Superar el Estado del Disimulo
Rosy Ojeda*

En 1988, cuando aún resonaba la prosperidad económica y las críticas al sistema político comenzaban a tener eco, José Ignacio Cabrujas hizo uso de un término que para él bien describía la situación del Estado venezolano: "El Estado del disimulo". Para entonces, se percibía la presencia de un Estado que, simplemente, era un "truco legal", que estaba totalmente desvinculado de la realidad del pueblo que lo constituía y que, políticamente hablando, llevaría al deterioro del sistema. Esto nos permite comprender, por ejemplo, que no fue sólo la corrupción de los actores políticos la que socavó al sistema, sino la presencia de un Estado carente de solidez y que requería de una reforma, pues su diseño, difícilmente, proporcionaba las estructuras básicas para nuestro desarrollo. Lo que no se puede negar es que durante un largo período de tiempo, en el intento por superar nuestras fallas, hemos dejado mucho en el camino, lo cual si bien no nos convierte en mártires de la historia, nos proporciona la madurez necesaria para guiar los proyectos políticos que funcionen como mediadores en la transición hacia un Estado más sólido y estable, un Estado que verdaderamente se acople a nuestra realidad: un Estado del "no disimulo".

Al referir la palabra "proyecto político", se entiende como el mecanismo fundamental para cualquier transición, y al ser hoy en día partícipes de significativos cambios, es lógico analizar los posibles proyectos que permitan superar la situación que llevó al colapso del sistema político. La estructura de cualquier proyecto debe desarrollarse dentro de un sistema democrático, en donde la democracia sea participativa, pues se debe confiar en la madurez política adquirida por el pueblo, y en donde los actores políticos comprendan que más que el afecto, deben ganarse el respeto y la confianza de las personas. Se debe concebir un Estado descentralizado en donde se le otorgue autonomía a las regiones, que abandone sus concepciones paternalistas y fomente el desarrollo individual y, sobre todo, que posea criterios de continuidad que proporcionen estabilidad. Para impulsarlo es necesaria la inyección de capital a actividades como la agricultura, y la inversión en renglones como salud, educación y seguridad, ya que estas impulsan el sistema económico nacional. Es menester fomentar la igualdad social y asegurar la estabilidad de las instituciones combatiendo con mano firme la corrupción.

Hoy , de cara al siglo XXI, cuando finalmente comprendimos la necesidad de reformular el sistema político, dejemos atrás los lamentos y la búsqueda de culpables de nuestra situación, y orientemos adecuadamente los cambios necesarios, al comprender que cualquier proyecto político debe comenzar por reconocer la necesidad de superar el "El Estado del disimulo", y establecer criterios claros para el ejercicio del poder, que mejoren nuestra situación. Las necesidades nacionales son obvias y los objetivos están claramente definidos, sólo la orientación política que se le de a la reforma determinará su viabilidad. Los venezolanos, cuya voz era apenas escuchada en 1988, han sufrido a lo largo de la historia muchos desengaños, pero también su aprendizaje democrático ha sido importante. Por esta razón, no está dispuesto a tolerar más el "Estado del disimulo".

*Estudiante de Ingeniería Química (USB)


Universalia nº 17 Sep-Dic 2002













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