¿Estado
del Disimulo o Disimulo de la Democracia?
Rodrigo Franco*
En 1988, José Ignacio Cabrujas dijo que el Estado del Disimulo
era la esencia verdadera Del Estado venezolano, ya que éste,
por medio de leyes, ocultaba sus intenciones que no son otras que
hacer lo que desee. Era la época de la Copre. En ese momento,
los partidos ya no buscaban cumplir con los intereses de la ciudadanía
sino con los suyos, perdiendo representatividad y confiabilidad.
Una crisis del sistema era de esperarse, como de hecho ocurrió
en 1989. A estas alturas, surge la pregunta de cuáles son
los aspectos característicos del Estado del Disimulo. En
primer lugar, hay una falta de identidad con el concepto de Estado,
porque las leyes ya no transmiten los intereses de los ciudadanos
sino lo que quiere el gobernante o el partido de turno. Otro aspecto
sería la pantalla constante por parte del Estado de que todo
se va a solucionar milagrosamente y por arte de magia, obviamente
con la intención de mantener a los votantes contentos, aun
ante una situación crítica. Durante la historia democrática
de nuestro país, la mayoría de las promesas gubernamentales
descansaron sobre las posibilidades que ofrecía un recurso
de gran demanda internacional que parecía ser inagotable:
el petróleo. Esta posición del Estado, apoyada exclusivamente
en la renta petrolera, lo llevó al endeudamiento. Cabrujas
nos habla cómo los gobiernos desde 1958 hasta hoy se sirvieron
del petróleo para mantener el disimulo de la modernidad.
Aquí se establece la conexión con el populismo. El
Estado del Disimulo estaba basado en la conciliación de todos
los sectores sociales a través del petróleo, para
atender las demandas de cada grupo.
¿Es posible superar el Estado de Disimulo? Cada día
crecen más las posibilidades de que el régimen de
Chávez y toda su actuación política sean un
disimulo. El proyecto político que debe contribuir a superar
el Estado del Disimulo ya no puede estar basado en soluciones mesiánicas
ni en un líder supremo, sino en medidas concretas para superar
los efectos en el país de las crisis del pasado. Necesita
funcionarios verdaderamente identificados con las funciones que
les competen y con la gente que los elija. Una vuelta al populismo
no es recomendable. La renta petrolera tiene que estar complementada
con otras fuentes de ingreso, porque el petróleo no es un
remedio milagroso. El Presidente trata de atraer la inversión
extranjera, pero la concentración de poder en su persona
amenaza la democracia venezolana. Cada uno de los poderes públicos
debe ser autónomo e independiente de lo que quiera hacer
el Presidente, ya que eso sólo conduciría al autoritarismo
¿Dejamos el Estado del Disimulo y avanzamos hacia el disimulo
de la democracia?
*Estudiante de Ingeniería de Computación (USB)
Universalia
nº 17 Sep-Dic 2002
|