Y ME DI CUENTA QUE ESTABA SOLO
Un intento de pintar un retrato del sentimiento de la soledad
Daniel Lara
LA PREPARACIÓN DEL LIENZO SOBRE EL CUAL VAMOS A
PINTAR
Es siempre necesario
comenzar por prepararse. Inclusive en el creativo mundo de la
pintura donde algunos artistas dicen no saber lo que pintan hasta
haberlo terminado. Pero inclusive en esa circunstancia donde no
parecieran existir fronteras y todo está permitido existen
premisas sobre las cuales se construye, en este caso, la pintura.
Esto es aún más cierto en cualquier escrito: ensayo,
monografía, carta. Hay que sentar las bases e informar
al lector de qué es que se le va a hablar. Así pues,
sacamos nuestro lienzo en blanco y lo ponemos en frente de nosotros.
En él intentaremos delinear un sentimiento, dándole
forma y color a través de las emociones y sensaciones;
sentido y propósito a través del contexto y experiencia
lógica.
El retrato se transformará pasando de tener formas concretas
a abstractas; por lo que la imagen final más que un solo
resumen visual será una cadena de ellas. Como cualquier
pintura, representan una visión subjetiva en extremo. Una
ventana de la realidad vista de una única perspectiva.
Con una recolección de conocimientos y experiencias de
todos y de nadie, que después de estar tanto tiempo presentes
en el discurrir mental del pintor dejan de tener un autor y pasan
a formar parte de sus creencias e ideales y surgen finalmente
a través de los pinceles y colores.
Conoceremos a un individuo que servirá de modelo. Nos guiará
a través de los siguientes “tipos o niveles de soledad”:
1. Soledad física: se refiere a la situación
en la que el sujeto está literalmente sólo. No hay
presencia de ningún otro ser con el que puede interactuar.
Se explorará lo que se experimenta por la deprivación
física de compañía, donde el sujeto experimenta
otra serie de sentimientos solo: alegría, miedo; y se estudia
cómo altera la presencia de otra persona la experiencia
de ellos.
2. Soledad social: un nivel más profundo que la soledad
física. En términos materiales se está acompañado
de otros seres y personas pero no hay una conexión social
real: bien sea de amistad, camaradería o simple compañerismo.
Se explorará la situación en la que el sujeto a
pesar de estar rodeado de gente no logra conectarse con su entorno
y se mantiene sólo mientras está acompañado.
Sin poder compartir su vida con otros, sus logros, sus fracasos,
sus tristezas y su alegrías.
3. Soledad íntima: un nivel más profundo que la
soledad social. Definiremos la situación como la falta
de una persona con quien se puede compartir la esencia de lo que
se es, dos personas que profundamente se comprendan mutuamente.
Se le asignó “íntima”, pero igualmente
le llamaremos romántica e incluye la compresión
tanto mental como física.
4. Soledad espiritual/trascendental: definitivamente el nivel
más profundo de soledad que pudimos concebir en el momento
de delimitar los casos que queríamos explorar. Para estudiar
este “tipo” de soledad colocaremos al sujeto en una
situación donde pierde la fe en su espíritu y en
el hecho se ser un ente que trascenderá hacia algo más
grande que él mismo; se explorará el sentimiento
que experimenta al verse encontrado solo frente a su mortalidad,
temporalidad e increíble consciencia de existencia de sí
mismo.
El mero intento de clasificar la soledad en tipos es únicamente
una preparación, una base, para el desarrollo posterior.
Estas disgregaciones no pretenden ser conceptuales ni mucho meno
certeras, simplemente los marcos dentro de los cuales se intentará
pintar el retrato.
“Mi nombre es Fulanito de Tal, o aún mejor,
John Doe como me suelen llamar los Norteamericanos. Simplemente
como mi nombre lo dice soy no más que cualquiera. Una persona
común: tan única como el universo mismo, pero simultáneamente
regular, indiferenciable en la multitud. He estado solo, en innumerables
ocasiones y de distintas formas, pero no fue hasta hace poco que
me di cuenta que realmente estaba solo…”
¿Por qué hablar de la soledad? ¿Por qué
no hablar de la tristeza?. Ciertamente la soledad es algo que
parece estar y acompañar al hombre a lo largo de toda su
existencia. La verdad es que en esencial el hombre está
“solo” separado físicamente de su ambiente
y otros seres. Aún cuando se puede argumentar que “llevamos
un gentío encima” como ha sido ampliamente discutido
en el curso “Afectos y vida cotidiana”, a ese gentío
lo agruparemos en un único ser: separado del resto.
Al nacer lo hacemos solos. Es una experiencia
por la que indudablemente debemos pasar. Y aún cuando el
doctor asiste el alumbramiento y la madre ha pasado nueve meses
arduamente gestando al nuevo ser, el nacimiento es algo que intrínsicamente
marca el comienzo de una vida única, separada e independiente.
Igualmente al morir lo hacemos solos. El partir de este mundo
es algo por lo que eventualmente todos vamos a pasar y muy a nuestro
pesar sólo estaremos allí en ese crucial momento
nosotros mismos. Es que a pesar de ser algo que pareciera estar
tan íntimamente ligado con el hombre y su individualidad
y unicidad, constantemente nos encontramos huyendo de la soledad.
Así que la pregunta es: ¿Por qué NO hablar
de la soledad? ¿ Por qué no pasar un brevísimo
instante de tiempo meditando en lo que sentimos cuando estamos
solos?
FORMAS BASICAS, TRIANGULOS, CUADRADOS:
LO HECHO QUE CONSTRUYE
La
primera instancia de la soledad es estar solo. Literalmente estar
solo, no acompañado de ningún otro ser. Ciertamente
descrito al extremo en la película el Náufrago,
donde Tom Hanks, el protagonista, sufre un accidente aéreo
y es el único sobreviviente, quedando varado en una isla
inhabitada donde los equipos de rescate no llegaban. Separado
de la sociedad humana y de cualquier contacto con ser vivo de
alto nivel.
El estar sólo literalmente parece inducir
una interpretación de la realidad distinta a la hecha en
compañía.
“Así como aprendí
a hablar, sumar, restar y pensar, aprendí a tener miedo.
Sin razón aparente ni sentido. Me encontraba en una circunstancia
en la que aprendía que la magia y las fantasías
infantiles eran no más que eso: fantasías, no reales.
Mis padres me estaban demarcando lo que representaba el mundo
y todo aquello inexplicable no era más que algo no cierto.
Así pues todo aquello que no entendía o me parecía
demasiado terrorífico, sencillamente lo descarté
como fantasía y no real. Paralelamente con aprender a distinguir
lo cierto de lo que no lo es, ocurrió el encuentro con
la lógica, gracias a la cual podemos llegar a conclusiones
y seguir discursos. Fue en este momento donde me encontré
frente a frente con lo que a mi entender era un muy buen documentado
y “lógico” programa sobre la vida fuera del
planeta. Todo aquello desencadenó mi recién aprendida
lógica, y me llevó a creer y temer a los seres extraterrestres.
Aún cuando me repitiera que no era algo de temer, inconscientemente
estaba convencido, no sólo de que existieran, sino que
existían motivos para estar asustado. Sin embargo, no pasaba
todo el tiempo asustado de los “Aliens”, de hecho,
únicamente afloraba el miedo cuando no estaba acompañado.
Bastaba la presencia de alguien para asegurarme que nada podría
pasarme: ¿Qué realmente pensaba yo que podría
hacer la otra persona?... ¿Qué?... NADA… En
el medio de la noche solo en un cuarto encerrado, el miedo se
apoderaba de mí, de repente entraba en un estado de paranoia
total. De cualquier lado podían llegar. Y todos esos sitios
en la casa ahora sin guardia parecían tan vulnerables.
Poco a poco sentía como un frío helado en el estómago
me
hacían instintivamente querer salir corriendo. Por lo general
esas noches de terror terminaban conmigo durmiendo en el piso
del cuarto de mi hermana menor. Sencillamente el estar allí
acompañado anulaba todo lo demás. Realmente no era
lógico: ciertamente mi hermana no podría defenderme
ni protegerme de nada. Más al estar allí acompañado
todo se veía de forma distinta“
En una circunstancia en la que el sujeto está solo, parece
entrar en un estado de miedo irracional que no puede controlar.
Si analizara la situación objetivamente se daría
cuenta que el miedo es irracional: Existe la probabilidad que
en efecto no exista la vida en otro planeta, y si es así
podría no estar más avanzada que nosotros por lo
tanto igualmente aislada como nosotros en su planeta hogar, y
en el caso de existir y ser más avanzados que nosotros,
por qué lo escogerían a él entre tantas personas
en el planeta. Realmente las probabilidades de que la situación,
a la cual le tiene miedo, ocurra son mínimas. Sin embargo,
a pesar del análisis, el miedo continúa. Hasta que
encuentra compañía. Esta compañía
realmente no es una variable que modifique sustancialmente la
situación, debido a que si ocurriese el evento temido,
la compañía no podría hacer nada para evitarlo.
Pero aún así el miedo desaparece: es como si la
presencia de la otra persona despejara al sujeto y le permitiera
hacer el análisis lógico que nosotros hicimos y
alcanzar la calma. El estímulo de NO estar sólo
pudiera modificar la perspectiva del sujeto. Igualmente ocurre
en otras circunstancias, donde la presencia de otra persona aumenta
la confianza de un individuo en frente a una tarea específica.
Ya sea un proyecto intelectual o una pelea a puños.
Regresando al ejemplo de la película El Náufrago,
nuestro protagonista luego de pasar un tiempo bajo esta soledad
física absoluta, decide que tiene que suicidarse. En la
isla tiene todo lo que necesita para biológicamente sobrevivir,
y aún así decide que la única salida es el
suicidio. La compañía física es sumamente
importante y clave para el desarrollo normal de la vida del hombre:
tal como se encuentra en la literatura, el hombre es un animal
social. Sin embargo, el protagonista no se suicida, sino decide
“inventarse” la compañía. Una pelota
de volleyball con una cara dibujada en sangre representaba
a Wilson (venido de la marca de la pelota) el compañero
del náufrago. La cara de su nuevo amigo, siempre ahí
hecha de su propia sangre, era el recordatorio permanente del
significado de este ser virtual: lo único deteniéndolo
de ponerse la soga en el cuello. Así pues se inventó
una compañía, e igualmente se vio el mismo comportamiento
en el náufrago: cambió su perspectiva de la situación.
Pasó a dedicarse a su nueva vida de supervivencia compartiendo
y discutiendo con “Wilson”. Y es que debía
tratar a Wilson como un ser existente en todo momento, porque
sólo sobreviviría a su asesino, si nunca dejase
de creer en su propia mentira.
“Hoy fue uno de esos días en donde todo sale
mal. Simplemente el mundo parecía estar en contra de mi.
Como una avalancha, una gigante bola de nieve cayendo y creciendo,
los eventos negativos parecen atraerse entre sí. Por lo
que cuando las cosas salen mal, todo parece salir mal. ¡No
quiero ver a nadie! ¿Qué? ¿Que quieres? ¡No
me pidas nada! ¡No voy a ayudarte con nada! ¡Déjame
en paz! ¡Ahhhhhhhh! ¡Cállate! Hoy no puedo
soportar a nadie sencillamente no tengo la paciencia, necesito
estar solo. Necesito pensar. Meditar en qué es lo que estoy
haciendo y por qué las cosas están sucediendo de
esta manera. Umm ¿qué es lo que estoy haciendo mal?...”
Ciertamente la soledad física no es siempre un elemento
que confunde al individuo y pareciera enturbiar su visión.
Igualmente existen ocasiones en que el individuo necesita separarse
de la sociedad, “desacompañarse”, para hacer
una revisión interna. Es necesario estar físicamente
sólo para abstraerse y dialogar con uno mismo, en un proceso
de autoevaluación, de autodescubrimiento. Ciertamente no
es posible un diálogo con el Yo interior cuando se está
con alguien más, no solamente por la bastante obvia razón
de que para el tercer participante el Yo interior es absolutamente
invisible, sino que en el momento que un individuo debe proyectarse
hacia fuera para conectarse con su acompañante deja de
estar conscientemente en contacto con este otro él. Simplemente
habla con uno o lo hace con el otro.
Así pues, el “estar físicamente” solo
no es un sentimiento como tal, sino es más bien una circunstancia,
es el objeto desencadenador de emociones. Y aún cuando
no siempre él es bloque de construcción inicial
hacia sentimientos más complejo de soledad lo es en bastantes
casos. Ahora bien, de forma de conceptualizar concretamente nuestro
bloque inicial del camino hacia la soledad, le agregaremos otra
dimensión a este “estar solo” del que hemos
hablado: mental. Así pues podemos estar físicamente
solos o mentalmente solos. Usando este nuevo planteamiento dejamos
sentado el objeto objetivo del sentimiento de la soledad.
AGREGAMOS CONTEXTO A NUESTROS TRIÁNGULOS
Y CUADRADOS: EMPEZAMOS A CONECTAR LAS FORMAS
Ciertamente
estar acompañado o no es una primera etapa de la soledad,
sin embargo, no es absoluta. Un individuo puede estar acompañado
de muchísima gente e igualmente sentirse tan sólo
como nuestro amigo náufrago, inclusive más, porque
Tom Hanks tiene a su compañero Wilson. Es aquí donde
entra la segunda dimensión mental, el hecho de conectarse
con otros. El hombre no busca únicamente estar acompañado
sino compartir con el acompañante, interactuar, para finalmente
llegar a ser comprendido. Es como si el sujeto necesitara de ser
visto, identificado, y comprendido por otro para poder afirmar
el hecho que no está sólo. La gente se pasa toda
su vida en búsqueda de lazos y pruebas de que está
acompañado, porque lo cierto es que físicamente
estamos separados del resto de las personas, y es sólo
a través de la interacción que se llega necesariamente
a una comprensión y reconocimiento mutuo que establece
una conexión que enmascara nuestra separación física.
“Estoy atrapado en la cotidianidad de mi vida. En la
repetición incansable de las mismas rutinas de siempre.
Observando la vida detrás de una pared de cristal. Viendo
como todo parece ocurrir alrededor de mi, mas nunca a mi. ¡Que
insensato pretender repetir lo mismo una y otra vez y pretender
obtener resultados distintos! Estoy viendo cómo pasa mi
juventud delante de mí y yo no hago nada para vivirla.
Encerrado en esta serie de pasos seguros que he memorizado fielmente,
de los cuales no me quiero separar. Así pues, asisto a
mis clases donde veo a las mismas personas día tras día.
Atrapados en un pequeño salón con solo milímetros
de separación; pero aún así estoy solo. Tan
cerca pero tan lejos. Las conversaciones se hacen tan difíciles,
sencillamente no les interesa lo que me pasa, no les interesa
en lo absoluto. Pero cómo puedo pretender que yo sea importante
para ellos, ¡si ellos no lo son para mí! ¿Cómo
esperar que lloren mi eventual partida, si la imagen de ellos
desapareciendo de la tierra no me inmuta en lo absoluto? Así
es como me encuentro en el medio del océano Atlántico
pero estoy completamente seco. Encerrado en este círculo
vicioso donde pretendo que mis acompañantes se preocupen
por
mi, me reconozcan y me entiendan, cuando yo no hago nada para
que así ocurra y no me preocupo, reconozco ni entiendo
a ninguno de ellos. Y que diferente es la alegría, que
diferente es el logro, que diferente es el triunfo cuando no se
tiene con quien compartirlo y celebrarlo. Alcanzar una meta simplemente
deja un vacío enorme, una impresión de que lo logrado
no tiene valor absoluto. Así es como entonces me encuentro
moviéndome a través del pico de mi vida como un
robot, movido por la inercia inicial del primer impulso, y sin
fuerzas necesarias para modificar mi curso: destinado a no ver
paisajes diferentes, porque sigo tomando la misma ruta. Como lo
dijo Newton, un cuerpo tenderá a mantenerse en reposo o
movimiento a menos que una fuerza externa modifique su estado.
Y es que la clave esta en “fuerza externa” es necesario
que venga energía que no pertenezca al cuerpo físico
en movimiento/reposo para poder alterar su condición. Es
análogo a mi incapacidad de dejar de estar solo y conectar.
Necesito esa fuerza externa, necesito que alguien me reconozca
y quiera conectarse conmigo…”
Vemos que es posible continuar estando solo aún cuando
físicamente nos encontremos rodeados de personas. Sin embargo,
es importante discretizar dos niveles: ciertamente la afectividad
de nuestro sujeto si no tuviera a sus compañeros alrededor
sería completamente distinta, el simple hecho de estar
acompañado ya cambia la perspectiva. Lo que ocurre es que
al satisfacer el acompañamiento físico es necesario,
pasar a satisfacer un nuevo nivel, el acompañamiento mental.
Es así como es posible estar solo aún si físicamente
no se esté. Más no es posible conectar mentalmente
si no se está físicamente acompañado. Vemos
que el primero es un primer escalón y el segundo se construye
emocionalmente sobre él. Por lo que se puede concebir que
no exista el segundo escalón aún cuando existe el
primero. Tenemos lo siguiente:
En la construcción esquemática se puede ver como
a medida que vamos subiendo en la pirámide apenas en vías
de ser terminada, la afectividad de la soledad se va haciendo
mucho más compleja y abstracta, apelando cada vez más
a satisfacer necesidades psicológicas. Mientras que en
la base, pareciera tratarse de necesidades casi biológicas
y de supervivencia. Podríamos pensarlo en una especie de
instinto que impulsa al hombre a buscar a sus semejantes de forma
de aumentar sus probabilidades de subsistencia y progreso.
Igualmente ocurre con nuestro ejemplo del Náufrago. En
una primera instancia debe crear este ser imaginario-simbólico,
para generar un estado de pseudo-acompañamiento. De forma
de calmar este instinto inicial de necesitar estar cerca de alguien.
Pero luego él debe interactuar con “él”,
dándole personalidad, todo el tiempo “actuando”
como si Wilson realmente estuviese comprendiéndolo. El
náufrago consigue con este auto-engaño, crear una
situación donde se obliga a creer que esta proyección
de si mismo en el objeto inanimado está conectándose
mentalmente con él, escapando apenas, del segundo escalón
que hemos descrito.
Pero qué ocurre cuando se logra conectar con individuos
en los alrededores. Qué pasa luego de que se logra el entendimiento
mutuo grupal, cuando se alcanza el acompañamiento mental,
y se supera la segunda dimensión de estar físicamente
sólo. Surge un nuevo escalón, una capa más
profunda y compleja de estar sólo.
LE DAMOS COLOR Y SIGNIFICADO A NUESTRA
PINTURA: YA LOS TRIANGULOS Y CUADRADOS NO SON TRIANGULOS NI CUADRADOS
Ya
no se está acompañado por otros individuos y se
forma parte de una colectividad donde hay reconocimiento, comprensión
e interconexión mutua. Es ahora donde se da el salto a
una necesidad más compleja y profunda: lo romántico.
Ahora no sólo basta con la superflua conexión grupal
hecha en la pequeña colectividad. Es necesario una relación
mucho más profunda con un único individuo. Donde
exista adoración mutua, curiosidad de conocimiento personal
mutuo, genuina preocupación por el otro, llegando a convertirse
en la extensión del otro: Es la culminación del
estar solo, es convertir a otro individuo en el comienzo y final
de tu propio ser, un último intento en desterrar la posibilidad
de estar solo. Y es que en efecto en la consumación de
esta interconexión es donde el sujeto deja de estar físicamente
separado de cualquier otro ser luego de haber nacido en este mundo.
Es en este acto donde dos se convierten en uno, infinitamente
acompañados uno por el otro.
Es en este siguiente escalón donde surge la necesidad
de volcar la propia existencia hacia otro individuo. La muy tangible
posibilidad de terminar con el hecho de estar solos que nos abofetea
desde el momento en que nos separamos de nuestras madres. Y es
así como la posibilidad de la panacea hace que su falta
genere un sentimiento opuesto en igual proporción y magnitud.
Una soledad profunda, donde nos sentimos incompletos, porque de
repente nos damos cuenta que nuestra otra mitad está allí
afuera en algún sitio, y que sin encontrarla seremos por
siempre una única mitad.
“Muchos años han pasado desde
que superé el miedo irracional a la oscuridad, hace mucho
que estoy lo suficientemente acompañado para entender a
que debo tenerle miedo y a que no. Ya he pasado por años
de actividades y trabajos diversos y con ellos han venido e ido
compañeros, amigos y colegas, con los que he compartido
y filosofado de lo que es ser y no ser. Sin embargo, me siento
más solo que nunca, esencialmente incompleto, incomprendido
en extremo. Sé que existe y está afuera, esa otra
parte de mi mismo, que está buscándome con igual
empeño que yo lo hago a ella. ¡Sí existe!
Debe de existir. Tiene que existir, porque en mi cabeza la he
pensado construido y reconstruido un millón de veces. Simulado
nuestros encuentros, y escuchado plácidamente nuestras
conversaciones. Si sólo pudiera extender la imagen en mi
cabeza, pensarla con tal intensidad de hacerla real. O poder vivir
por siempre encerrado en ese mundo ideal donde ocurre una y otra
vez que la encuentro. Y es que no tiene sentido continuar si no
está aquí conmigo. Por que seguir, si sólo
con ella podré extender mi ser al infinito y dar un vistazo
a lo que significa vivir para siempre.”
Pasamos así un siguiente escalón en la pirámide
de la soledad que venimos de alguna forma u otra caracterizando.
En la que la falta de una compenetración sublime con otro
individuo ocasiona un vacío afectivo que ocasiona que el
resto del mundo alrededor deje de tener importancia, todo se enfoca
en la falta de esa persona: en esa soledad.

Podemos ver cómo el nivel de abstracción afectivo
nos dejan ver que este nivel de estar solo ya comienza a ser lo
que hemos definido como sentimiento en el curso “Afectos
y vida cotidiana”: el estado donde se toma un objeto-estímulo
y se internaliza, desde donde se analiza y ve desde todos los
puntos posibles, donde ocurre un proceso de abstracción
que induce a la reflexión.
Y es que es tan cierto que este estado afectivo de soledad íntima
es tan intenso, que es una de las mayores fuentes de inspiración
del arte y de la vida cotidiana. Y es que todo gira alrededor
de la satisfacción de esta soledad, es que la vida misma
es una historia de encuentros, y la existencia misma de la vida
depende en el impulso que esta soledad genera. Basta con escuchar
la radio o ver la televisión para escuchar historias y
canciones cuyo centro radica en la soledad de algún individuo.
Cuántas canciones tristes de despecho no nos llegan y conmueven,
colocándonos en el mismo nivel afectivo que el cantante.
Es como si el autor hubiese podido traducir en música el
sentimiento. Así el resto del mundo al escucharla identifica
el sentimiento en la música y ésta recuerda la propia
soledad. Nuestra vida cotidiana está rodeada de creaciones
producto de esta soledad, constantemente recordando que existimos
y vivimos para huir y acoger apasionadamente este tipo de soledad.
Así pareciera que hubiéramos llegado a la cúspide
de lo que puede significar estar solo. Vemos que la soledad íntima
rodea toda nuestras vidas cotidianas y se presenta casi como un
absoluto durante la plenitud del sentimiento. Sin embargo, indudablemente
sin importar si se ha podido encontrar a esa persona/complemento
surge la pregunta: ¿Y que pasa cuando desaparezcamos de
la faz de este planeta?. Sin lugar a dudas, estamos conscientes
de nuestra existencia, tanto como de nuestra mortalidad. Qué
ocurre después de esta vida es una de las preguntas más
fundamentales aún sin respuesta… por lo menos no
una respuesta más cierta que la que el naufrago se dio
a sí mismo cuando conoció a Wilson.
Y DE REPENTE OCURRIÓ EL MILAGRO:
LA PINTURA TOMÓ VIDA Y
MÁS QUE TENER SIGNIFICADO, PASÓ A SER Y EXISTIR

“En un momento de reflexión
pensé en lo poco que sé de historia. Pero aún
cuan breve a sido mi contacto con el conocimiento del pasado,
me he dado cuenta que Dios existe desde que nosotros mismos existimos,
o por lo menos desde que estamos conscientes que existimos. Vemos
como la religión ha guiado la vida de las personas y conducido
la evolución social de nuestros antepasados. Más
que un refugio espiritual era la excusa para ordenar la vida en
colectivo. Al mismo tiempo de satisfacer todas las preguntas sobre
nuestra propia mortalidad y debilidad. Y es que gracias a la religión
los judíos han podido sobrevivir miles de años,
como una sociedad. Y pobre de aquel que se atreva a discutir la
veracidad de la religión y de sus explicaciones de la vida.
Ciertamente una regla de oro, porque basta abrir la posibilidad
de cuestionar la existencia de ese ser superior para caer en el
más profundo abismo que se pueda imaginar. Y es que al
pensar en la maravilla ingenieril de nuestro cuerpo nos regocijamos
en la seguridad de estar protegidos y guiados por aquel eterno
Ser. Pero pensemos en las partes, las células, la sangre,
un órgano interno cualquiera, las neurona, las miles de
hormonas y diferentes componentes químicos, un embrión
de pocas horas de gestación. Cualquiera de ellas simples
cosas, componentes. Más a su conjunto lo llamamos hombre
y afirmamos que tiene que ser más que cuerpo y sangre:
tiene que ser espíritu también, y trascender. No
cabría preguntarse donde está esa fina línea
donde los miles de átomos de carbono se transforman en
vida, y luego en un ser que sobrepasa la materia para pretender
poseer una esencia eterna. Y es que cuando al pensar en la idea
de este espíritu eterno, en la cantidad de gente que ha
existido y existirá, en de dónde vienen estos espíritus
y en el cómo todo ha podido explicarse por una lenta evolución
y transformación de algo más sencillo, surge la
duda: ¿realmente existe Dios?. Y es en ese instante de
duda cuando ocurre el más horrible vacío interno.
Como si te chuparán desde adentro todo lo que eres, o piensas
que eres, por un brevísimo instante. Sientes como cae una
helada corrientes de hormonas de miedo que raspan todo tu pecho.
Y entras en un estado de pánico donde por una milésima
de segundo ABSOLUTAMENTE todo pierde sentido, caes en un estado
de locura momentánea. Sientes la más absoluta soledad
posible, en la que tu Dios y todo el significado de la vida te
abandonan y te gritan que tú no eres, y que no importa
que tanto pienses que existes no eres distinto del trébol
que eventualmente dejará de existir PARA SIEMPRE. Luego
de esta montaña rusa de emociones y pasajero estado de
locura, regresas a la realidad, y te dices a ti mismo que tiene
que existir Dios. Tengo que creer que es así. Debo creer
que mi capacidad intelectual y de lógica no me permite
comprender el absoluto de la vida y lo que existe más allá
del final del infinito universo, aquello que existió de
primero, que se creó a sí mismo y que permite que
carne y hueso sean también espíritu. Porque de cualquier
otra forma la vida no tiene sentido ni propósito. No puede
ser cierto que esté realmente tan solo…”

El más complejo estado afectivo para la soledad es la falta
de propósito, el abandono de Dios, de ese algo que nos
da o permite creer en la trascendencia, en el hecho que esta brevísima
vida no es más que una etapa que superaremos y pasaremos
a existir eternamente felices. Es un estado emocional altamente
intenso y peligroso mantenerse en él constantemente, ya
que se cuestiona el sentido mismo de la vida y en el momento de
crisis emocional, realmente se cree que la vida no tiene propósito.
Y aún así que es un estado extremadamente intenso,
todos los creyentes, todos aquellos que se encuentran acompañados
por Dios pasan por este estado de soledad muchísimas veces
en su vida. Todo esto porque creemos que no estamos solos únicamente
por Fe. Tenemos Fe en que Dios existe y ya. Pero junto a la Fe
está la duda, y todo el que tenga Fe en algún momento
dudará. Y una gran Fe no se mide por la falta de dudas
sino por la capacidad de dudar y regresar a tener Fe.
COMENTARIOS FINALES: LUEGO DE TERMINAR NUESTRA OBRA
Así construimos una imagen del posible camino que lleva
la soledad dentro de nuestra afectividad, desde el momento de
gestación inicial hasta su estado más abstracto
y absoluto. Se discutió en el curso “Afectos y vida
cotidiana” que el sentimiento es el nivel más complejo
de nuestra afectividad, y que pasa primero por la sensación
y luego por la emoción.

La primera etapa es sensación por el hecho de ser básica,
casi instintiva, muy relacionado con lo primal que se percibe,
se está objetivamente solo o no, y me siento mejor y más
confiado cuando no lo estoy. Seguidamente vemos la conexión
social como la emoción, porque existe un impulso de modificar
el mundo alrededor, implica un movimiento. Finalmente la cúspide
es el sentimiento, por su nivel de abstracción e interiorización.
La soledad es un sentimiento impulsador de alguna forma, ni malo
ni bueno. Simplemente necesario al igual que la tristeza lo es
para que exista la felicidad. Porque nuestra afectividad unitaria
que percibe sólo una cosa por vez, sólo nos deja
reconocer el blanco si antes hemos visto el negro.
Trabajo presentado en el curso Afectos y la
vida cotidiana CCF-213, de la Profesora: Marisela Hernández
Universalia
nº 24 Ene-Abr 2006
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