El tatuaje: una modificación permanente

La palabra tatuar procede del inglés tattoo, voz tomada de la antigua lengua de la isla de Tahití, costumbre ésta muy extendida entre los pueblos de Asia, África y Oceanía. Desde hace una década han proliferado en Venezuela las personas que gustan de llevar tatuajes, al punto que es común hallar en cada gran centro comercial, locales dedicados a esta práctica.

Sus primitivos orígenes son esencialmente mágico-religiosos, aunque algunas razas lo usen como adorno, como decoración del cuerpo. La modificación corporal es tan antigua como el hombre, y hasta considerada por muchos como un arte. La forma moderna de tatuar es mediante pinchazos efectuados con una herramienta eléctrica en forma de "lápiz" que perfora a cierta profundidad, introduciendo los diferentes pigmentos a la par que se dibuja el diseño seleccionado. Estos instrumentos pueden pinchar la piel a una velocidad de 2500 veces por minuto, causando un dolor nada desdeñable. Mientras cicatriza, hay que lavar la herida y aplicar desinfectante varias veces al día y protegerla del sol por unos tres meses. En nuestro país, hacerse un tatuaje supera los veinticinco mil bolívares, llegando a alcanzar el medio millón cuando son diseños muy elaborados; las mujeres se tatúan más que los hombres y los lugares preferidos son la parte baja de la espalda, por ellas, y la parte alta de la espalda y brazos, por ellos.

Los tatuajes no se pueden poner y quitar, son permanentes. Al presente se logran eliminar mediante rayos láser, que a su vez dejan otra forma de tatuaje, la cicatriz. No se puede ignorar que el hombre ha sentido siempre, por un motivo u otro, la imperiosa necesidad de cambiar su cuerpo; la cosmética actual es un ejemplo de ello: perforaciones en los lóbulos de las orejas, la cirugía facial, los implantes de cabello, la liposucción, las hormonas y tantas otras formas de modificación corporal socialmente aceptadas.

Consultamos a Daniel Medvedov, profesor de simbología, su opinión acerca del tema, y comentó que "el adorno es una manera de agregar elementos inútiles, considerados como protectores, sobre el cuerpo, desde colgar zarcillos y collares hasta intervenir de manera devastadora en el espacio sagrado que representa la superficie de la piel. Antiguamente, los tatuajes se utilizaban para que el sujeto sea visible en el mundo invisible, es decir tener una presencia 'gráfica' en el mundo de los espectros ultravioleta o infrarrojo. El tatuaje se podía vislumbrar por los animales, durante la noche y por ello, los guerreros y los cazadores acostumbraban practicarse grafismos sobre el cuerpo. En realidad, el tatuaje en el mundo moderno es indicio de necedad, debido a la total ignorancia, tanto de los que lo practican como de los que lo llevan encima. Nuestro cuerpo no necesita de ningún tatuaje: tiene bastante protección con la existencia de los dientes, de la mirada, del cabello, de las uñas y de la mano misma.

Perder confianza en sus propias armas invisibles es comenzar a solicitar la ayuda de adminículos y pegostes que nada pueden hacer en momentos de real peligro. La decisión de practicarse un tatuaje es circunstancial y pasajera: luego de un tiempo, el sujeto se fastidia del dibujo y desea cambiarlo por otro. La madurez del Ser solicita una seriedad somática y vestimentaria que se caracteriza por su sencillez de los gestos y la simplicidad de los elementos que se eligen para abrigar al cuerpo. El cuerpo humano proyecta en el mundo invisible una cantidad de luces y colores insospechables. Por lo tanto, no necesita de tatuajes y adornos sino de la energía, la potencia natural que abriga y rodea al individuo con un halo de brillos desconocidos.

Considerando todo ello, lo que se le solicita a los jóvenes que desean hacerse tatuajes, sería un estudio detenido y serio de las necesidades reales del Ser. Hasta tanto no comprendamos a cabalidad la naturaleza del Ser, no seremos capaces de comportarnos como auténticos individuos cósmicos. La extravagancia es bienvenida en días de carnaval pero al terminarse la fiesta, las máscaras y los vestidos de colores se dejan de lado y, de nuevo, comienza el desafío de la vida diaria. No es que deba olvidarse el juego: el humor y la risa no están reñidos con la sobriedad interior. Madurez, claridad, despertar - estas son los tres requisitos del buscador. Tanto los hombres como las mujeres deberían respetar su cuerpo, la catedral de la vida, el estadio de la existencia.

Hay muchos amuletos naturales en el cuerpo humano: hay que estudiarlos, investigar su presencia secreta y dejar de adornarse inútilmente con tatuajes. La presencia de un tatuaje en el cuerpo quita luz y energía y lo catapulta a uno en la turba de la gente ordinaria que desea ser original con un dibujo pernicioso que supuestamente te hace diferente de los demás. Todo individuo que ostenta tatuaje ha sido víctima de su propia inmadurez y la presencia de un signo o de una imagen invadiendo su espacio dérmico lo debilita y rebaja al plano de los inmaduros. Es posible que un día, el que tiene tatuajes, despierte: por ello no es fácil determinar su estado existencial. Guardémonos de analizar y criticar a los tatuados: ya no hay nada que hacer. Lo que se debe hacer es advertirles a los que aun no se han embadurnado con dibujos de mal gusto, con signos que desconocen o con imágenes que no sólo pueden ser cursi, pueden ser también pavosas, es decir desagradables y dañinas. Mientras tanto, todo tatuaje es kitsch, es decir posee la estética de lo burdo y no sirve para nada. Hay también tatuajes intelectuales que son aun más peligrosos".

¿Qué motiva a una persona a tatuar su piel? ¿Para asegurarse una entidad personal o de grupo? ¿Para expresar sentimientos ideológicos o amorosos? ¿Como incentivo sexual? Participa de este debate y envía tu opinión como joven estudiante, para ser publicada, a universalia@usb.ve


Universalia nº 16 Ene-Abr 2002












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