![]() |
|
|
|
|
|
|||||
El bien, el mal y la libertad
entre ellos En las páginas siguientes discutiré dos películas que, a pesar de haber sido filmadas en tiempos y ambientes distintos, coinciden en emprender el mismo tema. Otras similitudes no son inmediatamente evidentes, pero esta disertación las aclarará un poco. Concentro el análisis principalmente en los protagonistas, que suelen ser el centro de atención (y por ende el aspecto mejor construido) en toda película. "Quills" trata sobre los últimos tiempos de la vida del Marqués de Sade, un personaje de la era napoleónica que escribía novelas eróticas. Condenado por un crimen que hoy sería calificado "sádico", fue sentenciado a un manicomio para salvarlo de la prisión o la guillotina, gracias a la influencia de su esposa. En reclusión, publicaba sus novelas clandestinamente hasta que Napoleón se entera de ello y manda a un reconocido médico a que tome control del manicomio para que lo "sane". La película narra el tratamiento del Marqués, su rebeldía contra éste y su muerte. "A Clockwork Orange" relata la historia de Alex, un joven de clase media en tiempos modernos (alrededor de 1970) y con una afición por Beethoven. Alex y sus amigos tienen como diversión la "Ultra-violencia" (1) (Ultra-Violence): ataques sobre personas indefensas, particularmente a mujeres que son agredidas sexualmente ("the old in-out, in-out"). Alex es atrapado por la ley y condenado a prisión. Ahí, se hace voluntario para ser el conejillo de indias en un "revolucionario" tratamiento rehabilitante propuesto por el partido político de turno. La recompensa del tratamiento es ser liberado inmediatamente después del mismo, en cuestión de días. El procedimiento, altamente traumático, inhibe al personaje de hacer mal a través de un método que establece sugerencias sicosomáticas desagradables relacionadas con la violencia y el sexo. Liberado, regresa a su hogar para encontrar que fue desheredado. Le ocurre una serie de desventuras, entre ellas, caer en manos de una antigua víctima y ser torturado de nuevo. En su desesperación, intenta suicidarse, sin éxito. La película culmina en el hospital, donde el líder del partido antes mencionado intenta salvar su reputación al cuidar del joven. El último pensamiento de Alex "Estaba curado, oh si" ("I was cured, allright") nos revela que el efecto del tratamiento no fue permanente, o acaso la extrema maldad con que es recibido por la sociedad revierte el proceso y la causa de una ilusoria bondad. Como puede apreciarse, ambas películas abordan el tema del mal vinculado a actos violentos y perversiones. El Marqués sufre una metamorfosis en su perversión, transforma sus actos en textos que canalizan su perversión y seducen a su público. Pero luego tratan también de reprimir este impulso, aunque sin éxito, pues éste frustra los intentos de sus "terapeutas" y mantiene sus hábitos hasta la muerte. Alex también sufre una metamorfosis, aunque muy distinta. Su deseo de hacer el mal es reprimido por un tratamiento que le causa malestar con tan sólo pensarlo. Sin embargo, la maldad del joven es rápidamente recuperada, pues la sociedad que lo cura posteriormente lo enferma. En estos personajes se plantea una paradoja: ¿Cómo una institución (en ambos casos médica, vale notar) del "bien" actúa con mecanismos tan afines al mal? Todo esto me lleva a destacar otra similitud. Para ambos personajes, los cambios en sus hábitos son impuestos por otros. En el caso de Alex son muchos los que lo imponen: la Ley y el Partido Político en primer lugar; sus padres y el Escritor (la antigua víctima), en segundo. Todos ellos actuando acorde a un "bien" social. Para el Marqués, los cambios vienen por orden de Napoleón y son aplicados por el Doctor Royer-Collard. Me pregunto si esa no fue la causa de que ambos personajes fueran tan obstinados en su actitud: no hubo en ellos un verdadero acto de contrición. El cambio fue impuesto con violencia, no fue el producto de una reflexión o convicción propia lo que produjo este cambio. Aquí se observa otra paradoja extraordinaria, los protagonistas de estas películas no resultan ser los más malvados en ellas. En "A Clockwork Orange", el mal se hace epítome de la ideología de un partido político y de los tratamientos inducidos, que actúan todos sobre Alex. En "Quills", el Marqués sufre el "mal" a manos del Doctor, quien es tan pervertido como él, pero su poder e hipocresía ocultan y hasta legitimizan sus acciones. Así, los protagonistas representan un mal caótico, pero muy humano: Surge de ellos con naturalidad. Al contrario, el mal de sus antagonistas institucionales es un mal frío, calculado. Un mal sin sombras o grises, implacable, inhumano. Llama a la atención que los protagonistas presentan trazas de gentileza que no pueden ser otra cosa que "bondad". Alex es fanático de la música, especialmente de Beethoven, a quien califica como "glorioso", "...alegría y Cielo. Era belleza y bellezura (georgeousness and georgeosity) hechos carne."... El respeto por el arte musical de Beethoven es puro y completamente carente de maldad. Esta opinión se refleja en la escena en que le aplican el Tratamiento a Alex con la 9ª Sinfonía (su preferida) de fondo: "No es justo (el uso de Beethoven). El sólo escribía música. No le hizo daño a nadie. (...) No es justo que yo me sienta enfermo mientras escucho al adorable, adorable, adorable Ludwig Van". Luego, para defender su adoración, hasta expresa un sentimiento de arrepentimiento. Así de extremo era el amor y respeto por la música, y así se demuestra la inhumanidad con que la Institución ejerce su poder. Desgraciadamente para Alex, los médicos no deciden cambiar el fondo musical al tratamiento y él fue despojado de su único amor en la vida. El Marqués de Sade siente una genuina atracción por la joven Abby, quien ayuda a limpiar el manicomio y es su cómplice en el contrabando de los manuscritos. Aquí no se evidencia en él un simple deseo pervertido. Al igual que para Alex, la muerte de Abby (de la cual él es indirectamente responsable) le quita su único afecto. Estos infortunios tienen el efecto de reforzar el mal en los dos personajes. Estas películas, discuten un problema fundamental: la capacidad de decidir entre el bien y el mal. Lo importante no es el hecho de que los personajes puedan hacer el bien, sino que deciden por su propia elección cumplir el mal. Tienen la libertad y la conciencia de hacerlo. Tal vez este sea un significado del nombre "A Clockwork Orange". Una maquina de mal o de bien actúa automáticamente. Alex es una Naranja Mecánica, para el bien como para el mal. Antes del tratamiento era maligno. Pero aún así tenía cierta libertad moral para escoger el mal. Como Naranja tenía, al menos, una "falla" en su mecanismo: Beethoven. Luego del condicionamiento, se volvió una Naranja Mecánica volcada al bien. ¿Dónde queda en él el libre albedrío, la conciencia y la elección? En contraste, el Marqués de Sade no tiene nada de mecánico en su maldad. Es una maldad escogida y reafirmada minuto a minuto, conscientemente; una maldad más gris, menos definida, pero obstinadamente reafirmada en cara de una posible redención. "A Clockwork Orange" trata ambos focos de la moralidad y con un gradiente de mínima libertad moral a ninguna. "Quills" merodea constantemente en la zona gris de la libertad moral. (1) Las referencias al guión de la película
"A Clockwork Orange" provienen de http://www.clockworkorange.com/script.asp Universalia nº 16 Ene-Abr
2002
|
|||||
| Universidad Simón Bolívar. Dirección de Servicios Multimedia |