Anagrama: diez años
Muestra Antológica del Taller de Creación Literaria "Anagrama"

En mayo de 1981 se inician las actividades del taller literario "Anagrama", bajo la coordinación de Luisana Itriago y Ana María del Re, profesoras del Departamento de Lengua y Literatura de la USB.

Concebido esencialmente como un espacio abierto al diálogo, al descubrimiento y al desarrollo de la sensibilidad creadora y crítica de los participantes, este taller ha venido funcionando regularmente durante diez años.

Un grupo notable de personalidades vinculadas con el quehacer literario y artístico de nuestro país, invitados especialmente al taller, han hecho posible el conocimiento y la proyección de diversas perspectivas y actitudes vitales ante el hecho estético.

Múltiples vivencias, visiones, hallazgos, reflexiones, han enriquecido íntimamente a todos los que han compartido este espacio de creación y de intensa proximidad.

Las experiencias y logros del taller han sido recogidos en dos publicaciones -Revista Anagrama Nos. 1 y 2- así como en ponencias y charlas presentadas en distintos eventos realizados en nuestro país y en el exterior.

Desde hace tres trimestres el taller "Anagrama" se inscribe como asignatura con créditos en el pensum de materias electivas de Estudios Generales de nuestra Universidad. Los objetivos propuestos en el diseño inicial de la programación se mantienen vigentes.

Para esta fecha aniversaria se han seleccionado una serie de textos como muestra significativa del trabajo realizado durante diversas etapas del taller.

Luisana Itriago
Ana María del Re
Mayo de 1991


Desilusión
Las palabras se caen por su peso
No soportan más de lo que deben
sin embargo las recargo.
Se desploman los poemas
sin sustento, sin hambre
Sólo palabras
que son letras
Que son nada.

Luis Miguel Isava

 

A la luz
Poesía realizada, poesía en movimiento
escrita-leída.
Se oficia el rito necesario
(encarna el mito de Pandora)
el momento, el único, el irrepetible momento de la luz.
Marchan las palabras,
llenas de fatalidad, necesidad,
hacia el nuevo poeta: el lector.
Se ordenarán
con tensión
y escribirán, traducirán
¿qué?
(Sólo la esperanza sobrevive)

Luis Miguel Isava

 

Hace un día magnifico
para captar el mundo en fragmentos
encuadre rectángulo en el iris
colores al rojo clic
Un giro a la derecha el brazo
inmóvil no puedo enfocar tus deseos
dibújate un poco clic
El pudor abotonado sobre las gotas
clic calor de zig-zag
lente obturador vestido
de luz intensiva

Emilio Hernández


Estatuas
a Pasos
Ellos, al atrapar miradas, abren sus manos
al súbito oleaje
que lejos, oscila persiguiendo
las mismas sombras, los mismos matices
Allí se retorcían, rondando su pálida canción
deslizándose el agua y la roca
con oscuros pensamientos de guerra
lustrando como fuego, el mar de rostros
Siempre hemos rozado el viento
siempre hemos silbado la arcilla
juntos erosionamos día y noche
rasgando cercenando
desprendiéndonos al sol
Precoces sagaces

En la superficie
sonamos tambores impacientes, temblorosos barrancos
Mas el fuerte huracán sacude los cimientos

Henry Vicente


Círculos nocturnos
Hay un leñador oculto
en cada hombre
un filo astillando
los recuerdos
como si en las zonas
desterradas de nuestro tiempo
sólo hubiera hojarascas
crepitando sueños
hay un hacha que pende
en cada tronco
en la sombra vertical de la memoria
una daga que parte
y vuela lejos
sin dejar nidos
que acusen la madera

Arturo Gutiérrez


Los oficiantes
Diariamente inventamos un rito
que sostenga nuestra casa
Dibujamos un rostro en las paredes
construimos altares
sobre las húmedas sábanas
encendiendo velas
como hogueras temblorosas
Haciendo de tu cuerpo
y de mi cuerpo
estatuillas de barro
ofrendadas a la noche

Arturo Gutiérrez


Si llegas a la tierra árida
en la que ni los nombres tienen asidero
donde un viento constante
arranca de cuajo las mínimas raíces
y el espacio
se niega a sí mismo
en su vastísima extensión
Si llegas
trata de permanecer
Vuélvete arena o luz o viento
inténtalo hasta hallar tu límite
luego regresa
deslízate de nuevo
hasta tu sitio entre los simulacros
y aúlla aúlla
largamente en sus oídos

Eduardo castellanos


Refugio provisorio
(Selección)
a Elba

I
Transfórmate en un canto
Reclínate sonora
contra el día
Llena este espacio que espera por ti
Atiende a la voz que te dibuja
al ras de las piedras
en este muelle
donde diariamente nacen barcos
que se alejan
con rumbo a los países más antiguos
donde los pájaros son tristes
hasta la transparencia
y sus gritos conservan las formas de regiones ocultas
Atiende a la voz que agita tus fragmentos
hasta hacerlos visibles
(Remolinos
grávidos de luz)
Reconócete en los signos de esta tierra
que nunca visitaste

Eduardo Castellanos


El sillón preferido

Klam supuso que había llegado el momento oportuno. Desde hace varias semanas había estado recorriendo innumerables papelerías. Ya tenía en su poder el objeto tan deseado. Se dispuso a desnudarse y al finalizar se contempló largamente por última vez. Inició su insólito juego frotando el dispositivo celeste en el dedo pulgar de su pie. La sorpresa y el asombro invadieron su cuerpo. Continuó con el resto del pie y luego con la pierna. Una gran sed se apoderó de él, pero ya era demasiado tarde -a menos que alcanzara la cocina saltando sobre su miembro restante-. Continuó observando, fascinado, cómo el acto de frotar lo metamorfoseaba otorgándole una nueva naturaleza, su anhelada condición.

Al día siguiente, la señora encargada de la limpieza se desmayó desplomándose en la alfombra, al encontrar, sobre el sillón preferido de Klam, una mano aferrada a un borrador celeste.
Franco Nori

Última espera

Hoy vendrás. A buscar tus últimas cosas. Será una tarde desteñida con olor a rincón y humedad. Demoraré en abrirte la puerta, para que no sospeches que te esperaba. Te ofreceré una taza de un café que no tendré preparado, y que tú no aceptarás por miedo a quedarte demasiado tiempo. Luego fingiré no recordar lo que has venido a buscar, y tú irás nombrando, no sin cierto embarazo, el paraguas anaranjado, la antología poética de Lorca, las dos copas de vino, la almohada pequeña. Cuando olvides mencionar la blusa celeste, te la recordaré con actuada sorpresa. Tendrás el rostro limpio, sin maquillaje. Vestirás cualquier jean viejo, que no signifique demasiado. Hablarás despacio y fuerte. Evitarás mirar mis ojos, que no dejarán de seguirte. No te sentarás, pedirás una bolsa para las cosas y marcharás, después de un abrazo insuficiente. Y yo me sentaré donde estoy ahora, al lado de la puerta; un lápiz entre mis manos, una blusa celeste bajo mis narices.

Renny Badra

Jinete
Olor a celo relinchos toda esta savia
Pegaso de espaldas piernas ganas
Cométeme en tu vuelo a ras de alcoba
Quiero a galope tendido
a fuerza de tierra y agua
Urdirle a Eurídice una farsa
Y de templo en templo decapitarla
A horcajadas descanso
jinete nocturno sobre tu vientre
Tras todo este invento de plumas y crines
Regreso
la misma piel
el olor de siempre
una sola sombra

Anna María Zía


Puerta cruzada a tablas
Púdrete más sin más esmalte que te adorne
puerta cruzada a tablas
techo arado a nudo de agujeros
madera hinchada y seca
Ilíate al trompo del espacio
y asume la edad que te anuda a mis infancias
Veo lunas y trigos
tantos inviernos disueltos en la lluvia
memorias que acuden a tumbos y atosigan
Y siempre tú
tiempo en mi tiempo
huella incrustada en el suelo
Muestra prontas tus garras y apártate aún
a puro polvo y lluvia y sol y polvo

Rosa Marta Ramos


Olvido
Jinete que soy
He llevado muchas cosas al olvido
En qué lugar tu voz
Dónde
dónde he perdido yo mi forma aguda
Si una luz diera vuelta si un rayo
quebrara
en mi cuarto
este silencio

Sonia González


Hueco
Mi hueco en la mano donde cabes
y aquí yo removiendo
sacando
la cal de las paredes
Siento que llegas
Una puerta se abre Una pierna
pero no hay nada en paz
No es todo tan cierto y me enderezo
me cuelo en tus ojos
Degenero

Sonia González

 

Las torres de Hanoi

Inmóvil, a punto de ser capturada, se levanta majestuosa la torre ante el fiel corcel negro, enviado por la reina para rescatara su hija, prisionera en aquella muralla circular de piedra maciza, que termina ochenta metros más arriba en un lugar de observación, de refugio o quizá de encierro perpetuo para la inocente princesa.

Trotando sin cesar se dispone el corcel a entrar en la fortaleza, siempre el ataque es en forma de L. Sin embargo, algo parece no estar bien, porque la princesa le ha gritado desde arriba que se ha salido de curso, que se dirige hacia el desastre. Pero él no puede escuchar nada hasta que se ha acercado lo suficiente como para sentir la embestida contra la montaña. Las piezas del avión han quedado distribuidas por todas partes, se hace imposible diferenciar a un cuerpo del otro, la caja negra revelará la verdad, y peones caballos alfiles y hasta reyes y reinas se encuentran dispersos, muy alejados del tablero de cuadros negros y blancos, mientras una princesa llora desde una torre de plástico.

Reinaldo Gabay

Por el jardín, por los senderos, por las bifurcaciones

Son cinco las manos que me empujaron al árbol de las esquinas turbias golondrinas. Fueron cinco los nombres que me quitaron para robarme la esencia de mi verbo dúctil. Aún hoy camino por los laberínticos pasillos de este jardín buscando la entrada al mundo de lo imposible mas no la encuentro, porque ya no hay lugar para profetas en el centro del universo.

Nací como quien entierra un dedo en el fango y descubre hierbas y lombrices; mis cinco padres me arrojaron a la espalda de un avestruz esperando que retoñaran raíces de color morado, tubérculos hediondos a mostaza y a soya sucia envenenada por el miedo. Mí cuerpo creció pronto a la espera de ese lugar común que es la ausencia de la fertilidad; recorrí países lejanos aprendiendo el perdón y la vergüenza con mis hermanos de sangre y cielo, vestigios sacramentales.

Durante siglos protegí mi verbo de la mesura; traté en vano de sobrevivirlo con la insensatez de una vida llena de arañas, espejos y tigres, pero hoy siento como se extingue: un rinoceronte absurdo que en su agonía le arroja pedacitos negros de vida al viento. Fueron cinco los golpes que recibí en la espalda por no querer forzar el camino de la gravedad. Son cinco los círculos que recorro con el dolor de mi cuerpo durante cinco eternidades que sólo caben en estas manos.

Francisco Anzola


Universalia nº 6 Ene-Abr 1992








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