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Estereotipos sexuales femeninos
en la Serie de Harry Potter Desde comienzos del siglo XX resurgió con mucha fuerza el movimiento feminista, con especial auge en los años 60 y 70. A partir de ahí las relaciones entre hombres y mujeres han evolucionado hasta convertirse en lo que hoy tenemos, que sin ser una situación totalmente igualitaria, es considerablemente mejor que la anterior. Sin embargo, los estereotipos sexuales persisten muy dentro de cada uno de nosotros diciéndonos qué debemos hacer y cómo nos debemos comportar según nuestro sexo.
La obra de J.K. Rowling no está exenta de estas críticas. Sus personajes femeninos están fuertemente influenciados por los estereotipos sexuales básicos. A pesar de que muchos pensarán que esta obra presente una gran equilibrio entre mujeres y hombres, por la gran cantidad de personajes femeninos importantes que contiene, es precisamente esa gran cantidad de personajes femeninos lo que hace que la serie de Harry Potter pueda considerarse discriminatoria a la mujer. Haciendo a un lado la discusión de que si las novelas de Harry Potter son no sexistas, se puede sospechar que afianzan los estereotipos sexuales que hoy por hoy se posan sobre todos nosotros como códigos de comportamiento indicándonos qué es correcto y qué no, independientemente de lo que sintamos por dentro. El análisis de género de los personajes de la serie de Harry Potter permitirá tomar conciencia de los impactos y mensajes implícitos que puedan dejar en el lector en materia de conductas aceptadas socialmente, tanto para las niñas como para los niños. El Feminismo Vivimos en un mundo en el cual están muy diferenciados los roles sociales del hombre y la mujer. Por una serie de hechos históricos, hemos desarrollado una cultura patriarcal, es decir, centrada y dirigida por el hombre, donde la mujer existe pero a partir de que es diferente al hombre. Todo nuestro día a día, la forma en que estudiamos, la forma en que trabajamos y la forma en que actuamos en sociedad están fuertemente influenciados por la cultura del patriarcado, cuyos conceptos parten del estudio del hombre (masculino) y a partir del cual se define a la mujer en función de las diferencias biológicas, que luego se traducen en roles sociales o estereotipos determinados. El feminismo nace en el siglo XIX, en medio de todas las reformas sociales que surgieron en torno a la revolución industrial, como un movimiento sociocultural en busca de la igualdad entre el hombre y la mujer. Como todo movimiento social, el feminismo lucha por determinados objetivos que le son negados. " Aquello que niega al feminismo y, según el feminismo, a las mujeres en general, no son sólo determinadas personas sino algo mucho más amplio: un sistema, una cultura, una civilización, un orden económico, etc." (Mires 1996: 56). El patriarcado no sólo son determinados hombres
sino algo mucho más denso formado por aquellos elementos de la
realidad que se oponen a la liberación de la mujer en todos aquellos
puntos en los que, según el feminismo, no está liberada.
De este modo, el patriarcado no es una realidad localizable ni en un determinado
espacio ni en un determinado tiempo y, por eso, sus formas de existir
son múltiples. "Podría decirse que el patriarcado es
un poder que se expresa microfísicamente, anidado en diferentes
lugares, instituciones, personas, hábitos, culturas, e incluso,
al interior del alma de muchas mujeres. No sólo es un orden económico,
pero también lo es; no sólo es una cultura, pero también
lo es." (Mires 1994: 54). Es así como vemos que el patriarcado
forma parte fundamental de nuestra forma de ser, de nuestra vida, y quizás
por eso es tan difícil reconocer las desigualdades que existen
entre hombres y mujeres, y aceptar los cambios propuestos por las feministas
para alcanzar un mundo más igualitario para todos. La problemática del feminismo y las desigualdades entre hombres y mujeres nacen de que no nos damos cuenta de que, en realidad, las diferencias entre hombres y mujeres son las que se derivan de sus identidades de género, que no son para nada naturales sino que han sido construidas a través de la historia. De allí también que sea tan difícil reconocer estas desigualdades y su impacto real en el mundo de hoy tanto para mujeres como para hombres. Estereotipos Sexuales La cultura del patriarcado es inducida en nosotros desde el momento en que nacemos. Todos venimos al mundo de la misma manera, pero seremos criados y tratados de diferente forma según nuestro sexo. A hombres y mujeres se les asignan diferentes roles en la familia y en la sociedad, y se crean estrictos patrones que se deben seguir para ser individuos "correctos". Se observa que tradicionalmente tanto al hombre como a la mujer se le han asignado papeles muy bien delimitados, estableciendo una rígida y desigual división de los roles basada únicamente en la diferenciación sexual. Así encontramos cómo "a lo femenino se le atribuyen arbitrariamente caracteres psicológicos entre los cuales estarían: débil, emotiva, dependiente, despilfarradora, sumisa, educada, insincera y habladora" (CONAC 1992: 14). Por otra parte, "el hombre está asociado al liderazgo, la autoridad y la toma de decisiones" (CONAC 1992: 14). Estos estereotipos están inmersos en nuestra cultura y se nos imponen desde nuestro nacimiento, generando "códigos de comportamiento" tanto para mujeres como para hombres. En este sentido, Simone De Beauvoir, precursora del movimiento feminista del siglo XX, en su libro "El Segundo Sexo" afirma lo siguiente: "Ningún destino biológico, físico o económico defina la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; la civilización en conjunto es quien elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica como femenino" (De Beauvoir 1947: 13). Si bien la realidad de aquel entonces es diferente a la de comienzos del siglo XXI, porque la situación de la mujer ha mejorado significativamente y hoy en día se puede hablar de una igualdad bastante generalizada, persisten los estereotipos que determinan diferentes roles para cada sexo. Esta "chaqueta de fuerza" que se nos impone a todos pretende delimitar qué es apropiado para una mujer y qué es apropiado para un hombre, y se continúa asignando papeles diferentes a cada sexo. Todavía es común pensar que la mujer, aunque trabaje, es la principal responsable, por sobre el hombre, de la crianza de los hijos. Se mantienen como roles típicamente femeninos los relacionados con las labores del hogar, las profesiones de maestra, enfermera, psicólogo, etc. Todo aquello que tiene que ver con la sensibilidad, lo emotivo, la ayuda devota al prójimo, se continúa asignando al sexo femenino. De la misma forma, las profesiones meramente científicas, asociadas a un uso intensivo de la razón y la inteligencia, se siguen asociando a personajes masculinos, así como también las posiciones de liderazgo empresarial y político. El rompimiento de barreras de separación entre hombres y mujeres ha generado también la creación de nuevos estereotipos que marcan y afianzan diferencias recién creadas pero tan artificiales como las que Simone De Beauvoir denuncia. Las mujeres son totalmente aceptadas en los ámbitos laborales y escolares, pero en estos entornos ellas deben cumplir roles asociados a los antiguos estereotipos, relacionados con sensibilidad, orden, sumisión, mientras que los hombres también deben continuar plegándose a los patrones de lo que desde siempre ha sido definido como varonil: la fuerza de carácter, el liderazgo, la frialdad en las decisiones, la no-emotividad, por ejemplo. Uno de los mayores problemas de esta temática hoy por hoy, es que los estereotipos clásicos se han transformado y trasladado, paralelamente al desarrollo profesional de la mujer. No se ve ningún inconveniente con que las mujeres estudien o trabajen, lo que representa un gran paso en la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, sin embargo, se han definido roles específicos dentro de estos nuevos ámbitos a los que ahora pertenece. Al reflexionar sobre eso se genera la duda de que si en realidad hay mayor igualdad, o simplemente se ha disfrazado la discriminación hacia las mujeres. La situación es más grave aún, porque el sexismo de los estereotipos no sólo obliga a la mujer a comportarse de cierta forma, sino que también brinda patrones de lo que son las conductas correctas para los hombres. De esta forma, el patriarcado, aunque parece atacar directamente sólo a las mujeres, es discriminatorio para con los mismos hombres. Los Estereotipos en la Infancia y la Literatura Infantil Desde el nacimiento los niños son introducidos a los estereotipos y son criados según lo que estos definen. El simple hecho de que un recién nacido varón es clásicamente vestido de azul, mientras que la hembra debe vestirse de rosado, son ejemplos que parecen tontos pero que reflejan de forma clara hasta qué punto nos vemos obligados a seguir la reglas de la sociedad. A medida que el niño va creciendo va aprendiendo qué es correcto según su sexo. Los varones estarán muy acostumbrados a jugar con carros, barcos, pelotas, construir cosas, ensuciarse. Las niñas, por su parte, "deben" jugar con muñecas, estar muy bien arregladitas y siempre limpias. Hay pocos comportamientos que tradicionalmente despierten más orgullo en los padres que el juego de su niña con una muñeca, alegando que tiene un espíritu maternal muy desarrollado; pero si el caso es el de un niño jugando con una muñeca, lo padres se preocuparán por la orientación sexual de su hijo. Se acepta ampliamente que los hijos son responsabilidad conjunta de padres y madres, pero parece que el espíritu maternal en niñas es algo muy bueno que debe ser innato, mientras que en niños el espíritu paternal es algo que no debe existir normalmente. Del mismo modo, es muy correcto que un niño disfrute ensuciándose jugando fútbol, pero no se considera del todo normal que una niña decida jugar fútbol con sus compañeros de clase. Hay que aceptar sin embargo, que estos patrones se están rompiendo poco a poco y que cada día las barreras entre el comportamiento de niños y niñas van disminuyendo, pero surge de nuevo la duda de si estamos realmente aboliendo las diferencias o cambiándolas en función de nuevos patrones de comportamiento. Toda esa serie de reglas sociales van siendo aprendidas e internalizadas desde que uno es muy pequeño, en los juegos, en las relaciones con los padres, cuando se les dice que "los niños no lloran", haciéndoles reprimir sus sentimientos, pero sí se permite a las niñas expresar toda su emotividad, para darles luego el calificativo de emocionales y débiles. Esas conductas se ven fuertemente reforzadas por la literatura infantil. Los cuentos que destinados a la lectura de los niños son una factor clave de establecimiento de modelos de comportamiento, dan ejemplo a los niños de lo que es socialmente correcto. La situación en la literatura infantil es crítica. Partiendo del hecho de que en la gran mayoría de los libros el héroe es un hombre y de que la presencia de personajes femeninos en la trama es muy escasa e incluso irrelevante, hasta las conductas que le son asignadas a los personajes femeninos, son una muestra clara de la forma en que los estereotipos sexuales se presentan en los libros. Incluso cuando se ha llegado a hacer un esfuerzo por aumentar la importancia de los personajes femeninos en los libros, se les asignan tareas y comportamientos típicamente femeninos. "El vocabulario que acompaña a estos títulos (aptos para niñas y niños) es rico en significado: los varones "descifran y descubren", "aprenden y se entrenan" o "vencen" sobre alguien o alguna cosa. Las niñas "luchan", "superan las dificultades", "se sienten perdidas", "ayudan a resolver". Alguna "aprende a afrontar el mundo real" o realiza "una adaptación difícil" (...)" (Gianini 1973: 118). Esto es lo que concluye Elena Gianini en una investigación de las cuestiones del género en la literatura infantil norteamericana. Lo más grave, es que a pesar de los cambios que han ocurrido en las relaciones entre niños y niñas, la literatura infantil "se vuelve en la última en poder asumir la función de ruptura de esquemas convencionales y de proponer nuevos valores más ricos y variados" (Gianini 1973: 119). En los libros de texto de las escuelas, y los libros que los niños utilizan para aprender a leer, se suele mostrar a la familia clásica, formada por el padre que sale todos los días a trabajar y que al llegar a la casa se sienta descansar y leer el periódico merecidamente, mientras la madre, que ha estado todo el día haciendo las labores del hogar, lo atiende sumisa e incansable. Esta familia suele tener dos hijos, y el mayor, por supuesto, es el varón, que estudia y sale a jugar con sus amigos, mientras que su hermana, aunque también va al colegio, nunca es mostrada estudiando, aprendiendo, sino que ayuda a la mamá en las labores del hogar e incluso se encarga de cuidar al hermanito más pequeño. Es cierto que hoy en día pocas familias se parecen a ésa, pero los libros infantiles, según Elena Gianini, poco han cambiado y siguen reforzando los estereotipos femeninos y masculinos clásicos. " En los libros de texto para las escuelas primarias, la mujer que trabaja fuera de la casa, que goza de prestigio y tiene una responsabilidad es del todo desconocida, mientras es descrita exclusivamente una mujer-mamá masoquista que hace todo por amor y responde a desaires e insultos con una dulce sonrisa" (Gianini 1973: 122). Si bien Elena Gianini hace énfasis en los libros de texto escolares y los libros de aprendizaje de lectura, los estereotipos están presentes en todo tipo de literatura. En un análisis generalizados de los cuentos infantiles, Vladimir Propp pone indirectamente de manifiesto esta situación. Su libro "Las Raíces Históricas del Cuento" estudia todos los aspectos de la literatura infantil y, aunque no analiza explícitamente la variable género, refleja como los personajes femeninos suelen adaptarse a los estereotipos. En el capítulo dedicado a la mujer, llamado "la esposa", lo que ya tiene una fuerte connotación sexista, puesto que la mujer sólo es analizada en función de su relación con el hombre, Propp revisa el papel de la mujeres en los cuentos. Aunque acepta que en algunos casos existe la presencia de heroínas que rompen con las reglas sociales, esto es sólo mencionado, mientras que los aspectos de la mujer como ayudante del hombre, como víctima que será salvada por el héroe, o como premio que se entrega al héroe por haber vencido en su misión, son los que toman la atención del autor, precisamente porque ese tipo de personaje femenino es el que normalmente se encuentra en los libros; las amazonas y heroínas son simples excepciones en un mar de libros para niños. Estereotipos Femeninos en la Serie de Harry Potter Es imposible aislar los factores culturales en los que estamos inmersos a la hora de escribir y analizar un libro. La serie de Harry Potter es un producto de todo lo que sucede en nuestra sociedad y es imposible que esté exenta de la carga de estereotipos masculinos y femeninos que estamos acostumbrados a manejar. Los estereotipos forman parte de nuestro mundo real, en el que se basa el mundo posible que J.K. Rowling construye para Harry Potter. La serie tiene como protagonista a Harry, un niño que será el héroe a través de los siete libros de la serie, o por lo menos lo ha sido durante los primeros cuatro. Este hecho en sí, no supone mayor problema dado que en teoría un personaje masculino no tiene por qué representar discriminación contra las niñas, pero si es sexista el hecho de que se sigan los estereotipos al dar forma al personaje. Del mismo modo, parece positiva la inclusión de personajes femeninos de importancia en la trama, pero su efecto puede ser contrario si en ello se reflejan los roles de la mujer en la sociedad y en lugar de fomentar la igualdad entre mujeres y hombres, se afianza la internalización de sus diferencias por parte del lector. Para hacer un análisis de género más exhaustivo es conveniente estudiar por separado a cada uno de los personajes. Hermione vs. Harry y Ron: Los tres personajes principales de la serie, a pesar de formar parte y desarrollar todas sus actividades dentro del mundo mágico, reflejan el comportamiento de niños cualesquiera a finales del siglo XX. A pesar de que Hogwarts es una institución dedicada a la enseñanza formal de la magia, se pueden establecer paralelismos entre ella y cualquier colegio "muggle" de nuestra vida real. A estas similitudes no se escapan las conductas de sus alumnos y los que típicamente sucede en un salón de clase, que está fuertemente ligado a los estereotipos sexuales. Entre las principales características de Hermione está su inteligencia, superior a la de Harry y Ron, lo que hace pensar que existe un equilibrio entre los géneros puesto que se propone sin problemas que las niñas pueden ser más inteligentes que los hombres. Pero de la mano con esta inteligencia superior, está todo lo relacionado con que Hermione se convierte rápidamente en la "preferida de los profesores", la "sabelotodo", características que se toman como negativas dentro de la cultura escolar de hoy en día. Sobre los nuevos estereotipos en este sentido, William Pollack afirma: "Indeed the boys in my study reported, over and over again, how it was not cool to be too smart in class, for it could lead to being labeled a nerd, dork, wimp, of fag. As one boy put it, I'm not stupid enough to sit in the front row and act like some sort of teacher's pet." (Pollack 1998: 16) De esta forma se demuestra como el comportamiento de Hermione no invita a que niños y niñas se identifiquen con su personaje, más aun, dentro de los nuevos estereotipos de lo masculino se encuentra el no ser buen alumno. De hecho, los mismos niños están acostumbrados a que las niñas figuren como las más inteligentes de la clase porque eso es lo que ocurre en la vida real. Así, el que el personaje de Hermione represente la inteligencia no hace sino reforzar los nuevos estereotipos que dicen que las niñas deben ser buenas estudiantes, y además afianza el desprecio hacia el sexo femenino porque se le atribuyen características de "sabelotodo" y de "consentidas del profesor" que los niños detestan. En el mismo libro la describen como "bossy know-it-all", característica claramente negativa. Con respecto a la relación entre Harry, Ron y Hermione, se presenta un gran avance dentro de los modelos de relación niño-niña, los tres personajes son capaces de formar una verdadera amistad sin tomar en cuenta sus sexos, sin embargo, si se analizan los roles de Ron y Hermione como ayudantes del héroe (Harry), nos encontramos de nuevo con los estereotipos. Ron apoya siempre a Harry y no le importa romper reglas, es incondicional, pero sobre todo, aventurero, características clásicas de un hombre. Por otro lado, Hermione se comporta como la voz de la conciencia, recordándole a Harry y Ron lo que deben o no deben hacer, las reglas que no se deben romper. Esta actitud, aunque no tiene por qué ser negativa es un elemento más que no invita a que el lector se identifique con ese personaje; se tiende a pensar que la niña (Hermione) es aburrida y obstinada, mientras que los niños (Ron y Harry) son valientes, aventureros y divertidos. Pero de mayor importancia es el hecho de la decanonización que se trabaja en los libros. Romper reglas no es visto como algo negativo completamente, es más, para lograr vencer a Voldemort, Harry debe romper reglas en diversas ocasiones. De esta forma, desobedecer a la autoridad es parte del camino del héroe y por tanto algo positivo. Es este último punto el que descalifica al personaje de Hermione cuando pretende seguir las reglas al pie de la letra; si se plantea que la única forma de vencer es desacatando a la autoridad, el personaje femenino, a pesar de su inteligencia, nunca podría equipararse con el héroe y hasta podría entorpecer su misión. Hay que reconocer que a lo largo de la serie Hermione va entendiendo que las reglas no son tan importantes, pero nunca deja de recordarlas, ni siquiera en El Prisionero de Azkaban, cuando regresa en el tiempo con Harry. En esa escena ella es la que propicia el romper las reglas, porque sabe cómo hacerlo, sin embargo, durante la acción le recuerda a Harry: "We mustn't be seen!", intentando evitar la acción que salvaría a Harry de los Dementors. Por otra parte, a pesar de su inteligencia y de todos los hechizos que conoce, queda indefensa ante el peligro y sus amigos varones la deben rescatar. En La Cámara Secreta, cuando se encuentra frente a frente con el troll, "she sinks to the floor in fright ... her mouth open with terror". Como cualquier damisela de cuentos de hadas, Hermione depende totalmente de las acciones de Harry y Ron para poder ser salvada. Toda esta situación es resultado de que las emociones de Hermione interfieren con su raciocinio y le impiden actuar. Una vez más se ven retratados los estereotipos clásicos de la femineidad en el personaje. Ginny: La hermana de Ron y los gemelos Weasley, aunque no es uno de los personajes principales, juega un rol fundamental en La Cámara Secreta. La clásica debilidad femenina es la que permite a Tom Riddle fortalecerse y apropiarse de las acciones de Ginny. No está claro si hubiera sido posible que alguno de los niños de la escuela sirviera de herramienta para el mal tan fácilmente como Ginny. Puede que esta situación sea una coincidencia y probablemente J.K. Rowling nunca quiso discriminar a la mujer, pero como todos tenemos internalizado el hecho de que "las mujeres son débiles y emocionales" es mucho más verosímil que una niña sea "poseída" que si esto hubiera sido protagonizado por un niño; más aún, cuando el "instrumento de posesión" es un diario en el que la niña deposita sus emociones. Simplemente no estamos acostumbrados, ni consideramos adecuado, que los niños sean emocionales, y menos a que escriban sus sentimientos en un diario. Sin embargo, para contribuir con la verosimilitud de la historia se recalcan las diferencias entre niñas y niños, y se fomentan conductas sexistas, tanto para con las hembras, que deben ser débiles, como para con los varones, a quienes no se les acepta ni un poco de debilidad y emocionalidad. Prof. McGonagall: Pasando a los personajes adultos de la serie, se tiene entra las figuras principales a la subdirectora de Hogwarts, la Profesora McGonagall. Con ella se personaliza el bien de forma paralela a Albus Dumbledore. Es un personaje muy inteligente y justo, que inspira respeto y hasta admiración. Sin embargo, es una representación del bien totalmente apegada a las normas, ejerciendo una autoridad nada atractiva cuando se compara con la de Dumbledore, quien administra muy bien la justicia y la sabiduría hasta el punto en que entiende e implícitamente incita al rompimiento de las reglas. Dumbledore representa la flexibilidad de un padre con el que se puede dialogar y que gracias a su sabiduría es capaz de entender y aceptar diferentes puntos de vista, sin que por ello se le pierda el respeto. Es precisamente en contraposición a este personaje que McGonagall pierde atractivo, e incluso inteligencia, porque se podría poner en duda hasta que punto es capaz de entender un diálogo y no seguir una "receta de cocina", como pueden ser las reglas del mundo mágico. Claro que este comentario no puede ser llevado al extremo, a pesar de su forma de administrar la autoridad, McGonagall nunca pierde el respeto y la admiración de sus alumnos, pero tampoco es capaz de despertar esos sentimientos de confianza que la conviertan en una guía en lugar de una simple representación de autoridad. En el único punto de toda la serie en que McGonagall parece dejar de lado las reglas es cuando lleva a Harry ante Wood, el capitán del equipo de Quidditch, para que lo incluya en la selección de Gryffindor y dice: "I shall speak to Professor Dumbledore and see if we can't bend the first-year rule", pero dada la naturaleza de Dumbledore, el lector asume que ese "rompimiento de reglas" depende mucho más de la subdirectora que del mismo director y se da por sentado que la Nimbus Two Thousand será enviada. Hacia el final del mismo libro, la subdirectora asume su papel de autoridad limitativa en su máxima expresión cuando Harry busca a Dumbledore para contarle sobre la piedra filosofal, pero sólo encuentra a McGonagall, que le responde: "I don't know how you found out about the Stone, but rest assured, no one can possibly steal it, it's too well protected", demostrando así que es muy difícil dialogar con ella de forma sincera cuando se busca apoyo; su forma de ejercer la autoridad obliga a Harry a ir en busca de la Piedra y a encontrarse con Voldemort. McGonagall, como personaje femenino, es asociada a un tipo de autoridad punitiva y limitativa, por lo que en lector tiende a identificarse mucho más con la figura masculina de Dumbledore. Otros personajes: A pesar de que en el libro hay muchos personajes femeninos, todos tienen funciones secundarias y circunstanciales, y además, en cada uno de ellos se presenta parte de los estereotipos femeninos. Una situación importante se genera con los padres de Harry. A pesar de que hasta El Cáliz de Fuego se sabe muy poco de ellos, sí se conoce que James Potter era muy valiente y jugaba muy bien al Quidditch, como buen hombre. La noche del ataque de Voldemort, James murió enfrentándolo, pero Lily fue asesinada por proteger a Harry con su amor. Aquí se ve de nuevo cómo es a la madre a la que se asigna el cuidado directo del hijo, y más aún, se presenta a un personaje femenino cuya única arma es el amor, los sentimientos. Independientemente del mensaje intrínseco que tiene el hecho de que el mal fue vencido por el amor, se continúa asociando a la mujer con lo sentimental y con la debilidad asociada a las emociones. Otro personaje femenino de relativa importancia es la señora Weasley. Independientemente del tipo de familia que se haya querido mostrar con los Weasley, no es justo que la familia que se describe como ideal, que le brinda a Harry el cariño que nunca recibió de sus padres, tenga una madre encargada de las labores del hogar, sin ninguna aspiración profesional explícita. No grave el caso de los Dursley, ya que ellos representan todo lo detestable de una familia y sus personajes no pretenden ser modelos a seguir por nadie. Los Weasley, por el contrario, son el ejemplo de familia que cualquiera quisiera tener, con sus problemas que no le permiten ser perfecta, pero que si la hacen real a los ojos del lector. Bajo este punto de vista, la señora Weasley es el típico ejemplo de mujer esclavizada por su hogar, su marido y sus hijos. Por otra parte, es interesante cómo se asocia la adivinación y la incertidumbre de esa ciencia, que es desdeñada en el mismo mundo mágico, con un personaje femenino, la Profesora Trelawney. El principal problema de este personaje es que todas las críticas que se pretenden hacer a las artes adivinatorias, para expresar paralelismo con el mundo de hoy, se hacen a través de ese personaje que es una mujer. De esta manera, a pesar de que no se pretenda criticar a la mujer, el centro de las burlas a la predicción del futuro se encuentra en un personaje femenino. Para finalizar, hay que hacer mención al hecho aparentemente equilibrante de que tres niñas formen parte del equipo de Quidditch de Gryffindor. Esta idea es muy positiva en principio, pero si se analiza el desempeño de cada uno de los jugadores del equipo, nos encontramos con que los roles de estos personajes son casi imperceptibles. Wood, hombre, tiene gran importancia como capitán del equipo y único guardameta; los gemelos Weasley, juegan un papel importante fuera del campo de Quidditch por lo que su rol dentro del juego es mucho más visible. Finalmente, Harry, es el único "Seeker", de quien depende en la mayoría de los casos el resultado del juego y quien, al ser el protagonista de la historia, se "roba las cámaras" del Quidditch. Mientras tanto, Angelina Johnson, Katie Bell y Alicia Spinnet, tienen la principal misión de completar el equipo y su labor como "Chasers" nunca es fundamental para el juego. De cualquier forma, se necesitan 3 mujeres para realizar una misma labor, mientras que en el caso de los hombres sólo uno basta para completar su misión (se puede considerar el caso de los gemelos como una posición porque ellos mismo representan una unicidad inseparable dividida en dos personas, pero formando el mismo personaje). El análisis de género es muy complejo y es difícil tratar de situarse de forma imparcial para poder juzgar qué es adecuado y qué no bajo esta perspectiva, sobre todo si se está consciente de que uno es parte de una sociedad que ha marcado profundamente en su interior todo lo relacionado con los estereotipos. No se pretende calificar el trabajo de J.K. Rowling o restarle mérito y calidad a sus libros, es sólo cuestión de alertar y crear conciencia sobre los mensajes que la lectura de Harry Potter está dejando de manera implícita en los lectores. Conclusiones La complejidad del análisis de género hace casi imposible hacer una evaluación imparcial de un texto bajo esa perspectiva. A pesar de los inmensos avances que se han logrado en busca de la igualdad entre mujeres y hombres, los estereotipos sexuales están todavía muy arraigados en nuestra cultura. Muchas veces en los mismos campos que las mujeres han conquistado con sus luchas, se crean nuevos estereotipos que marcan las diferencias socioculturales clásicas entre ambos sexos. J.K. Rowling sin duda ha realizado una magnífico trabajo con su serie de Harry Potter, y como es normal, las situaciones y personajes descritos reflejan las características de la sociedad actual. Es imposible aislarse del mundo en que uno vive al escribir o analizar un texto, pero es importante estar consciente del impacto que lo que se escribe puede causar en la sociedad. Los personajes tanto femeninos como masculinos de Harry Potter, se amoldan casi perfectamente a los estereotipos sexuales, pudiéndose diferenciar las características psicosociales de cada uno de ellos según su sexo. Los niños siguen teniendo un papel fundamental y su valor, lealtad, astucia, inclinación a la aventura, hacen que el lector se identifique con uno de ellos. Por su parte las niñas (y personajes femeninos en general), cumplen roles de suma importancia, pero se les sigue asociando con debilidad, emotividad, y con un nuevo estereotipo, el de "mejores alumnas de la clase" y "consentidas de los profesores". La adecuación de los personajes a los estereotipos contribuye a la verosimilitud de la historia. Es mucho más fácil imaginar a una niña que se desmaya ante un troll, que a una niña que ataca a un troll para salvar a un personaje masculino, aunque esto no sea imposible. De cualquier forma, la preocupación principal se encuentra en que afianzando los estereotipos se afirman también las diferencias que artificialmente ha construido el patriarcado entre hombres y mujeres. En una época de rompimiento de paradigmas y decanonizaciones, es difícil para niños y niñas enfrentarse a los códigos de comportamiento que se les impone como chaquetas de fuerza. Les decimos a niños y niñas que deben ser ellos mismos y que son iguales, pero no consentimos que un varón exprese abiertamente sus sentimientos, ni que una niña se presente como fuerte y valiente, capaz de imponerse a los hombres. En la búsqueda de una sociedad más justa se deben redefinir de una manera más natural los roles de hombres y mujeres, y sobre todo, debemos aprender a aceptar los cambios y estimularlos. Estaremos perpetuando las diferencias entre hombres y mujeres, y la existencia de estereotipos en la medida en que sigamos transmitiendo mensajes que afiancen estas diferencias. Bibliografía Universalia nº 16 Ene-Abr 2002
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