

Te quiero lujuriosa.

Espero de ti, conjugado
lo claro y lo oscuro
lo bueno y lo malo
lo bello pero también lo feo.

Te quiero maravillosa y miserable.


Kelly Alvarez

Desperatly looking for you

Cuántas veces, en las calles de lluvia
de una ciudad, en un autobús, en
el metro, o en la soledad más espesa,
bajo el sonido de sombras y tristes
recuerdos, me quise detener a buscar la
mirada insondable, que antes toqué en el
relámpago que el beso desprendía... pero
no te encontré en la oscuridad de mi noche,
ni en lo más profundo de mi melancolía.

¿Me reconocerás tú algún día, casualmente,
cuando sin buscarme te encuentres con el alma mía?

Es posible que al verme, no marche sola,
y es posible que al verte mi alma esté ya vacía.
Por la incesante espera, por la quietud del
silencio que no me reconforta ni me abriga,
porque he visto que pasan los años
como ráfagas de viento que castigan.
Porque pasan los días y las noches
y te busco, y no hay quien te lo diga.

Atenea

Yo no soy hombre ni mujer,
Yo sólo tengo resplandor propio,
cuando no pierdo el curso del río,
cuando no pierdo mi verdadero sol
y puedo alejarme libre, girar, bogar,
navegar dentro de lo absoluto y el mar blanco.

Entonces si soy
el hombre rojo lleno de sangre.
Y si soy la mujer: una flor
límpida, un lirio grande.
Y también soy el alma,
que se transfigura sólo para amarte,
como un hombre,
como una mujer,
como un ángel.

Dilema

Si decido no renunciar a ti si me alcanzas si te alcanzo si
esperando me alcances te alcanzo si debo comenzar por la ruta
difícil si el trayecto es muy largo si me voy alejando poco a poco y
me reconozco indemne si me aparto si te veo de lejos deseando
tenerte mas cerca si te abrazo si con tan solo pensarte te
tuviera a mi lado si te miro y no me miras si te llamo si mis
ojos no pueden sostener la mirada si te hablo si me muestro
indiferente caprichosa alegre sonora feliz si abjuro del latigazo
el sufrimiento como si no viviera para llegar a ti.

Angustia

T
odos alguna vez la hemos tenido por compañera...

Quizá sea inevitable emprender la difícil empresa
de la calma, tienes toda la razón,
no es nada sencillo avisarle a
las sombras cuando vamos a prender la luz,
pero eso sí, sin asustarse
para que aparezcan o se vayan...

Temo correr y perder sus pasos,
Temo caer y no poder lograrlo.
Temo sentir que no estoy sintiendo.
Y que jamás me llegará el momento.
Pero lo que más temo es perder el amor.
El amor que me hace temer lo que hoy temo.


Universalia nº 15 Abril-Diciembre 2001












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