REFLEXIONES
SOBRE EL ESTUDIO DEL ARTE EN CUALQUIER SOCIEDAD
Myriam Andrea Rada (*)
SOBRE
EL ARTE
Para
estudiar el Arte es necesario primero entender qué es Arte.
Siempre he considerado que Arte es la necesidad de expresar aquello
que nos hace humanos, como los sentimientos, nuestra relación
reflexiva con el entorno, el poder, en muchos casos. Igualmente
es la evidencia más fuerte de capacidad intelectual, nos
coloca en una categoría diferente al resto de los animales,
además “enriquece” el alma.
Por lo tanto pienso que el Arte se ha encontrado presente en todas
las culturas sin importar el grado de complejidad o desarrollo,
el problema es que no siempre se ha manifestado de manera intencional.
Como dijo Prown (1991:145) “El Hombre es un animal constructor
de metáforas” y más adelante “La clave
reside en la capacidad del arte como expresión metafórica
tanto inconsciente como consciente”.
Otra
visión interesente es la del Arte como una forma segura
e inofensiva, y por lo tanto más profunda de experimentar
la vida, como lo plantea Redfield (1971:45): “El Arte es
una manera de acceder a la gente y a sus pasiones, que difiere
de la experiencia común en simples cualidades fortuitas,
siendo quizás menos utilitaria, más intensa y libre
de consecuencias dolorosas[...] El Arte estimula nuestras experiencias
un poco más lejos”.
Vayamos
ahora a una definición más precisa del Arte, pero
como un concepto generado dentro del Pensamiento Occidental: el
Arte consiste en la Forma (Estética) y el Contenido (Comunicación),
teniendo ambos aspectos igual validez, es decir el Arte se puede
orientar completamente hacia la Forma o completamente hacia el
Contenido. Una excelente metáfora que ilustra esta definición
es aquella de Ortega y Gasset que nos transmite Redfield (1971:46): “Arte
es como una ventana con un jardín detrás.
Uno se puede enfocar tanto en el jardín como en la ventana”.
Aquí la ventana se refiere a la Forma y el jardín que
está detrás corresponde al Contenido.
Platón, cuya filosofía constituye una de las bases
del Pensamiento Occidental, suele referirse a la apreciación
de objetos y cuerpos bellos (Estética) como el
camino del alma hacia la Verdad o Belleza Absoluta (Sabiduría).
Para él la Belleza es la perfección, es el estado
más elevado al que puede acceder el espíritu, en
donde habitan los Dioses.
En el diálogo socrático “Fedro,
o sobre la Belleza” este concepto se encuentra
expuesto de una manera bastante interesante: “El alma que
no conserva un recuerdo consciente de los divinos misterios, o
que se ha dejado corromper, encuentra trabajoso elevarse desde
las cosas de este mundo hasta la perfecta Belleza por la contemplación
de los objetos terrestres que llevan su nombre [...] Pero el hombre
que ha sido perfectamente iniciado, que contempló en otro
tiempo las esencias [...] tan pronto como ha recibido a través
de sus ojos la emanación de la Belleza, siente aquel calor
que da fuerzas a las alas del alma” (Platón 1977:209-210).
Es de hacer notar que aquí Platón, aunque se expresa
dentro de un lineamiento puramente estético, hace un planteamiento
relevante desde el punto de vista del Arte como Estética
y Contenido, al decir que para alcanzar la Sabiduría no
basta solo con observar los objetos hermosos, sino que además
el observador debe estar completamente iniciado para que
la Belleza cumpla su función. Esto se puede relacionar con
el Contenido, ya que Platón se refiere a algo que no está en
la Belleza del objeto en sí, sino en lo que debe transmitir
esa Belleza a quien la contempla.
Además Platón al hablar del iniciado muy
probablemente se refiere a una persona educada dentro del conjunto
de valores y principios morales que regían la vida en la
Antigua Grecia. Es decir, un integrante de su sociedad que tenía
una apreciación emic (interna) estaba en la capacidad
de apreciar el jardín en la Belleza.
Ahora,
al intentar plantear una definición de Arte aplicable a
otras culturas hay que tener en cuenta que éste funciona
de manera diferente y se rige por estándares distintos al
Arte Occidental, como expresa Dark en una forma muy sencilla al
hablar del arte para los antropólogos: “El fenómeno
del arte está presente en todas las culturas, de una forma
o de otra. Lo que ocurre es que pueblos diferentes se expresan
de manera diferente” (Dark 1978:32).
SOBRE EL ARTE DE OTRAS CULTURAS
Entre la ventana y el jardín
La Antropología del Arte es una rama reciente de la Antropología
que estudia cómo se manifiesta el fenómeno artístico
en las distintas sociedades: “Que este tema sea considerado
ahora dentro del área de la Antropología se debe
al trabajo de unos pocos antropólogos que han estudiado
el arte de otras culturas en el contexto de esas culturas y han
llamado la atención sobre el hecho de que el arte es una
parte importante de la cultura, tanto como lo son campos usuales
de estudio, tales como las relaciones familiares y el matrimonio,
las instituciones económicas y religiosas y las interacciones
ecológicas“ (Dark 1978:34).
Dentro de esta corriente Payne Hatcher presenta una definición
del Arte bastante completa. Ella explica que el Arte tiene tres
componentes: la estética, la destreza (en el texto original craftmanship)
y el significado. Según la autora, la estética es
el aspecto definitivo en la Cultura Occidental, aquel que se puede
reconocer sin importar el salto cultural, mientras que los otros
dos elementos están relacionados al contexto cultural. Payne
Hatcher dice: “El primer componente del arte, entonces, es
el puramente estético. Cuando pensamos en el Arte
como la producción de un ser humano, no es difícil
diferenciar la sensibilidad estética del artista
de su destreza, o de los distintos significados que
probablemente él busca transmitir” (Payne Hatcher
1985:9).
En las civilizaciones más complejas el concepto de Arte,
en su forma más pura, se ha condensado completamente en
el componente estético. Tal es el caso de nuestra civilización: “La
pintura no-objetiva o la escultura del modernismo extremo es toda
ventana. No hay jardín.[...] No hay nada que se deba esperar
sino la ventana” (Redfield 1971:47). Con respecto a esto
Payne Hatcher (1985:9) expone: “Este es el concepto de arte
como la existencia meramente para la contemplación estética,
el arte por el arte en sí, arte puro, y la necesidad de
la inutilidad de un objeto para ser llamado arte”.
Prown (1991:154) también plantea el mismo hecho: “El
arte como una categoría se distingue por la virtud de tener
una calidad estética, impuesta o auto-consciente,
como su característica primordial”.
En el caso del Arte en las culturas primitivas el elemento
que adquiere mayor fuerza es el significado, solo que éste
muchas veces es difícil de entender, tal como lo expone
Redfield (1971:47): “En contraste [con el Arte Occidental]
las obras del Arte Primitivo tienen un jardín detrás
de ellas, un jardín maravilloso, complejamente diseñado
[...] con una representación del mundo natural dentro
de un sistema de ideas y sentimientos que son desconocidos para
nosotros”.
Además, en el Arte Primitivo, por lo general,
lo más importante no es la obra de arte en sí (o
aquello que es considerado como tal dentro del Pensamiento Occidental)
sino su significado contextual o contexto simbólico,
lo cual se refiere a la función que tiene el objeto dentro
del ambiente social o psicológico: “El arte es importante
para crear la atmósfera en las ocasiones especiales como
los rituales y las festividades, no solo por su simbolismo, sino
también por exaltar la emoción y así el significado
del evento” (Payne Hatcher 1985:12). Prown con respecto a
este punto expone una reflexión interesante: “Las
obras de arte son ficciones [...] pintadas o talladas para comunicar
algo. Ellas son por lo general expresiones conscientes de fe” (Prown
1991:154).
En cuanto al otro componente del Arte la destreza (craftmanship)
consiste en las técnicas artísticas determinadas
por el desarrollo tecnológico en las sociedades preindustriales: “La
destreza está compuesta por (1) conocimiento, (2) destreza
física y (3) esfuerzo, en el sentido de la energía
empleada. En otras palabras la técnica del artista” (Payne
Hatcher 1985:10).
Así que como conclusión de la búsqueda de
una definición de Arte aplicable a otras culturas, se podría
usar la metáfora de Ortega y Gasset en una versión
extendida, donde no solamente importa la ventana y el jardín
detrás sino también como se hizo
la ventana.
Según dicha definición, el Arte Occidental se enfoca
sobre todo en la ventana más que en el jardín y
de hecho muchas veces ni siquiera hay un jardín detrás de
la ventana, mientras que en el Arte Primitivo lo esencial
es el jardín hasta el punto de que la ventana es
difícil de reconocer. Además como se trata de culturas
tan diferentes a la nuestra también es importante, para
su estudio y mejor comprensión, conocer como se
hizo esta ventana. Como lo expone Hess: “El trabajo
del artista solo puede ser entendido siguiendo o repitiendo la
creación de su imaginación, la cual, como la nuestra,
está enraizada en su vida social” (en Greenhalgh y
Megaw:1978:xiv).
SOBRE EL ESTUDIO DEL ARTE
Es mucho más sencillo dirigir el estudio del Arte hacia
la Estética, ya que comprende la naturaleza sensitiva del
Arte, y dentro de ésta el aspecto visual es de gran importancia
porque es aquello que se capta más rápidamente. Es
aquí donde se produce de forma inconsciente, el encuentro
con lo que Leach (1973:230) llama un “conjunto codificado
de ambigüedades”, presente en las obras de arte, cuando
ellas tocan nuestra percepción sensorial. Claro que la apreciación
estética en sí no constituye una experiencia artística
plena, ya que es algo a nivel superficial, sin embargo considero
que es el mejor punto para iniciar un razonamiento sobre el Arte
a nivel transcultural.
Es importante destacar que cuando se analizan obras de arte de
otras culturas, este estudio se puede hacer bajo los lineamientos
del Pensamiento Artístico Occidental o según los
parámetros artísticos de la cultura en cuestión,
en cuyo caso primero hay que determinar cuáles son y cómo
funcionan.
Primero vamos a revisar el caso del Arte de otra cultura visto
según la Estética Occidental. Aquí ocurre
un fenómeno interesante, ya que se extrae un objeto de su
contexto original y se coloca en uno completamente diferente, por
lo que dicho objeto adquiere un nuevo significado estético,
experimenta una especie de metamorfosis, simplemente por ser “exótico”.
Maquet, refiriéndose a los objetos producidos por otras
culturas, dice: “Ellos son arte para nosotros. Si
los examinamos notamos que prácticamente todos ellos fueron
producidos y usados en sus sociedades de origen como armas, utensilios
de cocina, insignias de rango, instrumentos mágicos [...]
Ellos no fueron creados como objetos de arte” (Maquet 1986:65).
Como se dijo anteriormente, es una característica muy particular
del Arte Occidental el crear objetos cuya única finalidad
es ser apreciados estéticamente. Esto no ocurre en el caso
del Arte Primitivo: “En la realidad construida por
los hombres y mujeres del mundo no letrado, el arte no era una
categoría lingüística, ni tampoco una práctica
social” (Maquet 1986:66) y más adelante él
continúa: “Cualquiera que fuesen los enfoques del
arte en nuestro mundo, los objetos de arte eran periféricos
al locus estético en la mayoría
de las sociedades. Es solo en Occidente [...] que los esfuerzos
estéticos creativos y apreciativos han convergido en arte” (Maquet
1986:70).
Es importante destacar que el locus estético es
un concepto utilizado por Maquet para explicar como se comportan
las intenciones estéticas en una cultura determinada, por
ejemplo en la Europa Medieval el locus estético era
la religión. Según este autor al trasladar un objeto
de su cultura de origen a otra se manifiestan los fenómenos
de cambios culturales: “Usualmente hay un cambio de locus
estético, y una metamorfosis de un objeto, de instrumento
a arte” (Maquet 1986:70). Como ocurrió con muchos
objetos de las culturas primitivas al ser introducidos
en la Civilización Occidental que fueron transformados en
obras de arte, especialmente al principio del siglo XX cuando se
redefinieron los parámetros estéticos del Arte Occidental
con el Arte Moderno.
De hecho el caso del Arte Moderno Occidental es un ejemplo bastante
ilustrativo del análisis estético en cuestión.
Al final de la I Guerra Mundial era evidente que el Arte estaba
en la búsqueda de un nuevo lenguaje, una nueva forma de
expresión que rompiera con todo lo anterior, ya los cambios
logrados por el Impresionismo y más tarde por el Expresionismo
parecían obsoletos. Los nuevos artistas estaban abiertos
a cambios radicales, algunos buscaban dentro de la mente, como
los surrealistas, otros orientaron su interés hacia el Arte Primitivo,
como los cubistas, siendo Picasso uno de los más importantes.
El Arte Moderno halló una máxima de expresión
en la Estética Primitiva, como escribió el historiador
de arte Werner Haffman (en Maquet 1986:74): “Ellos [los artistas
primitivos] invocaron el derecho a deformar la naturaleza en nombre
de la expresión”. Picasso principalmente, entre otros,
observó la solución estética que estaba buscando,
en los objetos de las Culturas Primitivas: “La tradición
Africana fue la única que realmente había resuelto
el problema de la representación en tres dimensiones” (Einstein
en Maquet 1986:74). Con respecto a esto Danto (1989:19) expresa: “El
descubrimiento de Picasso fue posible solo porque la pintura y
la escultura de su propia tradición había experimentado
cambios de tal índole que hicieron visible el valor de la
Escultura Africana, al menos para aquellos que participaron efectuando
esos cambios. [...] Al liberarse de sus propias tradiciones representacionales,
Picasso liberó el Arte Africano de esas mismas tradiciones”.
Es importante señalar que cuando se crearon aquellos objetos
que inspiraron a Picasso para innovar el Arte Occidental, no se
hicieron con esa intención estética, pero determinar
si ellos en sí poseían una finalidad estética
dentro de su cultura original es una tarea difícil. Para
ello habría que estudiar dichos objetos según los
parámetros artísticos de las sociedades que los produjeron.
Al
estudiar los lineamientos artísticos de otras culturas el
indicativo más evidente y más fácilmente reconocible
de que una sociedad posee una consciencia estética se encuentra
en el lenguaje, en el uso de palabras para denotar la belleza de
un objeto o de la naturaleza, tal como plantea Maquet (1986:60): “La
presencia, en un lenguaje, de palabras habituales que se refieren
a la calidad visual y a reflexiones intelectuales sobre la experiencia
estética, indican que la potencialidad estética ha
sido de hecho desarrollada en muchas sociedades, letradas e iletradas,
simples y complejas, antiguas y modernas”. En este
caso el lenguaje se convierte en una herramienta que permite al
antropólogo estudiar como funciona la Estética en
una cultura determinada al hacer evidente hasta que punto y de
qué manera este concepto se encuentra definido en términos
intelectuales.
Sin embargo la ausencia de vocabulario referente a la Estética
en una cultura no significa que ésta no tenga una producción
artística, sino que ocurre a un nivel menos consciente intelectualmente,
es decir el Arte no se realiza por el Arte en sí, sino en
función de algún concepto mejor desarrollado y más
importante para dicha cultura como puede ser la Religión
o la Tradición. Algo similar expone Payne Hatcher (1985:8): “Que
muchos lenguajes no tengan una palabra que pueda ser traducida
como Arte y puedan o no tener un concepto relacionado,
solo significa que el sistema conceptual de esa sociedad no incluye
la palabra, y puede o no incluir el concepto. Esto no invalida
el uso del término para referirse a los productos culturales
de dicha sociedad con propósitos comparativos. Muchos pueblos
no tienen palabras para economía o religión pero
eso no invalida estas categorías”.
El
siguiente indicio completamente estético, y hasta ahora
el único cuando se trata de culturas ya desaparecidas sin
registros escritos, sería el de la no-instrumentalidad,
es decir cuando el objeto presenta características que van
más allá de las necesarias para cumplir su función,
simplemente para hacer dicho objeto más llamativo estéticamente.
Como lo expone Maquet (1986:60) en el mismo artículo: “Estos
artefactos tienen características formales de morfología,
color y textura requeridos para su uso apropiado en sus contextos
habituales. Estos aspectos constituyen la forma instrumental del
objeto. [...] La forma puede tener adicionalmente una cualidad
visual que estimule una percepción estética en nosotros.
[...] Estas formas no-instrumentales indican un interés
estético dentro de esa sociedad”. Más adelante
el continúa: “Esta interpretación de artefactos
de culturas silentes -aquellas que carecen de textos escritos o
individuos vivos- es confirmada por las expresiones de culturas
verbales, que se manifiestan oral o textualmente: Es el interés
por la calidad visual lo que incentiva al creador de los objetos
a ir más allá de las formas requeridas por la instrumentalidad
del objeto” (Maquet 1986:62).
Este criterio de la no-instrumentalidad no es por sí mismo
fácilmente determinable, especialmente cuando se trata de
objetos que tienen una función política o ritual,
lo cual es muy común en las sociedades primitivas.
Estos artefactos presentan características que pueden ser
descritas como estéticas e incluso ellos mismos pueden ser
interpretados como obras de arte, siguiendo los lineamientos estéticos
occidentales, cuando en realidad dichas características
son parte de la función utilitaria que cumple el objeto
en su contexto original. Sin embargo estos objetos también
son útiles en el estudio del Arte en culturas diferentes
a la nuestra, como lo expresa Prown (1991:152): ”Los objetos
son evidencias, y la cultura material nos permite interpretar la
sociedad que los produjo de manera afectiva y subjetiva, lo que
es inalcanzable a través de los registros escritos únicamente.
[...] La diferencia esencial es que las obras de arte son expresiones
de creencias intencionales y conscientes [...] lo que
es bastante diferente a las expresiones inconscientes depositadas
en otros artefactos”.
En todo caso, se hace necesario hallar una manera de diferenciar
aquellos objetos con características netamente estéticas
(obras de arte) de aquellos que son funcionales (artefactos), especialmente
en los contextos anteriormente mencionados. Con respecto a esto
Greenhalgh y Megaw (1978:xv) dicen: “Reconociendo que no
hay una división válida en las llamadas sociedades exóticas entre
los objetos artesanales y las obras de arte, nuestra labor como
arqueólogos debe ser definir, tanto como sea posible, los
términos en que ambos son valorados tanto por los individuos
como por los grupos sociales de aquellas culturas que se estén
tratando de estudiar”.
Para resolver este problema Maquet (1986:62) propone: “El
criterio de la no-instrumentalidad requiere una interpretación
basada en un conocimiento general de culturas similares de la misma área,
de objetos de la misma clase que hayan sido mejor estudiados, así como
también su contexto [...] En las situaciones etnográficas
o arqueológicas usuales, las comparaciones son posibles,
y la no-instrumentalidad de las formas puede ser acertada”.
Sin embargo, como expuse al inicio de esta sección, el
estudio completamente estético del Arte es superficial,
no es suficiente si en verdad se quiere llegar a entender el fenómeno
artístico en otras sociedades, dado que aquello que realmente
hace de un artefacto una obra de arte, es el significado que éste
posee en su contexto original, el Contenido con el que
fue creado. Esto se hace más evidente en el Arte Primitivo,
ya que, como dije en la sección anterior de este ensayo,
este se enfoca principalmente en el jardín.
Con respecto a esto Redfield dice que la apreciación es
una experiencia estética, pero no es el entendimiento como
tal de la obra de arte, sin embargo la apreciación puede
ser seguida por el entendimiento (Redfield 1971:56). Danto expone
esta idea de una forma bastante completa: “Las obras de arte
tienen un rol superior al conectarnos con realidades más
elevadas; ellas están definidas a través de su posesión
de significado. Ellas deben ser explicadas a través de lo
que expresan. [...] Las obras de arte son un compuesto de pensamientos
y materia [...] tienen un poder que los artefactos no podrían
tener debido al contenido espiritual que ellas encarnan. Un artefacto
está moldeado por su función, pero el molde de una
obra de arte está dado por su contenido” (Danto 1989:31).
Con relación a esto Hegel expone que las obras de arte
pertenecen a la esfera del Espíritu Absoluto,
la dimensión donde habitan el arte, la religión y
la filosofía, mientras que los demás artefactos,
aunque sean hermosos, son parte de lo que él llama la Prosa del Mundo (Hegel
en Danto 1989:23). Este Espíritu Absoluto es
aquello que Talcott Parsons (en Tanner 1992:174) definió como Simbolismo Expresivo: “Un
símbolo expresivo es cualquier acto u objeto que representa
un sentimiento. [... Un símbolo] mediante el cual se incluye
el componente afectivo en la interacción” y más
adelante, con respecto a las obras de arte: “El surgimiento
de la obra de arte y del artista es una función del nivel
de diferenciación que se ha llevado a cabo en un sistema
social, con respecto a la simbolización expresiva”.
Como hemos visto el Contenido es aquello que define una
obra de Arte, así que es necesario determinar una manera
de estudiar dicho Contenido o Significado en
las obras de arte de otras sociedades, por lo que expongo a continuación
el método planteado por Payne Hatcher (1985:10-12) conformado
por cinco categorías:
- La primera categoría consiste en el significado que
yace en la representación, en su grado de realismo. Panofsky
(1993:53) lo define como el nivel pre-iconográfico,
en el cual se identifica la Forma pura.
- La segunda categoría (Simbólico I) es equivalente
al nivel Iconográfico según la clasificación
de Panofsky (1993:54). Se trata de lo que el arte representa
más allá de la manifestación visual. Aquí ocurre
la asociación simbólica entre la imagen y el
concepto o tema.
- La tercera categoría (Simbólico II) es también
conocida como nivel Iconológico en la clasificación
de Panofsky. En este nivel se descubre el Contenido de
la obra de arte mediante el entendimiento de los “valores
simbólicos” (Panofsky 1993:55), por lo que ésta
se puede interpretar en términos de la cultura que la
produjo.
- La cuarta categoría es la metáfora,
donde cualidades formales de la obra (el estilo) son relacionadas
con experiencias humanas.
- La última categoría de significado es el sentido
de misterio o significación creado por la ambigüedad, ésta
probablemente se encuentre en las diferencias entre los mensajes
transmitidos por los distintos niveles.
Un buen ejemplo que aclara este método es el análisis
que hace Payne Hatcher, en dicho artículo, de las estatuillaselaboradas
por la Cultura Fang (África Central). Estas estatuillas
africanas se encuentran, precisamente, dentro de las obras de Arte
Primitivo que inspiraron a Picasso y, en general, el Movimiento
Cubista.
Según Payne Hatcher (1985:11-12) en la primera categoría
se tiene que las estatuillas son imágenes de un hombre y
una mujer. Luego en la segunda categoría se sabe que la
escultura Fang es un icono de un ancestro del clan. En
la siguiente categoría esta estatuilla se convierte en un
símbolo del clan en sí, de la vida del clan, de la
Fuerza de la Vida para los sabios Fang. En la cuarta categoría
se demuestra que la simetría bilateral es la metáfora
de la oposición balanceada necesaria para alcanzar la vitalidad
(Fernández en Payne Hatcher 1985:12). Finalmente en la última
categoría se hace evidente que la estatuilla Fang combina
características de un hombre anciano con proporciones apropiadas
de un infante, lo cual refuerza el concepto que dicha cultura tiene
sobre la vida.
CONCLUSIONES
Finalmente, luego de buscar un concepto que englobe el Arte en
sus diferentes manifestaciones y de revisar posibles criterios
para el estudio del fenómeno artístico que se produce
en cualquier sociedad, los cuales van desde el nivel más
externo hasta encontrar una manera de adentrarse en los significados
más profundos de una obra de arte, todo esto usando planteamientos
expuestos por varios autores que van desde antropólogos
hasta historiadores de arte, pasando por filósofos, se ha
llegado a varias conclusiones.
La primera es que el Arte es un fenómeno presente en todas
las culturas, sin importar lo distantes o diferentes que sean,
es una necesidad del ser humano expresar de forma material la subjetividad
de los pensamientos, sentimientos, la manera de ver el mundo y
entender la vida.
Por esto el significado o contenido se convierte
en la definición del Arte con mayor validez a nivel transcultural.
Si se conoce el significado, el objeto seguirá manteniendo
su vigencia como obra de arte en cualquier sociedad y además
cumplirá su función de transmitir el “contenido
espiritual” o simbolismo expresivo. Mientras
que la estética o forma solo nos indica
si un artefacto puede ser considerado hermoso dentro de los parámetros
de la cultura a la cual ha sido trasladado, y en tal caso, solamente
se podrá apreciar su belleza.
Sin embargo, conocer el Arte de otras culturas es siempre una
vivencia enriquecedora, aún cuando no se pueda entender
su significado y la experiencia ocurra únicamente
a nivel estético. Un buen ejemplo de ello fue el encuentro
del Arte Occidental con las esculturas Africanas, trayendo como
resultado la reformulación de la Estética occidental
en el Arte Moderno.
Por último puedo decir que las obras de Arte, ya sean
consideradas como reflejo del simbolismo expresivo de
sus creadores o como el testimonio vivo de una cultura (aún
cuando ésta ya haya desaparecido), en su “alma” preservan
las creencias más profundas de dicha cultura, ellas son
las claves para acceder a una mundo extraño, desconocido.
Esa es la verdadera razón por la que el estudio del Arte
se hace tan importante, al final todo se condensa en tratar de
comprender lo que es ser humanos.
Curso DAP-426 ¿Arte o Artefacto?
Aproximaciones a la Antropología de Arte
(*) Estudiante de la USB.
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Prown J. D. 1991 On the "Art" in
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Universalia nº 25 Abril-Julio
2006
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