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Público por definir
Al lector curioso o desprevenido le será de utilidad saber con qué se encontrará hasta el final de este ensayo. Con sólo mencionar que se utilizarán herramientas distintas a las usadas por reporteros y columnistas se hace pensar en que el presente texto es una suerte de análisis esotérico, poco fundamentado o muy elaborado. Definir el objetivo de este ensayo como una simple búsqueda de las razones de por qué Harry Potter ha alcanzado el nivel de éxito que tiene -y tendrá- no es suficiente. Si bien esto funciona como impulso, ya que incrementa la curiosidad de muchos, es necesario establecer los lineamientos que harán posible el análisis. El fenómeno de un público indefinido, partiendo del supuesto de que se trata de libros para niños, será un elemento con énfasis especial en el análisis. Con mayor nivel de detalle, debe analizarse lo que implica el proceso de lectura, y de qué forma -muy teóricamente- se observa el fenómeno tanto en niños como en adultos. Establecer relaciones entre la teoría analizada y los libros de la serie Harry Potter es una forma de llevar de la mano al lector para tratar de entender por qué niños y adultos disfrutan de la obra, y el por qué del revuelo mundial que ha generado J. K. Rowling con su pequeño y heroico aprendiz de magia, que asiste al colegio Hogwarts de magia y hechicería. Es posible que explicar cómo se produce el fenómeno de la lectura en niños y adultos suene de poco interés en comparación con otros tantos temas posibles, y por ello son más los tópicos que abarca este ensayo, y no como puntos aislados, puesto que una vez que el lector comprenda el punto de partida, recorrerá situaciones que se encuentran en los libros, pero podrá verlas y entenderlas desde otro punto de vista. Ésta será, quizás, la parte más extensa - y entretenida - del ensayo. La invitación es para aquellos que desean indagar qué ocurre en el libro - y fuera de él - que hace que resulte tan genial. Aquellos que han leído alguno de los libros de la serie, podrían perfectamente definir la historia como "fácil de leer". Esto a primera vista no revela ningún hecho importante, porque son muy numerosos los libros que pueden ser catalogados así. Buscando un mayor nivel de detalle, el lector podría fácilmente pensar en los personajes, cómo son, cómo interactúan, cuáles son de su agrado, y cuáles no. De igual forma, el ambiente donde se desarrolla la acción, y el detalle de la descripción a nivel narrativo pueden ser factores que sean tomados en consideración para dar una opinión de la historia leída. Los factores mencionados pueden verse como los engranajes de la maquinaria que mueve la historia. Pero aquí el análisis será más específico; para mover los engranajes, hacen falta más factores, y, con toda la intención de la metáfora, son piezas muy bien lubricadas, que hacen que todo funcione, aunque oculto para el lector, perfectamente. En la medida que el lector avance, conocerá de cerca las piezas que no conocía, y entenderá por qué funciona, o pondrá a trabajar su imaginación.[1] Es necesario analizar de dónde proviene el fenómeno. Aplicando un enfoque completamente cartesiano , la primera solución es observar de dónde proviene el fenómeno. La respuesta parece sencilla; aunque parezca trivial, son los libros, y se presentan como solución porque algo debe haber en ellos que sea particular. Luis Acosta Gómez, en su libro titulado "El lector y su obra" afirma lo siguiente ante el análisis formal de un texto:
Partiendo entonces de este supuesto, es posible estructurar el ensayo de forma tal de indagar qué puede suceder con la figura del lector. El enfoque se centra en él puesto que es quien asume todo el trabajo -implícito, claro está- que propone J. K. Rowling. Nuevamente, Luis Acosta Gómez hace referencia a este hecho particular:
A partir de ésta afirmación, se derivan muchas consecuencias. Más adelante se comprenderá que efectivamente la obra de alguna forma u otra establece un compromiso con el lector, pero ¿cómo es posible generar un compromiso de igual nivel entre niños, jóvenes y adultos? Son muchos los factores de carácter ameno presentes en la obra que harían que la misma guste. Pero la intención no es decir por qué gusta, sino por qué Rowling logra su objetivo ante un público tan amplio y diverso. Es entonces necesario continuar con posibles basamentos teóricos que establezcan el marco de referencia, para luego establecer las relaciones con los libros de la serie. Quizás el punto que más llama la atención es cómo es posible que los niños disfruten tanto de la lectura y, en particular, de la lectura de Harry Potter. Bruno Bettleheim y Karen Zelan realizaron un estudio muy interesante, titulado "Aprender a leer", que abarca los aspectos que impiden que los niños en general lean, y plantean posibles soluciones con ejemplos concretos, en busca de soluciones. En el marco teórico que presentan en su libro, se hallan dos elementos que llaman poderosamente la atención, y que servirán como punto de partida para establecer posibles causas del por qué del gusto de los niños en general hacia la serie. En primer lugar, analizan lo que significa, en líneas generales, el acto de la lectura para los niños, conjuntamente con sus posibles implicaciones. Continuando con el denominado enfoque cartesiano, la máquina que en este ensayo representa Harry Potter es, probablemente, sin mayor intención de especificidad, un montón de palabras que poseen coherencia, y que narran una historia. Tomando en consideración lo propuesto por Bettleheim y Zelan, tenemos que:
Esta afirmación implica entonces que cada una de las piezas tiene no sólo un lugar especial, sino una función y una razón de ser. El lector podrá notar que se ha partido de la obra, y se ha desmenuzado su contenido, hasta llegar a las palabras, en busca de qué es lo particular que posee la historia. En este momento, se ha llegado al nivel más bajo. Analicemos entonces qué sucede con las palabras, y reestructuremos el discurso, para entrar de nuevo en el mundo de Harry Potter, con los nuevos elementos conocidos. Para este punto particular, se hará uso del estudio realizado por la doctora María Jesús Fernández Leborans, planteado en su libro "Campo semántico y connotación", como un intento de definir, tanto para niños como adultos, los lineamientos generales que permiten la comprensión de las palabras. Luego de establecida la teoría, la búsqueda regresará a la historia y, finalmente, a los ejemplos prometidos a lo largo del ensayo. No escapa al lector, en este análisis previo, que toda palabra posee un significado. De igual forma, es posible establecer que además del significado, existen numerosos factores que acompañan a la palabra. En este aspecto particular, Fernández Leborans explica:
Es posible partir de este supuesto y asumir que tanto niños como adultos cumplen con el requisito. No resulta tan trivial, pero efectivamente los términos que se manejan en el libro, o bien son conocidos por el lector, o son perfectamente explicados. Tal es el caso, por ejemplo, de la palabra muggle. Éste término no debería pertenecer al vocabulario de cualquier persona excepto, claro está J. K. Rowling, que lo establece como parte fundamental de la serie de libros. El punto está en que si el término, objeto, situación o personaje no es reconocible por el lector, entonces colocando elementos explicativos es posible lograr el efecto que se plantea en la historia. Lograr el efecto se hace evidente de muchas formas; elementos, situaciones, espacio físico y personajes pueden ser introducidos de formas diversas. Fernández Leborans plantea lo siguiente:
Ahora bien, puede entonces sonar extraña la idea, pues es un proceso aparentemente complicado, y se está evaluando público infantil. Para comprender mejor esto, Fernández Leborans propone:
Así, resultaría fácil -en teoría- escribir un libro dirigido a público infantil. Si bien los conceptos no conocidos no son problema, y las relaciones pueden ser establecidas de forma sencilla, siempre que la historia lo permita, entonces quedaría el libro perfectamente catalogado, y se abriría un gran vacío: ¿Y qué sucede entonces con los adultos? ¿No existen, acaso, elementos distintos a la simplicidad de una historia comprensible por niños que logren en los adultos los efectos que se observan? ¿Es pura casualidad? Comprender, como se establece en el último párrafo de la cita anterior, que adultos y niños están en capacidad de comprender la obra, podría hacer a cualquier adulto sentirse subestimado. Para ello existe entonces una explicación, que va mucho más allá de la capacidad de entender y establecer relaciones con una primera lectura, o una lectura a temprana edad. Nuevamente, Fernández Leborans propone:
El lector puede haberse molestado al hacer la comparación con la capacidad lectora de un niño, como intento de demostrar que tanto niños como adultos pueden leer, comprender y disfrutar de la historia. A este nivel, y con la ayuda de la cita anterior, comienza el proceso que establece diferencias concretas entre los procesos de comprensión de lectura de ambos. Lo que Fernández Leborans propone, en otras palabras, hace referencia a la capacidad del ser humano de añadir elementos a lo que es considerando como el repositorio de imágenes, símbolos y conocimiento en general. Un análisis más completo del libro citado propone que los mecanismos que hacen posible la organización de la información y su eventual recuperación, y el proceso de establecimiento de relaciones que generan el pensamiento y asociación con elementos previos es sumamente complicado, pero con conclusiones extraordinarias. Pero tal no es el objetivo de éste análisis. Sin necesidad de ahondar en cómo funcionan dichos procesos, es perfectamente posible decir que un adulto está en capacidad de establecer más relaciones y entender más que un niño. Esto puede darse por dos razones. Primero, es posible si el autor propone elementos en el texto que el lector deba descifrar, ya sea intencionalmente o no. En segundo lugar, necesariamente el adulto posee un radio de acción mucho mayor, y por lo tanto su repositorio contiene más elementos, y presumiblemente le será mucho más sencillo comprender el porqué de las cosas que se plantean como elementos adicionales a un discurso sencillo, que es la historia que perfectamente entiende un niño. Este punto es crítico. Se habla entonces de una historia sencilla, cargada se símbolos decodificables por niños, ya sea por ser éstos sencillos, o porque poseen una explicación pertinente en el texto o porque forman parte del mundo que se propone en la obra, con muchos componentes adicionales a la historia, que son elementos, situaciones y símbolos decodificables sólo por aquellos que posean la capacidad y los elementos para establecer las relaciones -es decir, los adultos-. Algunos de estos elementos serán especificados más adelante. De esta forma, si la serie de libros de Harry Potter contiene una historia genial por sí sola, es decir, la novela de formación de un héroe, que con sus aventuras cautiva a los niños, entonces colocar elementos decodificables por adultos, y que no perturban de forma alguna la lectura del público lector no capaz de entenderlos, se tiene una tesis que permite afirmar que en efecto el público de Harry Potter es tan amplio por poseer elementos destinados a los distintos tipos de lector.
Con esto, se logra entonces establecer que en efecto es labor del lector interactuar con el compromiso establecido por el autor para comprender la obra en su totalidad. Parte de la genialidad de la serie Harry Potter y su autora, J. K. Rowling reside en su capacidad para no perturbar a los lectores sin experiencia -en general, los niños- y permitir una lectura libre de conflictos, haciendo que los elementos que poseen otro tipo de significación no incomoden ni cambien la historia sencilla a la que se suman como "adornos" que ella ha colocado. Con esto no se pretende decir que un lector que capte los símbolos y significado de ciertas situaciones comprenderá Harry Potter de una forma distinta. El discurso propuesto no cambia, simplemente se complementa. En la medida que el lector adquiera conocimientos, y realice nuevas lecturas a los libros, descubrirá elementos que antes no había captado, y no por ello la historia tomará un giro distinto, solo se enriquecerá. A partir de este punto comenzará el establecimiento de las relaciones de la teoría planteada y la serie Harry Potter. El lector será capaz de comprender personajes, situaciones, y descripciones que poseen distintos niveles de lectura, o distintos niveles de comprensión, que no son contradictorios, sino complementarios. Muy probablemente todo lector se ha encontrado con palabras no sólo difíciles de pronunciar, sino hasta complicadas. Es un caso muy frecuente a lo largo de toda la serie; personajes, lugares, hechizos, animales y casi todo elemento nombrable posee un nombre peculiar. A primera vista, un niño no tiene por qué descubrir, y mucho menos, llegar a pensar que cada nombre aparentemente extraño posee una significación muy importante. El punto que se desea demostrar es la configuración lingüística simbólica que posee elementos de distintos idiomas, como el griego, arameo, latín, francés, e inglés, entre otros. La elaboración morfológica es un punto que requiere ser analizado pues no todo lector la detecta, y si bien no influye en el hilo de la historia como tal, comprenderlo sería de mucha utilidad. Para ilustrar la utilidad de conocer los símbolos que se presentan y demostrar cómo se establece una dimensión subyacente, se hace referencia al tercer libro de la serie, Harry Potter y el prisionero de Azkabán. En el nuevo año escolar, la plaza para "Defensa contra las artes oscuras" será ocupada por el Profesor Remus Lupin. El siguiente análisis apunta hacia la carga simbólica contenida en el nombre, y cómo permitiría a un lector experto, con conocimientos suficientes, determinar qué tipo de personaje encarna Remus. Para el lector que no haya leído el libro citado, se adelanta que el Profesor Remus Lupin es un hombre lobo. Un análisis detallado al nombre Remus, nos hace evocar, de alguna forma a la leyenda de Rómulo y Remo, en el mejor de los casos. Es probable -aunque sea un tanto elaborada la relación- que un lector que conozca la historia de Rómulo y Remo pueda pensar en un lobo, pero no necesariamente hacer la asociación. En cuanto al apellido, analizando la raíz del mismo, se puede lograr establecer conexión con la palabra lupus, que es lobo en latín. De aquí que Lupin sería "lupino", o "relativo al lobo". Aunque un poco descabellado, si en efecto el lector lograse establecer las conexiones necesarias, podría sospechar que el profesor Remus Lupin es un hombre lobo, y adelantarse un poco a los acontecimientos extraños que suceden en la obra en relación al personaje, como por ejemplo el momento de enfrentar en clase al boggart, criatura que adopta la forma de lo más temido por su atacante, ante el profesor, la criatura toma la forma de luna. Es conocido que los hombres lobo temen a la luna llena. Si el lector está en capacidad de entender que el Profesor Remus Lupin es un hombre lobo, no podrá cambiar el discurso de la historia, pero sí adelantarse a los acontecimientos. El hecho de poder realizar esto, hace que una vez descubierta la posibilidad de hacerlo, comience una búsqueda incesante de posibles elementos. El problema radica en que no sólo los nombres especialmente colocados adelantan acontecimientos, sino que también describen posibles escenarios, y aportan información adicional muy valiosa, mas no necesaria para comprender la historia en sí. Una situación similar se presenta en el caso del colegio Durmstrang, invitado al colegio Hogwarts para participar en el Torneo de los tres magos en el cuarto libro de la serie, Harry Potter y el cáliz de fuego. Para entender qué sucede con el nombre Durmstrang, es necesario que el lector comprenda qué es un anagrama. El punto es observar que si se colocan las letras en orden diferente, puede obtenerse no sólo nuevas palabras, sino probablemente alguna con sentido. En este caso particular, reordenando las letras podemos obtener "Sturm Drang". Haciendo una adición al "descubrimiento", si se considera como frase "Sturm und Drang", obtenemos el nombre de un movimiento literario da origen al Romanticismo, y que fue en líneas generales del agrado de los nazis y que se opone a la cultura francesa. Recordando los acontecimientos del cuarto libro en referencia al torneo de los tres magos, se tiene que los colegios involucrados eran Beauxbatons, de origen francés, Durmstrang, de origen Ruso y Hogwarts, el colegio de Harry. En la historia se presenta de forma muy clara la rivalidad no sólo entre las escuelas, sino en particular entre Beauxbatons y Durmstrang. Un elemento adicional se obtiene al conocer más acerca del movimiento Sturm und Drang, y es que, existe una obra muy representativa del movimiento, donde se evoca una historia con un barco fantasma como medio de transporte. Casualmente -o quizás no- el colegio Durmstrang se presenta en Hogwarts en un barco. El autor del presente texto reconoce que puede considerarse elaborado el ejemplo. Si bien es cierto que no todo el público lector está en capacidad de establecer las conexiones propuestas, ya sea por falta de conocimientos específicos o por falta de imaginación, no debe considerarse falsa tal aseveración, pues se parte en el presente ensayo del supuesto que cada lector, con sus conocimientos, está en capacidad de interpretar los símbolos colocados en el texto. El toque de genialidad que es admirable, es que, obviando las relaciones presentadas, la historia no es distinta, y es perfectamente comprensible. Nuevamente, el ejemplo escogido permite demostrar que virtualmente cualquier tipo de lector puede entender y disfrutar de la serie de libros, y no sentirse perturbado por los elementos que no le llamen la atención. En la nube que rodea a la fama y éxito del caso Harry Potter, existen puntos que inquietan a niños y adultos. En particular, la presentación de un mundo imaginario, que llega, hasta cierto punto, a ser creíble para los niños pequeños, puede llegar a ser preocupante. En este sentido, el autor del presente ensayo observa una ventana de oportunidad para introducir otro elemento a tomar en consideración, y gira en torno al cuestionamiento de lo real en la serie, y, específicamente, cómo influye en el público para lograr el efecto que ha causado.
Con esto, es posible comprender qué sucede con la historia planteada en Harry Potter. Si en efecto se logra construir un "mundo posible" en función de las correspondencias entre el texto y el mundo que el lector considera como real o conocido, se establece entonces la verosimilitud de éste. Más específicamente, se tiene, por ejemplo, el caso del colegio Hogwarts. El código de educación es común para el lector en el mundo "real". Para aceptar la analogía en el mundo Harry Potter, que se evidencia ante la proposición de una escuela de magia y hechicería, hay que hacer un pacto de lectura con el texto; los elementos necesarios para el pacto se encuentran o bien en el imaginario del lector, o bien presentes en el texto, y de esta forma es posible no sólo hacer la lectura y entenderla, sino disfrutarla, y por qué no, creerla.
Este ejemplo, increíblemente verídico, puede abrir las puertas de la curiosidad al lector. ¿No debería suceder lo mismo con el quidditch? La respuesta es negativa. Si en efecto el quidditch existiese en el mundo real, probablemente estaría en la misma situación. El único elemento que une al lector con el famoso juego de los magos es la palabra escrita, plasmada en las obras de Harry Potter. El interés del lector puede provenir de lo ingenioso del mismo, o simplemente, una serie de asociaciones con los juegos conocidos en el mundo real, que lo hacen particular. Sea cual sea la intención, siendo la lectura el único medio de entrar al campo de juego y conocer de cerca las hazañas de Harry cuando vuela sobre su escoba, mantiene a niños y adultos al tanto de los movimientos de Harry, y por tanto, leyendo. Es imposible que el lector encuentre el relato del quidditch desprovisto de interés, puesto que cada palabra colocada en el texto es la única referencia que existe de los acontecimientos. No ocurre lo mismo que con cualquier juego de pelota, o cualquier actividad del día a día en el mundo "real" -o, debería decirse, muggle-. Quizás ésta es una razón más por la que Harry Potter cuenta con tanto éxito, y nuevamente se demuestra que no es simple casualidad, y que existen posibles basamentos teóricos para respaldar el fenómeno. Continuando con la línea de "descubrimientos", por llamarlos de algún modo, nuevamente Bettlelheim y Zelan proponen una teoría que parece ajustarse muy bien a las ideas de Rowling:
No debe perderse de vista la fascinante analogía que existe en la cita anterior entre la historia de Harry Potter y la magia, y los niños y la lectura. Este hecho particular llama poderosamente la atención, e invita a pensar si será pura casualidad la revolución mundial que ha causado entre los niños, y cómo se ha retomado el hábito de la lectura, y más aún, la lectura espontánea y recreativa. Es altamente probable, dados los indicios presentados en este ensayo, que Harry Potter no ha sido concebido de la nada, y que muy probablemente ha sido producto del estudio de muchas teorías, o quizás, la solución a un problema. Mágicamente -una vez más- Harry Potter se presenta como una solución al problema planteado en la cita anterior, pero cumpliendo cabal y análogamente los pasos de la receta para el éxito. Es deber del autor del presente ensayo no rayar en la fantasía y suposiciones sin basamento teórico. Si bien mucho de lo expuesto es producto del conocimiento adquirido, y la capacidad para establecer relaciones, existen también hechos tangibles que han servido de impulso al éxito de la serie. El sólo hecho de escuchar como los niños recomiendan a sus compañeros que se lean las historias es impresionante, sobre todo porque el argumento no gira en torno de seres extraterrestres, computadoras sofisticadas o cualquier otro aspecto relacionado con la modernidad. Esto puede ser uno de los factores por los que el público de Harry Potter es tan grande. Si queremos establecer una conexión con el lector, y llegar a él en función de su imaginario para lograr que la trama de la obra sea un mundo posible, deben seleccionarse cuidadosamente los elementos. Si no se incluyen los elementos sofisticados, estaremos llegando a un público potencialmente mayor; a los adultos, que pueden o no conocer las bondades de la tecnología, y a los niños, que aún no la conocen. Lejos de los basamentos teóricos y las casualidades, parte del ascenso y éxito de Harry Potter reside en factores propios del mundo en el que nació. Harry Potter podría compararse con lo que representó en su momento Huckleberry Finn o Tom Sawyer de Mark Twain, Alicia en el del País de las Maravillas de Lewis Carroll o Robinson Crusoe de Daniel Defoe. La gran diferencia es que los libros del aprendiz de magia se han beneficiado de las técnicas de mercadeo vigentes en la actualidad, y además ha contado con una amplia difusión a través de la Internet y demás medios de comunicación masivos. En un mundo cambiante como en el que nació Harry Potter, se hace
un replanteamiento de la magia. En efecto es posible que ambos mundos
coexistan, y por qué no, todos los factores involucrados, desde
los basamentos teóricos, el uso de elementos comunes y agresivas
campañas de mercadeo han hecho que el pequeño hechicero
represente un acto de magia en un mundo donde los niños no leían
espontáneamente, y no existía una obra que, quizás
sin querer, acaparó todo el público posible. [1] La intención de la metáfora es introducir al lector
la existencia de numerosos factores que luego serán analizados,
y que para el autor del presente ensayo juegan un papel determinante en
el efecto creado en los lectores |
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