| Sectas:
¿otra droga posible? II
(¿Hasta dónde puede llegar
un líder?)
Otto Aristeguieta*
En la edición anterior de Universalia, revisábamos
la naturaleza de las sectas, sus peligros potenciales, sus características
y la relación de dependencia que muchas veces se establece
entre sus miembros con respecto al grupo y que no es precisamente
deseable.
Ahora bien, esta dependencia está ligada, sin duda, a la
figura de quienes conducen los destinos de la secta: los líderes.
Para los seguidores, el líder representa la salvación,
el maestro, el guía, su pastor y su luz. Significa protección,
seguridad, paz interior. La tranquilidad de sentirse en manos seguras
y, sobre todo, de no necesitar responsabilizarse de sí mismo.
El peligro en las sectas puede provenir del mismo líder y
del respaldo irrestricto que le dan sus seguidores. Mientras más
veneración recibe de los integrantes del grupo más
aumenta el halo de carisma y, con ello, el magnetismo y el poder
con que arrastra prosélitos, retiene a los adeptos y ejerce
gran atracción sobre los posibles simpatizantes. Sin los
seguidores el líder es una persona común. Los seguidores
pueden llegar a entregar todo a su líder, lo que sea, desde
su cartera hasta su confianza; desde su cuerpo hasta su pensamiento
y su espíritu. Bajo estas circunstancias no resulta nada
extraño que los seguidores acepten de buen agrado encerrarse
a vivir grupalmente, siempre que sea a la vera del líder
y en estrecha comunión con sus enseñanzas.
Al estar así “enganchado”, el seguidor no piensa
ni cuestiona nada. Sólo tiene ojos y sentidos para la doctrina
del líder, cuya aura de plenitud ejerce una profunda atracción
en los seguidores, dispuestos siempre a obedecer incondicionalmente.
El seguidor se engancha a la secta como un heroinómano se
engancha a la droga. Igual al adicto que, para conseguir la heroína,
está dispuesto a renunciar a todo, venderse y sacrificar
hasta el último vestigio de su salud y dignidad personales,
también el adepto fanatizado puede llegar a cualquier cosa,
no le importa humillarse, pedir, robar, denigrar de sí mismo,
prostituirse o, si no le queda más remedio, matar y hasta
suicidarse para no perder el aprecio y aceptación de su maestro
para que le libere de sus ataduras terrenales.
El líder se presenta como un ser ultraespiritual, un pastor,
clérigo o terapeuta, un gurú. Su magnética
y carismática personalidad deja entrever presumibles conexiones
con poderes paranormales determinantes del orden cósmico
fundamental. Valga la redundancia, tiene cualidades especiales de
liderazgo entre las cuales encontramos la capacidad de ganar seguidores
inspirando en los demás admiración o temor sin disponer
de argumentos o razonamientos válidos que lo respalden. En
muchos casos el líder comienza dando a conocer su propio
proceso de iluminación. declara que ha viajado en naves espaciales,
ha visitado Ganímedes y otras galaxias, que ha visto o ha
hablado con Dios, que ha tenido revelaciones y milagrosamente fue
recuperado de una enfermedad terminal, que fue elegido para difundir
la doctrina y realizar su misión salvadora, que su vida tiene
una misión especial y es portador de un mensaje divino. Se
presenta como portador de ideas místicas únicas, como
excepcional intérprete de las Escrituras, como un canal mediador
de seres superiores o destacados voceros de alguna flosofía
o religión oriental. Se le considera dotado de conocimientos
y poderes especiales que lo confirman como reencarnación
de alguna divinidad o personaje famoso, como un profeta e incluso
como el mismo Mesías. Si es un líder laico, puede
atribuirse excepcionales dotes de terapeuta calificado, un superterapeuta
con ideas únicas. autor y creador de infalibles ciencias
de la mente. Mientras más disparatadas sus pretensiones,
mayores son las probabilidades de que la organización no
merezca ninguna confianza.
Con respecto esta figura cabe preguntarse: ¿se trata de un
farsante plenamente consciente de su propia falsedad o se trata
de un enfermo mental con un contagioso sistema delirante? Sea cual
sea el caso, ¿dónde radica su magia, su encanto, su
atracción? En muchos casos ha sido demostrado que el líder
no es más que un farsante con tendencias dominadoras y ansias
de poder, un psicópata que, a plena conciencia, explota la
buena fe de los adeptos para su propio beneficio. Puede ocurrir
también que el líder esté realmente convencido
de ser un iluminado, de tener poderes especiales y, en tal caso,
sería un psicótico tan trastornado como el enfermo
mental que imagina ser Napoleón. Una tercera alternativa
es que, asediado por las presiones y ataques que él mismo
ha provocado y desencadenado, el psicópata pueda pasajeramente
hacer crisis psicóticas agudas, a consecuencia de las cuales
lo más inesperado puede ocurrir.
La peligrosidad de la secta no proviene de la doctrina misma ni
de su contenido, mensaje, fines o aspiraciones. Depende del líder
y de los seguidores, entre quienes se establece una corriente que
en un vaivén circular se alimenta y retroalimenta irradiando
un intenso clima emocional. En sus comienzos, el líder carismático,
a pesar de ser una persona común y corriente, tal vez por
su manera de mostrar e interpretar la doctrina, encuentra un público
que le brinda una gratuita e inexplicable veneración, que
lo envuelve en un halo de misterio, lo arrastra en una espiral ascendente
de sobrecogida veneración y hasta llega a transformarlo en
un Dios todopoderoso. El líder, por su parte, no se queda
atrás: sigue la corriente en la dirección que esperan
sus seguidores. Reforzado por su propia ambición, acepta
los halagos y, de su propio coleto, sigue tejiendo el mito. De esa
manera, se va cargando de fuerza, aumenta su magia, encanto y magnetismo
hasta estar completamente convencido de sus especiales atributos.
Sin los seguidores, el líder es poca cosa: un hijo de vecino
cualquiera, una persona común. Este proceso ha sido descrito
y en general es válido para toda clase de liderazgo basado
solamente en el carisma y no en méritos legítimamente
alcanzados.
Las actividades de los seguidores de sectas destructivas están
centradas en la veneración a tales líderes, cuya inspiración
y autoridad se atribuye a divinidades del más allá.
E1 líder es incondicionalmente acatado por los adeptos, que
se dejan guiar por él en todos sus actos y decisiones. Así,
con respecto a los seguidores, cabría entonces preguntarse:
¿quiénes son carne de secta?
Tal vez encontremos una pista para entender las insólitas
atrocidades cometidas, a puertas cerradas, por algunos supuestos
"santones", así como la pasividad de sus incautos
seguidores, en la revisión de algunos ejemplos que ilustran
lo expuesto hasta este momento:
Muchos recordamos el suicidio colectivo que tuvo
lugar en noviembre de 1978 en Jonestown, en el asentamiento rural
de la secta evangélica "Templo del Pueblo", en
plena selva de Guyana. Bajo las órdenes de su líder,
el Reverendo Jim Jones, alrededor de novecientas personas procedentes
de California, perecieron cuando Jones les conminó a que
se suicidaran y obligó a que lo hicieran a aquellos que estaban
renuentes. El citado Reverendo tomó esa decisión a
pocas horas de la anunciada visita de senadores comisionados desde
Washington para investigar la secta por solicitud de algunos padres
cuyos hijos vivían como adeptos en la secta. De las actividades
delictivas del Reverendo Jones se tiene amplia evidencia aportada
por algunos pocos sobrevivientes. El Reverendo manejaba reservas
de variadas drogas, las consumía él mismo y las administraba
a sus seguidores. Existen varios estudios publicados de esta secta
y su insólito final, y la historia fue filmada en una película
comercial.
El 19 de abril de 1993 en la ciudad de Waco, Texas,
el Rancho del Apocalipsis, sede de los davidianos, fue arrasado
por las llamas con más de 80 personas dentro. La secta, rama
escindida de la Iglesia Adventista del Séptimo Día,
era liderada por David Koresh, de 33 años. Su verdadero nombre
era Vernon Wayne Howell. El incendio fue televisado en vivo ya que
la secta estaba bajo investigación y en ese momento el FBI
rodeaba el edificio. ¿Fue el incendio provocado por los davidianos
bajo las órdenes de Koresh o fue un accidente provocado por
la policía que desde tanques blindados intentaba introducir
gas lacrimógeno para el desalojo del edificio? Ambas versiones
han sido analizadas; pero la de más peso es la que sostiene
que Koresh era un psicópata que. en esos momentos tenía
una crisis psicótica disparada por la gran tensión
vivida en los dos últimos meses. Durante toda su vida, Koresh
exhibió una gran versatilidad delictiva: desde la adolescencia
tuvo trastornos de conducta, abandonó en segundo año
los estudios de secundaria, estuvo arrestado por intento de asesinato
y acumuló armas ilegales. En su tarjeta de visita tenía
impresa la palabra "Mesías" y con frecuencia afirmaba:
"Si la Biblia es verdad, entonces yo soy Cristo". En la
secta, con sus seguidores, utilizaba conocidas técnicas de
reforma del pensamiento. abusaba sexualmente de las esposas de sus
colaboradores más leales y también de los adultos
y sus niños sin importar edad ni sexo. Infligía a
todos crueles castigos y gobernó en la secta por el terror.
a su capricho y antojo.
Según información de ANSA ampliamente
publicitada por la prensa y televisión mundiales, la gurú
alemana Fittzhau Garthe convenció a 30 compatriotas y a un
español. adeptos de la secta Templo Solar, para que el día
8 de enero de 1998 a las 20 horas. se suicidaran colectivamente
en la cima del Teide, conocido volcán en Tenerife, Canarias.
Allí sus cuerpos serían recogidos por una nave espacial
para ser llevados a la isla Reino de los Beatos, donde se les devolvería
la vida. Los adeptos fanáticos estaban convencidos de ser
los únicos elegidos para salvarse después del fin
del mundo. La gurú Garthe no estaría entre ellos por
no estar entre los felices escogidos. En Alemania los adeptos se
habían despedido de sus familiares en forma extraña
y, por documentos registrados, habían vendido (traspasado)
sus propiedades a la Sra. Garthe, quien negando todos estos hechos
y con la mirada perdida pudo ser vista mundialmente en los noticieros
de la TV española.
Tales noticias recuerdan el suicidio colectivo
que en marzo de 1997 ocurrió en San Diego, California, cuando
numerosos miembros de la secta Puerta del Cielo se suicidaron para
poder subir al último platillo volante que viajaba con el
cometa Halley. El 5 de octubre de 1994, en Suiza, se quitaron la
vida 48 personas y, poco después, al menos cinco más
murieron en análogas condiciones en Canadá; el 27
de diciembre de 1995 se suicidaron 17 en Francia. Todos pertenecían
a la secta Templo Solar.
(*) El Prof. Otto Aristeguieta (Departamento de Ciencia y Tecnología
del Comportamiento) es médico psiquiatra y dicta el curso
de Estudios Generales Rechazo y desviación social
(CCG-414). El texto aquí transcrito es un extracto de su
volumen Discrepancias sobre comunidades terapéuticas,
adicciones y recuperación.
Universalia
nº 21 Ene-Abr 2004
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