Harry Potter ¿sucesor de Ulises y el Cid?
Ilich Simón Petit Barco

Estudio Comparativo del héroe actual representado por Harry Potter y el héroe clásico de la épica, caracterizado por las figuras de Ulises y el Cid Campeador.

Es sorprendente la manera en la cual los libros de la serie Harry Potter son capaces de atrapar a un lector de casi cualquier edad, sexo y origen. Ello quizás se deba a la excelente construcción de la historia, que nos presenta un héroe que crece y madura a medida que se suceden los tomos de la serie, un héroe que rompe muchos de los paradigmas de los héroes convencionales, pero que a pesar de hacerlo es actualmente un ídolo tan válido para la postmodernidad como lo fueron los protagonistas de las epopeyas más famosas de la historia. Una de las cosas que más llama la atención es la gran aceptación popular que la serie de libros Harry Potter, escritos por la autora inglesa J. K. Rowling, ha tenido entre un conjunto de lectores de edades y nacionalidades diversas, pero ante todo en los niños del mundo entero. Es relevante el hecho de que estos libros presentan la imagen de un chico "normal" en cuanto a personalidad se refiere, pero con el atractivo de ser un poderoso "mago", lo cual en lugar de impedir a los niños poder asemejarse con el personaje, facilita la identificación y aceptación infantil. Ante el fenómeno "Harry Potter", es interesante y atrayente la meta de establecer si el éxito de la serie, del cual se considera como factor determinante la representación de Harry como héroe "moderno" susceptible de ser asimilado por los lectores contemporáneos, puede ser comparable a la repercusión que en su época, y de manera imperecedera, tuvieron las figuras heroicas de la épica tales como lo fueron, entre otros, Ulises y el Cid Campeador. Ante esta interrogante se presenta la necesidad de caracterizar las obras en las cuales se da vida a cada uno de los personajes mencionados (Odisea y Poema del Cid), pues se puede considerar que no sólo son recreaciones llamativas de la ficción de un autor, sino que más allá de ello pueden representar las costumbres y valores de un momento histórico y literario. Al ahondar en la personificación de la heroicidad en la serie de libros de Rowling, se profundizará en la comprensión de un personaje con potencial heroico como Harry Potter, el cual puede llegar a ser un ejemplo a seguir en nuestra época, como en la suya lo fueron Ulises y el Cid.

En primer lugar se debe señalar la clasificación de los modos ficcionales de acuerdo al poder de acción del héroe, que según Northrop Frye (1), puede resumirse en lo siguiente:

  • El héroe superior en clase, tanto a los demás hombres como al ambiente de estos hombres, corresponde al mito.
  • El héroe superior en grado, tanto a los hombres como al medio ambiente propio es el héroe típico del romance, propio de la leyenda y el cuento popular.
  • Si es superior en grado a los demás hombres pero no al propio medio ambiente, el héroe es un jefe. Corresponde al héroe del modo mimético elevado, de la mayor parte de la épica y la tragedia.
  • El héroe que no es superior ni a los demás hombres ni al propio medio ambiente, corresponde al modo mimético bajo, perteneciente a la comedia y la ficción realista.
  • Por último el héroe inferior en poder e inteligencia, tanto a los otros personajes como al lector, pertenece al modo irónico.

De acuerdo con la clasificación anterior, se podría decir de antemano que debido a las características inherentes a las obras del Poema del Cid y la Odisea, sus héroes parecen pertenecer al modo mimético elevado (épica) y al romance épico respectivamente, mientras que en la serie de Harry Potter se observa que incorporar al protagonista en una categoría dada de los modos es mucho más complejo, si no imposible. En el primero de los libros mencionados se puede observar cómo es presentado ante el lector un prototipo de héroe del cual se resaltan ciertos rasgos, tales como: "su lealtad al rey, a pesar de que éste lo condena al destierro; su fe en Dios; su piedad; su amor por la familia y por la justicia, su valor en la batalla. La mesura en la representación del Cid, evitando cualquier desborde fantástico en sus acciones, ha llevado a destacar tal rasgo como distintivo de la épica castellana frente a, por ejemplo, la francesa" (2).

En el Poema del Cid se describe la forma en la cual el Cid Ruy Díaz vence a los moros, por lo cual es apodado el Cid Campeador para recordar su bravura en las batallas; sin embargo, como ya se ha dicho éste no es el único rasgo que se destaca, pues también está presente el elemento religioso que nos presenta un héroe piadoso y creyente, tal como cuando promete mil misas al altar de la Virgen: "¡Loado sea Dios, señor del cielo y de la tierra! ¡Gloriosa Santa María, válgame tu amparo!" Son las primeras invocaciones del Cid al Dios cristiano, pero no son las únicas muestras de su piedad, pues también es compasivo con los caídos en batalla, tales como los moros y el Conde de Barcelona. Asimismo la obra épica resalta una virtud que para la época era muy apreciada como lo es la lealtad a su rey, hasta llegar a prometer que: "'por amor al rey Alfonso, que me ha desterrado' no había de meterle tijera ni cortarle un pelo a su barba" Así como los continuos regalos que realiza al rey. También se destaca su amor filial para con su mujer y sus hijas, a quienes defiende valerosamente de la afrenta de los infantes de Carrión. Se nos presenta entonces la imagen de un héroe idealizado, perfecto y formado desde el comienzo de la historia, que refleja lo que señala M. M. Bajtín como imagen preestablecida del héroe, según la cual "los acontecimientos truecan su destino, cambian su posición en la vida y en la sociedad, pero el héroe mismo permanece sin cambios igual a sí mismo (...). No hay movimiento ni generación. El protagonista viene a ser un punto inamovible y fijo." (3)

Si se analizan de cerca los textos de Harry Potter se observa en primer lugar que es imposible clasificarlos como pertenecientes al modo mimético elevado, y se evidencia el hecho de que Harry no es un héroe fijo e inamovible, como los propios de la épica. En primer término se tiene que Harry Potter no está sujeto al orden de la naturaleza tal como se entiende en nuestro mundo, pues en el mundo efectivo donde se desenvuelve la historia Harry es un joven mago con poderes especiales que sobrepasan lo humano comúnmente aceptado, y llega incluso a ser superior a los pares de su mundo efectivo. Mientras el Cid Campeador está sujeto a las mismas referencias y expectativas (sobre todo de la época de la Edad Media) a las cuales está sometido cualquier ser humano, Harry Potter entra en batalla con armas que aventajan la capacidad humana tales como el viaje que realiza en el tiempo en Harry Potter y el Prisionero de Azkaban, o la poderosa invocación del Expecto Patronum, un conjuro poderoso que lo libra de seres fantásticos impresionantemente crueles, o el uso que hace de una escoba para transportarse por los cielos. Un relato fantástico con un héroe que lleva a cabo semejantes acciones no es siquiera igualado por la Odisea, ya que hasta el mismo Ulises a pesar de vivir en un mundo efectivo rodeado de seres y acontecimientos fantásticos y mitológicos, debe contar sólo con las armas y los poderes de un simple mortal, tal cual se demuestra en la ocasión en la que ciega al cíclope Polifemo, valiéndose tan sólo de una estaca, la ayuda de sus compañeros y al astucia de haberlo embriagado previamente.

De acuerdo con lo anterior se podría pensar en Harry Potter como la actualización del héroe propio del romance épico que, coincidiendo con la caracterización de Northrop Frye, lleva a cabo acciones maravillosas, prodigios de valor y se mueve libremente entre armas encantadas y seres fabulosos. Sin embargo lo anterior no es del todo cierto, pues tal como lo señala Mijail Bajtín en Teoría y Estética de la Novela, la base o fuentes creativas de la epopeya, corresponden al ámbito de la tradición y la leyenda nacional (y no de la experiencia personal). Esto no es lo que ocurre en la serie de libros de Rowling, que son producidos por la fantasía de la autora y narran acontecimientos que nada tienen que ver con un pasado épico nacional, otra de las características propias de la epopeya. Es más, al no estar separada la narración de Harry Potter de nuestra contemporaneidad, ocurre una ruptura con lo que sería la narrativa épica tradicional, de la cual son exponentes notables la Odisea y el Cantar del Cid; en ellos se narran hechos lejanos en el tiempo y por tanto ajenos a los lectores modernos, en oposición a lo que ocurre en los textos que hablan de nuestro heroico mago.

Es importante destacar el apartado anterior en lo referente a la separación temporal entre lo narrado y los lectores de la contemporaneidad, que caracteriza las obras épicas en estudio. Éste rasgo de la epopeya lo explica Bajtín:

"Gracias a la distancia épica que excluye toda posibilidad de actividad y de modificación, adquiere el universo épico su extraordinaria perfección, no sólo desde el punto de vista del contenido, sino también de su sentido y su valor. El universo épico se estructura en una zona de la imagen lejana y absoluta, alejada de toda esfera de posible contacto con el presente en proceso de formación, imperfecto, y propicio, por lo tanto, a reinterpretaciones y reevaluaciones".(4)

Esto se manifiesta de manera patente en la Odisea, que narra los hechos de un héroe de la magnitud de Ulises, que aparte de grandioso ya ha pasado a la historia o al menos a la tradición popular, manifestándose la distancia épica también en el Cid; además los hechos que se narran en ambas historias tienen un fundamento histórico y/o legendario, así como los lugares en los cuales se desarrolla la historia. Por este motivo se podría pensar que el héroe épico es quizás más realista que un héroe como Harry Potter, el cual proviene de la imaginación de la autora, y está situado en un espacio temporal contemporáneo, es decir, el presente en los textos del niño mago se construye junto con el nuestro, por lo cual se marca un distanciamiento entre el héroe épico antiguo y el Harry Potter de Rowling, quien a pesar de vivir en un mundo mágico que guarda muchas reminiscencias de épocas pasadas tales como la Edad Media, también pertenece al mundo muggle actual, similar al mágico, pero en el que se nota la presencia de ordenadores, carros y teléfonos que tanto obsesionan al buen Arthur Weasley, padre del mejor amigo de Harry. Sin embargo hay que considerar que a los lectores actuales nos resulta más cercana la vivencia de un protagonista que aparte de vivir en un mundo similar a nuestra realidad contemporánea, padece de las mismas imperfecciones y aprendizajes que un niño o adolescente "normal", siendo por lo tanto un ejemplo más palpable para los lectores modernos.

Otro aspecto que denota separación entre el héroe épico y uno que podría considerarse "postmoderno", como lo es Harry Potter, es el hecho de que, contrariamente a lo que ocurre en la Odisea y el Cantar del Cid, a Harry nunca se le presenta como un protagonista perfecto, sino más bien susceptible de ser perfeccionado, y tampoco es continuo centro de admiración y respeto por parte de los demás personajes de la obra; esto se observa en el cuarto libro, Harry Potter y el Cáliz de Fuego, cuando al ser escogido segundo campeón de Howgarts, la mayor parte del colegio lo acusa de tramposo y se ponen de parte de Cedric Diggory al cual proclaman como "¡ el auténtico campeón de Howgarts!" mientras que a Harry le etiquetan una consigna denigrante como lo es "Potter apesta", y hasta su mejor amigo Ron se pone en su contra.

Igualmente resalta el hecho de que, a diferencia de Ulises, el cual es considerado digno de honor y admiración hasta por Atenea, la diosa de los ojos zarcos, y del Campeador Cid, Harry no está exento de la duda acerca de su bondad y la honradez de su comportamiento, como cuando se cree que es el heredero de Salazar Slytherin y causante de los atentados del basilisco en Harry Potter y la Cámara Secreta. Esta situación podría ser comparada a la duda que tiene el rey Alfonso de la lealtad del Cid, pero con la diferencia de que el Cid mantiene en todo momento su postura y no duda de sí mismo como sucede con Harry, quien se interpela para saber si no estará en sí la semilla de la maldad; pero ello también se debe a las diferentes estructuras narrativas de las obras en estudio, pues mientras en la épica apenas se presenta la oportunidad del discurso interior, éste es un recurso muy usado por Rowling .

No obstante todas las diferencias y rupturas que hacen que la serie de libros de Harry Potter, a pesar de tener una estructura de aventuras y hechos heroicos similares a los de la epopeya tradicional, sea imposible catalogar de novela épica, hay características que son comunes en los tres héroes en estudio. Ante todo se debe señalar que la postura ante la vida y ante la relación bien-mal es análoga en los tres personajes, todos combaten guiándose por valores morales que señalan el bien como norte y un ideal de superación que les permita vencer los obstáculos que los alejan de sus metas. También es apropiado decir que estas metas están relacionadas con el amor filial: Ulises luchando contra las adversidades para regresar a Ítaca y reunirse con su adorada esposa Penélope y su hijo Telémaco, el Cid haciendo lo mismo para reencontrarse con Doña Jimena y las señoritas Elvira y Sol; en Harry no hay esperanza de reencuentro físico, pero sí a nivel espiritual y mantiene la firme esperanza de rescatar el legado que le dejaron sus padres al morir a manos de Voldemort.

En definitiva se observa que Harry Potter a pesar de no ser propiamente un héroe épico al estilo de Ulises y el Cid Ruy Díaz de Vivar presenta algunas similitudes, que pueden permitir señalar que en la figura de Harry Potter se lleva a cabo una desacralización (característica típicamente postmoderna) de los héroes de la épica, pues está llevado a un nivel que ubica al héroe como un chico normal en algunos aspectos, sobresaliente en otros y absolutamente superior y fantástico en sus acciones y poderes inesperados, pero con un fundamento totalmente ficcional y contemporáneo con todos los lectores actuales. Es importante señalar que, tal como lo afirma Sydney Hook en El Héroe en la Historia, actualmente el poder lo ejerce quien controla los medios de comunicación y es capaz de acceder a las masas para dejar un mensaje y permanecer en la colectividad; es por ello que los héroes, que tradicionalmente han influido en la formación y comportamiento de la sociedad, actualmente tienen un rol mediático importante. De aquí se deriva que el impacto de Harry Potter sea tan importante hoy por hoy, pues aunque no es una persona real ni una leyenda es un héroe válido que está presente actualmente en las mentes de muchos chicos y no tan chicos, por lo cual podría llegar a ser un prototipo del héroe sucesor del héroe épico.


Referencias Bibliográficas

  • (1) Frye, Northrop: Anatomía de la Crítica. Monte Ávila Editores. Caracas, Primera edición, 1977, 53-57 pp.
  • (2) Cantar de mío Cid, Enciclopedia Microsoft® Encarta® 2000. © 1993-1999 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
  • (3) Bajtín, Mijail: Estética de la Creación Verbal, Siglo Veintiuno Editores, 211-212 pp.
  • (4) Bajtín, Mijail: Teoría y Estética de la Novela, editorial Taurus, España 1989, p. 463.
    Hook, Sydney: El Héroe en la Historia. Ediciones Galatea- Nueva Visión. Argentina, Primera edición, 1958, 15-16 pp.


Bibliografía

  • Anónimo: Poema del Cid. Editorial Espasa-Calpe. Madrid, Vigésima Segunda edición, 1967.
  • Bajtín, Mijail: Teoría y Estética de la Novela, editorial Taurus, España 1989, 460-464 pp.
  • Frye, Northrop: Anatomía de la Crítica. Monte Ávila Editores. Caracas, Primera edición, 1977, 53-57 pp.
  • Hook, Sydney: El Héroe en la Historia. Ediciones Galatea- Nueva Visión. Argentina, Primera edición, 1958, 15-16 pp.
  • Homero: Odisea. Editorial Espasa- Calpe. Buenos Aires, Quinta edición, 1964.
  • Rowling, J. K.: Harry Potter y la Cámara Secreta. Ediciones Salamandra. España, 2001.
  • Rowling, J. K.: Harry Potter y el Prisionero de Azkaban. Ediciones Salamandra. España, 2001.
  • Rowling, J. K.: Harry Potter y el Cáliz de Fuego. Ediciones Salamandra. España, Primera edición, 2001.













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