La Libertad, el Mal y el Olvido
Gisselle Perdomo

Estudiante de Biología

"Me destruyes... eres bueno para mí... defórmame hasta el punto de la fealdad". Es esto lo que pide Never en Hiroshima, Mon Amour, un film basado en una novela de Marguerite Duras (1959). Es esto lo que hace el personaje Tyler Durden a su compañero en Club de la Pelea, impelido por la necesidad de destruir algo hermoso. Algo semejante hace Calígula al torturar y matar a sus súbditos en la versión teatral de Albert Camus. ¿El mal se presenta como un castigo o como un premio? ¿O quizás ambas a la vez? Es una cuestión de "querer lo que no se quiere y no querer lo que se quiere" como dice Sartre; es una cuestión de "hacer expresamente lo contrario de aquello que se continúa considerando el Bien".

Eichman, Fausto, Never, Tyler, Calígula ... todos se entregan al mal como solución a la desgracia. Esto no resulta difícil de entender, o por lo menos no resulta excepcional. Sin embargo lo que sí resulta peculiar es la implicación de que lo que da pie al mal es la injusticia y el desamparo que emanan de la sociedad.

En el Club de la Pelea, la desgracia de Tyler es que su "hogar es un archivador para viudas y jóvenes profesionales"; que su "refrigerador está lleno de condimentos pero no tiene comida"; y que su trabajo consiste en "aplicar una fórmula" que reduce a probabilidades las tragedias causadas por la compañía para la cual trabaja. La desgracia de Calígula y Never es el horror de darse cuenta de que no se puede luchar contra el olvido y de que nada perdura; ilusión que con esmero es alimentada por la sociedad. "Suele creerse - dice Calígula - que un hombre sufre porque la persona a quien amaba muere un día. Pero su verdadero sufrimiento es menos fútil: es advertir que tampoco la pena dura".

Por otra parte, "perder toda esperanza es libertad" nos explica Tyler. "Solo cuando perdemos todo es que somos libres de hacer lo que queremos" dice. Sin embargo esto no parece ser posible sin una división profunda del ser. Por tal razón se observa el surgimiento de una personalidad alterna que ejerce el mal con una libertad que es a la vez sublime y limitada. Sublime porque las nuevas personas son libres de sí mismas, de su propia conciencia, de su propia humanidad; son libres como Adán y Eva en el Paraíso debido a que el mal no es percibido como tal. Pero a la vez esta libertad tan amplia es sólo aparente; en realidad se encuentra limitada debido a que se ejerce con una finalidad. Aquí termina la similitud con los personajes bíblicos. Adán y Eva son libres plenamente por creación divina, ya que viven sin meta u objetivo preestablecido, mientras que en las nuevas personalidades de nuestros personajes, la libertad de conciencia es un requisito indispensable para cumplir el objetivo para el cual fueron creados: el de acabar con la desgracia a través del ejercicio del mal. De manera que ellos son libres de su conciencia pero no de su predestinación. Esta dualidad, que es producto de lo que podría llamarse una imposición de libertad, es expresada por Never así: "No sentía nada. Estaba demasiado ocupada sufriendo".

Son curiosas las similitudes entre las nuevas personalidades que aparecen en cada uno de nuestros personajes. Estas personas son dominantes, francas, astutas; perciben el mal como terapia para el dolor. Resalta sobre todo que tienen una meta muy clara de mejorar su sociedad a través de la destrucción. Esto parece respaldar la tesis de que la sociedad es la chispa que enciende el mal, que no es el individuo per se el responsable de esto.

Surge también en Tyler y Calígula un aparente convencimiento de que los Dioses no buscan el bienestar del hombre sino todo lo contrario. "Para igualarse a los Dioses sólo es necesario ser tan crueles como ellos" dice Calígula. Por su parte Tyler nos expone "¿Dios no nos ama? ¡Que así sea!". Se revela en ambos una necesidad desesperada de nivelación con Dios semejante a la de Fausto y de la que Sartre nos da una explicación interesante: "El sacerdote de las misas negras odia a Dios porque Él es amable, se burla de Él porque es respetable; se empeña en negar el orden establecido pero al mismo tiempo confirma este orden y lo reafirma más que nunca. Si dejara un instante de afirmarlo, su conciencia se volvería a poner de acuerdo consigo misma y el Mal de un sólo golpe se transformaría en Bien, y, soslayando todas las órdenes que no emanaran de sí mismo, emergería en la nada, sin Dios, sin excusas, con una responsabilidad total".

Con la aparición de la nueva personalidad queda de nuevo sin repuesta el dilema que logra plantear Boris Vian en su cuento "El Lobo-Hombre": ¿quién es en realidad la personalidad reprochable, la que sufre la desgracia original o la que es el fruto de ella? El mismo Tyler se plantea esa pregunta en la película como "¿Soy la pesadilla de Tyler o es él la mía?".

En fin, Hiroshima Mon Amour, Club de la Pelea y Calígula, creaciones tan distintas en casi todas sus dimensiones coinciden en que hacer el mal es el fruto de la imposición de una libertad desenfrenada que busca olvido para dar paz al alma desgraciada.


Universalia nº 16 Ene-Abr 2002













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