| El
tatuaje: un grito de ayuda
Beatriz Cavanerio
Pienso que quien se tatúa está inconforme, no sólo
con su cuerpo sino consigo mismo. El buscar algo que lo haga parecer
diferente no lo llevará a sentirse mejor, es más tendrá
que pasar muchos días para él mismo acostumbrarse
a esa cosa nueva en su cuerpo y que sea aceptado por su grupo familiar
y social. Es un experimentar, un medir hasta dónde soy aceptado
o rechazado por mi entorno, por lo que soy, aunque tenga un tatuaje
y otro, y otro. Es un constante medir, sin terminar, la inconformidad
en pleno, en una forma de decirle al mundo rebeldemente ¡me
tienen que aceptar así!, pero en el fondo de su ser sólo
lo que hay es una gran inconformidad que necesita ser reforzada
con alguien que le diga ¡HOOO QUE BELLO TU TATUAJE!
En realidad es al tatuaje al que están diciendo bello y no
a él, por eso sigue el vacío interminable. O, sino
es el familiar que le reprocha por habérselo hecho; es decir,
lo toman en cuenta pero para recriminarle y entonces siente el rechazo.
El problema no es el tatuaje, el problema es la persona que nunca
estará conforme, se lo haga o no se haga. El tatuaje fue
la forma que consiguió para manifestar su inconformidad consigo
mismo, es un grito de ayuda que no puede manifestar con palabras.
|