Lo Monstruoso y lo no tan Monstruoso del SIDA
Maximiliano Bezada*

El SIDA es un tema sobre el que mucho se ha hablado y escrito. Opiniones y puntos de vista muy distintos, y a veces opuestos, se confrontan en los debates sobre el tema y todos tenemos alguna idea u otra al respecto. Pero, ¿qué nos viene a la mente cuando pensamos en el SIDA? ¿Cómo lo representamos? ¿Qué concepto tenemos de la enfermedad y del enfermo, y cómo hemos llegado a construirlos?

Nada se sabía sobre el virus de inmunodeficiencia humana cuando en 1978 un joven homosexual en un hospital de la ciudad de San Francisco constituyó el primer caso norteamericano del, para entonces extraño, síndrome que hoy conocemos como SIDA 1. Después de él vendrían otros y ya iniciada la década de los ochenta comenzaron a darse, en California y Nueva York, cada vez más ocurrencias de dos padecimientos muy poco comunes conocidos como “sarcoma de kaposi” y “neumonía por Pneumocystis carinii”. El primero: un tipo de cáncer relativamente benigno, el segundo: una infección pulmonar. Ambos tenían en común el hecho de ser poco frecuentes y de atacar generalmente a individuos inmunodeprimidos o de muy avanzada edad. En todos los casos reportados en ambas costas Estadounidenses los pacientes que los presentaban tenían la particularidad de ser hombres homosexuales2. Los primeros reportes que trataron sobre estos casos difíciles de explicar los publicó el centro para control de enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) en junio de 1981 y es así como comenzaron a publicarse los primeros datos científicos sobre el tema3.

 

copyright 2001 Jonathan Brown

¿Como representar el SIDA? En estas caricaturas editoriales encontramos representaciones que evocan una imagen de muerte y parecen estar peculiarmente identificadas con el problema de la epidemia en África.

De esta forma surge a la luz pública una realidad nueva y amenazadora pero aún sin forma. Una enfermedad que parece terrible y para la cual no hay cura es sin duda un concepto inquietante y reclama un puesto en el imaginario de la sociedad que se ve afectada. El cuerpo social necesita aprehender de alguna forma los nuevos conceptos que irrumpen en su realidad, necesitan asimilarlos a su Imaginario Colectivo.

El imaginario colectivo puede definirse de una manera sencilla como el sistema de signos y símbolos que utiliza la cultura para codificar la realidad y determinar patrones uniformes de percepción4. Con el advenimiento de una nueva realidad surge la necesidad de asociar a ella un cierto simbolismo que permita reconocerla, percibirla y relacionarse con ella de una forma más o menos predeterminada.

Este proceso de asimilación del SIDA al imaginario se alimentó de la poca, y a veces confusa información que, como con cuentagotas, se podía obtener. Debido a que los únicos casos que se conocían en estos primeros años de la década de los ochenta se referían a hombres homosexuales se comenzó a pensar que sólo este grupo social era propenso a adquirir la enfermedad. Como consecuencia términos como el de “plaga gay” comenzaron a ser utilizados informalmente por columnistas e incluso doctores5 y los primeros nombres oficiales que se le dieron a la enfermedad se referían a su conexión con la homosexualidad. Uno de ellos, por ejemplo, es GRID, siglas en inglés de Síndrome de Inmunodeficiencia Relacionada a Homosexuales6. Según los medios de comunicación difundían la existencia de casos en mujeres y niños el panorama del SIDA fue cambiando y la percepción de quiénes eran propensos a contraerlo se expande para incluir a los usuarios de drogas intravenosas, personas de actividad sexual promiscua y descuidada, y hemofílicos. Sin embargo, este grupo no es homogéneo. De una forma no necesariamente discreta, la opinión pública comienza a señalar a los hemofílicos y a los niños que habían heredado la enfermedad de su madre como víctimas inocentes, lo cual puso a todos los otros enfermos en la posición de culpables e incluso de victimarios7.

Poco a poco se va construyendo así un imaginario en torno al SIDA. En sus inicios estuvo marcado por la ignorancia y el prejuicio, resultando en una clara identificación de la enfermedad con la muerte y en la creación de una cultura del miedo.

Las primeras campañas de información no tardan mucho en surgir. Fueron dirigidas a aquellas personas que podrían estar infectadas con el virus, con el fin de tratar de informarles sobre su condición. Más adelante empiezan las campañas propiamente preventivas y utilizan reiteradamente el elemento de la muerte. En 1986-87 en el Reino Unido se desarrolla una campaña con el slogan “don’t die of ignorance” (no muera de ignorancia) acompañado con imágenes de la palabra AIDS tallada en una lápida funeraria. En Australia en 1987 sale al aire una campaña televisiva cuyo tema está centrado en la imagen tradicional de la muerte jugando al boliche y derribando a hombres, mujeres y familias enteras8. Esta campaña en particular tuvo un impacto muy grande sobre el público, pero años más tarde uno de los responsables de su realización admitiría que tuvo el efecto negativo (y no pretendido por los creadores de la campaña) de satanizar a los enfermos ya que se producía una identificación de la figura de la muerte con las personas que ya infectadas propagaban la enfermedad9.

Es así como rápidamente el enfermo seropositivo, particularmente aquel que pertenece al grupo de los “culpables”, comienza a ser estigmatizado y a asumir el papel de monstruo.

copyright 1984  Terry Higgins Trust

copyright 1987 Department of Health and Social Security

Dos de las primeras campañas de información prevención en el Reino Unido. En la primera (arriba) se observa un estilo informativo. En la posterior (abajo) la palabra AIDS tallada en una lápida evoca una imagen de muerte.

copyright 1987 Australian Department of Health

En 1987 la primera campaña educativa y de prevención se llevó a cabo en Australia. El tema de la misma fue el de la muerte jugando boliche y derribando a hombres mujeres y familias enteras. La campaña tuvo un enorme impacto pero contribuyó a satanizar a los portadores del virus.

Lo monstruoso es “aquello que se enfrenta a las leyes de la normalidad”10. El monstruo es “la desviación de la norma, aquello que está más allá del orden, de la regularidad y de la Ley”11. Vale la pena preguntarse ¿para qué necesitamos a los monstruos? La vida en sociedad hace necesaria la imposición de reglas y convenciones, ésa es una de las funciones de la cultura. Ella, alimentándose de las habilidades adquiridas, experiencias vividas y memoria histórica “instituye las reglas/normas que organizan la sociedad y gobiernan los comportamientos individuales”12. Pero estas normas necesitan una base, un sustento. Necesitan ser legitimadas y muchas veces van a serlo a través del temor; “cada regla necesita de los miedos que la sostienen”13. Para generar ese miedo creamos a los monstruos; su función vendría siendo atemorizar a la gente para que acepte sumisamente su papel en la sociedad, para hacerle saber que quebrantar las reglas trae consecuencias nefastas14.

De modo que el monstruo está íntimamente ligado al miedo y a la trasgresión de las normas. En el caso del SIDA tenemos todos los ingredientes que necesitamos: grupos sociales señalados como culpables de contraer y transmitir la enfermedad que además se identifican con el irrespeto por las normas tradicionales de la sociedad (homosexuales, drogadictos, promiscuos) y una dosis muy fuerte de temor causado por la certera muerte que se asociaba a la enfermedad. Los papeles estaban repartidos: a la comunidad en general le correspondía mantenerse dentro de los parámetros de conducta social y sexual considerados como normales y a los enfermos de SIDA la penosa tarea de ser el ejemplo viviente y monstruoso de lo que puede resultar de salirse de ellos.

Las consecuencias son terribles. Se crea una fobia social hacia todo aquel que haya contraído la enfermedad. En 1985 a un chico seropositivo de 13 años de edad en Estados Unidos se le prohibió seguir asistiendo a la escuela y en 1987 una familia es obligada a abandonar de residencia de Arcadia, Florida cuando, después de recibir múltiples insultos y amenazas, su hogar es incendiado. Todo esto por el simple hecho de que los tres hijos eran portadores del VIH15. Estos dos casos se refieren a niños hemofílicos, es decir aquellos considerados como los más inocentes, y sin embargo despiertan esta mezcla de temor y odio. En cuanto a los grupos “culpables”, comenzaron a verse afectados por discriminación en el lugar de trabajo y en 1986 se introduce en los Estados Unidos la primera demanda legal por este concepto16.

Ya para esta época las instituciones pertinentes se habían avocado a crear dispositivos de educación y prevención. Como en los dos casos citados anteriormente la imaginería prevaleciente era una asociada a la muerte. Esto evidentemente no ayudaba a eliminar el título de monstruo que se había adjudicado a los enfermos de SIDA. Sin embargo, una respuesta empezaba a surgir. Los grupos activistas en defensa de los derechos de los enfermos comenzaron a crear una imaginería alternativa dirigida directamente a atacar el miedo y el prejuicio. Ejemplos de ellos son afiches como el creado por la colectiva de artistas “Gran Fury” en Nueva York en 1987 con el slogan “All people with AIDS are Innocent” (Todas las personas con SIDA son inocentes) y el famoso afiche que presenta un dibujo infantil y el slogan “I have aids, please hug me” (Tengo SIDA, por favor, abrázame)17. De esta manera trataban de enseñar al público que los enfermos de SIDA son personas como todos y que el contacto casual no supone un riesgo. También en este sentido, en 1987 la princesa Diana de Gales tuvo el gesto de estrechar la mano de un paciente de SIDA sin colocarse guantes en la ceremonia de apertura de la primera sala hospitalaria dedicada especialmente al SIDA en Inglaterra18.

copyright 1987 Centre for Attitudinal Healing    copyright 1988 New York Public Library

Ya entrada la década de los ochenta y como respuesta a la imaginería de muerte que rodeaba al SIDA algunos artistas y activistas comienzan a crear un imaginario alternativo que busca humanizar la visión que la sociedad tenía de los enfermos.

Pero estos y otros esfuerzos no han logrado erradicar por completo la visión monstruosa que existe del enfermo de SIDA. La asociación de la enfermedad a la homosexualidad, la drogadicción y la promiscuidad persiste aún sobre todo en los sectores más conservadores de la sociedad. Así se publican aún en numerosas revistas artículos que aluden al SIDA como causa de vergüenza, o incluso castigo del pecado. Ejemplo de ello es un artículo publicado en una revista mexicana en el año 2001 con el título de “El SIDA, Vergüenza social y freno a conductas sexuales”19. En el referido texto no sólo se identifica a los homosexuales y trabajadoras sexuales como los portadores y transmisores de la enfermedad, sino que además se afirma que el contagio ocurre “cuando por los efectos del alcohol o la droga se llega a las prácticas sodómicas”20 y aboga por la construcción de una ciudadela donde pueda ubicarse a todas las personas proclives a transmitir el virus de modo que se minimice el riesgo de infección.

El problema se mantiene también por la asociación del SIDA con la sexualidad “anormal” y de ésta con el pecado. Según información publicada por el capítulo colombiano la Organización de las Naciones Unidas para el SIDA (ONUSIDA) el 83% de los pecados confesados en confesionarios católicos es de índole sexual21. Existe una fuerte identificación del sexo con la transgresión y del SIDA con el sexo, de modo que no queda sino señalar a los enfermos de SIDA como transgresores, monstruos. Esto ha dificultado la implementación de programas de prevención basados en la educación sobre el uso del preservativo como medio de protección en países como Chile, donde algunos medios de comunicación controlados por la iglesia católica se han rehusado a transmitir cuñas de este tipo por considerarlas inmorales y señalan que el único medio de prevención seguro es la abstinencia22.

Otros movimientos religiosos de corte más ortodoxo e incluso fanático se atreven a ir mucho más lejos en la condena del SIDA y de lo sexual. No es difícil encontrar en Internet afirmaciones como: “el sida es únicamente el monstruo que atemoriza a la humanidad y que ha surgido a partir de este libertinaje sexual”23. Existen también aquellos que van tan lejos como manifestar que es la voluntad de Dios castigar a los homosexuales a través del SIDA afirmando: “…y serán llamados por Dios prostitutos de Satanás y por ellos trajo mi Padre el Sida”24.

Pero no sólo en el discurso del acusador se escuchan estas alusiones a lo monstruoso. Existe conciencia por parte de los individuos enfermos de que aceptar su enfermedad implica ser excluido por la comunidad. “Reconocer que se tiene el sida es adquirir la etiqueta de monstruo”25 se admite en un artículo sobre la epidemia en África.

Lo que observamos es la exclusión y el rechazo del enfermo, efectos que pueden en muchos casos causar daños psicológicos tan graves y dolorosos como los daños biológicos que causa la enfermedad. Otro de los efectos nefastos de esta forma de pensar es la creación de una falsa noción de seguridad para aquellos que no forman parte de los grupos excluidos. Si consideramos que los homosexuales, prostitutas y personas de conducta sexual anormal son los causantes del SIDA y los propensos a contraer y transmitirlo bastaría con evitar todo contacto con estas personas y estas conductas para protegerse. Nada más lejano a la verdad. De modo que cuando se asocia la infección por VIH únicamente a conductas sexuales mitificadas y rechazadas por la sociedad, se emplean discursos que entienden la genitalidad y su ejercicio como algo “sucio y pecaminoso” o se considera a las personas viviendo con SIDA como “pecadores” y ayudarlos como una “obra de caridad”, se obstruye y obstaculiza la implementación de campañas de prevención que funcionen. Se impide así “desarrollar propuestas educativas abiertas, informativas y generadoras de habilidades para la toma de una decisión personal meditada e informada”26.

Algunas de las primeras campañas implementadas en América Latina, y particularmente en México, estaban basadas en el miedo a la muerte y el énfasis en los grupos de riesgo (homosexuales, prostitutas, drogadictos). Esto, además de generar esa falsa noción de seguridad que acabamos de discutir, despertaba un miedo tal en el receptor que éste acababa por bloquearse y finalmente eliminar el mensaje de su conciencia27.

En otras palabras, el estigma y la discriminación se erigen en “barreras insalvables a la hora de la prevención de la transmisión del virus”28. Según declaraciones del director ejecutivo de ONUSIDA, “la única forma de realizar progresos contra la epidemia es sustituir la vergüenza por la solidaridad, y el miedo por la esperanza"29.

Las campañas que se implementan actualmente han cambiado su enfoque para adaptarse mejor a esta nueva visión del problema, haciendo más énfasis en la vida que en la muerte y tratando de derribar los prejuicios y estigmas. Podemos citar como ejemplo las campañas de prevención chilenas recientes. La campaña llevada a cabo por CONASIDA en los años 1994 y 1995 con el título “Unidos por la Vida” utilizó cortos difundidos por televisión donde aparecían amas de casa, estudiantes o empresarios admitiendo que vivían con el virus de inmunodeficiencia humana. Uno de los afiches usados en esta campaña es particularmente elocuente puesto que tiene un slogan que reza: “El grupo de riesgo del SIDA en Chile lo integramos 13.348.401 personas” usando la cifra de la población total de Chile según datos del censo de 199230. Aquí observamos un claro intento por derribar el concepto erróneo de los grupos de riesgo e involucrar a toda la población en el esfuerzo por controlar la propagación del SIDA.

copyright 1994 CONASIDA

La campaña chilena ¨Todos por la Vida¨ de 1994-95 buscaba derribar los estigmas y los prejuicios respecto a los grupos de riesgo. Para ello utilizó cuñaas televisivas en la que empresarios y amas de casa admitian ser portadoras de VIH y afiches afirmando que el grupo de riesgo lo constituímos todos.

Otra campaña digna de mención en este sentido fue la que llevó a cabo UNAIDS o ONUSIDA en el período 2002-2003 con el título “live and let live” (vive y deja vivir)31. Los afiches que formaron parte de esta campaña tratan de lograr la empatía del espectador con el enfermo de SIDA poniéndolo en su lugar mientras rostros llenos de desprecio lo miran y se pueden leer frases como “tú ya no eres mi hijo” o “es tu culpa, eres una mala mujer”. El epígrafe de la imagen dice: “Vive y deja vivir, ayúdanos a combatir el miedo, la vergüenza, la ignorancia y la injusticia en todo el mundo”32. Diferentes afiches muestran diferentes situaciones e incluyen diversas frases aplicadas a contextos sociales distintos pero en todos los casos el mensaje es el mismo: el prejuicio es dañino y doloroso para los enfermos de SIDA que tienen que sufrirlo y debe ser erradicado.

En Sur África, y con otro público en mente, se han hecho esfuerzos para ayudar a los niños a desenvolverse en un ambiente en el que más del 10% de la población es portadora del VIH. La versión surafricana de la serie infantil “Plaza Sésamo” llamada “Takalani Sesame” introdujo en septiembre del 2002, al comenzar su segunda temporada, un nuevo personaje que es seropositivo. Paradójicamente (y como es el caso de casi todos los personajes de plaza sésamo) se trata de un pequeño monstruo. El nuevo personaje, femenino y con una edad de 5 años, está diseñado para ayudar a eliminar los estigmas alrededor del SIDA. Kami (ése es su nombre) es audaz, amigable y un miembro activo de su comunidad. El programa, dirigido a niños con edades entre 3 y 7 años, pretende promover la aceptación y el trato positivo de los niños hacia los portadores del VIH así como ayudarlos a entender mejor la enfermedad33.

copyright 2002 UNAIDS

Estas imágenes pertenecen a la campaña ¨Live and let Live¨ llevada a cabo en el período 2002-2003 por UNAIDS. Esta serie de afiches pretende crear en el receptor cierta empatía con el portador del virus y luchar contra el prejuicio, el miedo, la vergüenza y la ignorancia.

 

Kami es el nombre de la nueva integrante del elenco de "Takalani Sesame", la versión surafricana del popular show infantil "Plaza Sésamo". Una pequeña monstruo femenina de 5 años de edad es portadora del virus del VIH. Es inteligente y afectuosa y conoce mucho sobre el VIH y el SIDA. El personaje fue introducido para estimular una conducta positiva en los niños hacia los portadores del virus y para ayudarlos a entender mejor la enfermedad. Más del 10% de la población surafricana es seropositiva.

El VIH y el SIDA son realidades que nos afectan a escala global desde hace ya más de 20 años. Es comprensible que las primeras percepciones que se manejaron estuviesen marcadas por el temor, temor ante una amenaza nueva y totalmente desconocida. Inclusive, las razones por las cuales en un principio se pudo haber creado una asociación entre el SIDA y lo monstruoso por medio de una vinculación con lo prohibido no son demasiado oscuras. Pero ya ha pasado suficiente tiempo y se sabe lo suficiente como para entender que el enfermo de SIDA puede ser un integrante de la sociedad tan valioso como cualquier otro y que puede vivir una vida productiva e incluso aspirar a una expectativa de vida normal si recibe el debido tratamiento. Sin embargo, los fantasmas del prejuicio y la discriminación se hacen presentes aún y, lejos de ayudar a detener la epidemia a través del miedo al contagio, obstaculizan los esfuerzos que se hacen para que la gente esté informada y sepa tomar las decisiones correctas en los momentos adecuados.

Debemos olvidar al monstruo que construimos, ya tenemos suficientes y no necesitamos más. Es hora de que todos terminemos de entender que el virus de inmunodeficiencia humana puede ser una amenaza para nosotros, pero el que se ve obligado a vivir con él no lo es.

(*) Estudiante de Ingeniería Geofísica.
     Curso Imaginario Monstruoso (LLB-547), dictado por la Prof. Beatriz Ogando.


Notas:

(1) S/A. "SIDA, La plaga más mortífera de la Historia".
(2) Fredriksson, Jenni y Kanabus, Annabel. "The History of AIDS up to 1986".
(3) Ibidem.
(4) Bustillo, Carmen "Imaginarios y representación ficcional", p. 23, 25.
(5) S/A, "Gay Disease".
(6) Fredriksson, Jenni y Kanabus, Annabel. "The History of AIDS up to 1986".
(7) Atkins, Robert. "Off the Wall: AIDS and Public art".
(8) Fredriksson, Jenni y Kanabus, Annabel."The History of AIDS from 1987 to 1992".
(9) S/A. "AIDS Pioneer Regrets 'Grim Reaper' Demonization of Gay Men".
(10) Cortés José Miguel. Orden y Caos. Un estudio cultural sobre lo monstruoso en las artes, p. 18.
(11) Jiménez, Fabián. "Esbozos de una Analítica de lo Monstruoso".
(12) Morin, Edgar. "Cultura n Conocimiento", p. 74.
(13) Lafuente Antonio y Valverde Nuria. "¿Qué se puede hacer con los monstruos?", p. 17.
(14) Cortés José Miguel. Op. Cit., p. 19.
(15) Schmalz, Jeffrey. "Family Afflicted by AIDS Finds a Better Life"
(16) Fredriksson, Jenni y Kanabus, Annabel. "The History of AIDS from 1987 to 1992".
(17) S/A. "A history of HIV & AIDS Posters from around the world"
(18) Fredriksson, Jenni y Kanabus, Annabel. "The History of AIDS from 1987 to 1992"
(19) Sosa, Germán. "El SIDA, vergüenza social y freno a conductas sexuales"
(20) Ibidem
(21) S/A "Aspectos Psicosociales, Religiones/Creencias"
(22) González, Gustavo. "Chile: Campaña de VIH/sida y doble discurso de la TV"
(23) MAHARAJ, Srila. "La Plaga del Siglo… SIDA"
(24) Cubillos, Andrés. "Presagios".
(25) McGeary Johanna. "La Muerte de un Continente"
(26) S/A "Aspectos Psicosociales, Religiones/Creencias"
(27) Reyes, Alicia. "El SIDA y el miedo"
(28) Suarez, Juan Manuel. "Rompiendo las barreras del Estigma"
(29) En: Suarez, Juan Manuel. "Rompiendo las barreras del Estigma"
(30) http://www.conasida.cl/campa/campa3.htm
(31) S/A. Página oficial de UNAIDS World Aids Campaign 2002-2003
(32) Ibidem
(33) S/A. "Meet Kami, as Takalani Sesame launches its second season with a new Muppet living with HIV".


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Universalia nº 21 Ene-Abr 2004

 












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