DESCUBRIR SUS SECRETOS:
atribución de significado a las iconografías distantes
en tiempo y espacio
Vanesa Ferro Pascarella* ¿podemos
entender los significados de las iconografías distantes de
nosotros en tiempo y espacio
a pesar de los prejuicios estéticos de nuestra cultura y
de las asociaciones simbólicas específicas?
Antiguas civilizaciones han dejado sus huellas en la tierra, sus
vestigios han permanecido ocultos durante largo tiempo, y al ser
hallados pueden revelar los secretos de la cultura y la sociedad
por las que fueron producidos. El estudio de la cultura material
por parte de arqueólogos, antropólogos e historiadores
de arte persigue como fin último responder a las preguntas
que surgen de cada nuevo descubrimiento: ¿cuándo,
cómo, quién y por qué fueron realizados estos
objetos?
El término cultura material se refiere a todos aquellos objetos
tangibles realizados por una sociedad específica (Tilley
2002, 233), así mismo puede hablarse de cultura material
representacional en la cual el objeto en cuestión es precisamente
una representación de algún fenómeno real o
idea, es decir, el contenido temático (Antczak 2002, 241);
sin embargo descifrar su significado no es tarea fácil.
Al estudiar las obras de civilizaciones aún existentes la
comunicación directa proporciona datos, quizás no
suficientes pero si necesarios para profundizar en el conocimiento
de las costumbres, creencias y en general, la manera de ver el mundo
de un grupo particular. En cambio, cuando el interés se da
sobre un pueblo ya extinto el trabajo se vuelve más arduo,
pues no hay forma de preguntar o averiguar directamente el significado
de cada una de sus creaciones culturales, y en especial cuando se
trata de pueblos ágrafos ya que no existe punto de partida
ni basamento tangible para la formulación de ninguna hipótesis
concreta.
Sin embargo, la dificultad que representa el proceso de atribución
correcta de significado a algún objeto de cultura material
representacional no implica imposibilidad, así como también
es cierto que nunca se podrá tener completa seguridad de
que la interpretación hecha sea totalmente correcta y por
ende debe estar siempre abierta a la reinterpretación.
Este trabajo se va a centrar en las representaciones
icónicas, las cuales se definen como representaciones de
objetos, acciones, ideas o conceptos utilizando correspondencias
entre estas estructuras abstractas y sus formas de visualización
(Antczak 2002, 245). Las mismas se dividen en representaciones icónicas
de primer orden y de alto orden. Las representaciones
de primer orden son aquellas en las que el contenido temático
es un objeto real. Las representaciones de alto orden son aquellas
en las que el contenido temático corresponde a objetos mentales
o ideas (op. cit., 247).
Análisis iconográfico
De realizar el análisis temático de una representación
icónica se encarga la iconografía. No obstante,
el contenido de esa iconografía debe ser entendido en tres
diferentes niveles: pre-iconográfico, iconográfico
e iconológico (Panofsky 2002, 221; ver también Alcina
Franch 2002, 213-214).
Al estudiar los significados de las representaciones icónicas
se identifican tres estratos de significación equivalentes
a cada uno de los niveles de análisis temático antes
mencionados.
El contenido temático primario o natural corresponde
al nivel pre-iconográfico, se subdivide en fáctico
(reconocimiento de la forma, si es una figura humana, una especie
animal o vegetal, etc.) y expresivo (reconocimiento de la actitud
o expresión del objeto en caso que represente a un ser humano,
dios o animal).
Este reconocimiento inicial es realizado con base únicamente
en la experiencia práctica, sin embargo el escrutinio en
esta etapa puede resultar considerablemente difícil, en especial
si se trata de objetos primitivos:
Incluso en esta esfera encontramos un problema
peculiar. Omitiendo el hecho de que los objetos, eventos y expresiones
representados… pueden resultar irreconocibles debido a
la incompetencia o malicia del artista, es, en principio, imposible
llegar a una correcta descripción pre-iconográfica,
o identificación del contenido temático primario,
aplicando indiscriminadamente nuestra experiencia práctica….
Nuestra experiencia práctica es indispensable, tanto
como suficiente, como material para una descripción pre-iconográfica,
pero esto no garantiza que sea correcta. (Panofsky 2002, 224;
traducción del autor)
El contenido temático secundario
o convencional asocia la composición con temas o
conceptos, que pueden ser llamados imágenes. La identificación
de dichas imágenes corresponde al dominio de la iconografía,
la cual es definida por Panofsky como la rama encargada de estudiar
el significado de los objetos en contraposición a su forma
(op. cit. 222). En este nivel se requiere familiaridad
con todos los aspectos, condicionantes o no, de la cultura en la
que se produce el objeto que se trata de analizar (ver Alcina Franch
2002, 215). Es lógico pensar que dicha familiaridad con la
cultura estudiada no es garantía de estar realizando un análisis
completamente acertado.
Por último, el significado intrínseco, correspondiente
a la iconología, constituiría la explicación
del tema que representa el objeto en cuestión. La iconología
“es un método de interpretación que procede
más bien de una síntesis que de un análisis”
(Panofsky 2002, 224). Al igual que la identificación correcta
de los motivos (formas) es el requisito previo para su correcto
análisis iconográfico, así también el
análisis correcto de las imágenes es el prerrequisito
para una correcta interpretación iconológica.
Estudio del significado en arqueología
La arqueología “es el estudio de la cultura material
como una manifestación de estructuradas practicas simbólicas
constituidas con significado y situadas en relación a lo
social” (Tilley 2002, 232; traducción del autor). En
referencia completa a esta, el estudio de la significación
de la cultura material se debe dar dentro del análisis de
su contexto.
Según Antczak (2002, 259), el análisis de la cultura
material representacional en arqueología se da en dos fases:
la percepción (identificación de la forma), y entendimiento
(reconocimiento del contenido temático del objeto), en forma
análoga a los procedimientos ya explicados. Además
esta autora agrega una tercera dimensión, la de contextualidad
(o proceso de contextualización), en la cual se incluye tanto
el contexto arqueológico en el que el objeto fue hallado,
como el (re)construido contexto social en el cual dicho objeto fue
producido y usado.
Hallar el significado correcto: dificultades
Seguir todos y cada uno de los pasos anteriormente mencionados no
implica el que se vaya a llegar a un resultado correcto en cuanto
a los significados de los objetos de cultura material que son propósito
de estudio.
El primer inconveniente es el hecho mismo de que las iconografías
comunican por contenido y por ende para entender su significado
se debe tener cierto conocimiento sobre la cultura o sociedad que
las produjo. Según Payne Hatcher el significado de un icono
es descifrable para los miembros de una sociedad específica
quienes por tradición lo conocen, pero un extraño
con respecto a esa sociedad debe ser informado: “uno solo
puede saber el significado de un icono cuando es proporcionada en
palabras su designación por alguien quien conoce el sistema
iconográfico del que forma parte” (Payne Hatcher 2002,
271; traducción del autor).
La subjetividad al momento de realizar las interpretaciones también
influye en la exactitud de las mismas: “en cualquier estrato
en el que nos movamos, nuestras identificaciones e interpretaciones
dependerán de nuestra carga subjetiva” (Panofsky 2002,
228; traducción del autor; ver también Tilley 2002,
234).
De forma análoga, los significados se ven afectados por los
contextos en los cuales la interpretación tiene lugar (Tilley
2002, 234), y pueden variar junto con estos.
Según Antczak la cultura material es mucho más ambigua
que el lenguaje, pues mientras este último se compone de
significados únicos y lineales la primera lo hace de significados
múltiples y multidimensionales: “la cultura material
prehistórica, particularmente distante en tiempo de sus autores/productores/usuarios,
puede tener numerosos significados en diferentes contextos de interpretación“
(Antczak 2002, 251; traducción del autor).
Sobre esta variedad de significados, Payne Hatcher señala
que incluso dentro de una misma cultura puede existir una variedad
de interpretaciones sobre una iconografía. Esta variedad
se produce generalmente en las sociedades clasificadas con respecto
a la edad (aquellas en las cuales el lugar que ocupa un miembro
dentro de la sociedad varía conforme con la edad, los ancianos
se convierten en los miembros más respetados pues acumulan
sabiduría y experiencia a través de los años).
Un aspecto interesante de las sociedades clasificadas con respecto
a la edad es la correspondencia entre los niveles de significado
y simbolismo y los grados de edad:
Con el movimiento a través de los
grados, los significados se vuelven profundos y más abstractos,
de una manera esto corresponde al desarrollo secuencial del
ciclo de la vida… En la mayoría de los casos, de
cualquier forma, solo algunos ancianos de inclinación
mística filosófica alcanzan los grados más
altos y los significados más profundos (Payne Hatcher
2002, 274) (traducción del autor).
Múltiples categorías de significados
Para el estudio de la cultura material representacional distante
en el tiempo, Antczak (2002, 254) propone dos categorías
principales del significado para su estudio: representativo
y contextual.
El significado representativo está relacionado a
las características internas y externas del objeto, se subdivide
en manifiesto (ligado al reconocimiento del material y
forma del objeto, y el reconocimiento de la imagen que representa)
y oculto (qué o a quién representa el objeto,
sería equivalente al significado intrínseco).
El significado contextual tiene que ver con el lugar que ocupan
los objetos en los contextos arqueológico y social.
Dentro del contexto arqueológico se estudia la última
función que tuvo el objeto (se deduce por su ubicación
y asociaciones), y la función que tuvo en una determinada
sociedad y tiempo (se deduce por la manera que aparece en el contexto:
repetitivamente, distintivamente, o por su ausencia).
En el (re)construido contexto social se estudia el rol que ocupaba
el objeto dentro de una determinada sociedad, al igual que en el
contexto arqueológico tiene un significado funcional, un
significado histórico (el propósito para el cual fue
hecho y utilizado el objeto), y un significado estructural (el lugar
que ocupa el objeto dentro de un todo).
Ambas categorías, en conjunto revelan el significado del
objeto en el contexto sociocultural de la sociedad productora.
¿Es universal la interpretación?
El factor tal vez más problemático en la interpretación
es la universalidad de los significados de las iconografías,
es decir la dificultad que representa aplicar transculturalmente
los conceptos que permiten realizar correctamente el análisis
temático, y en este punto cabe destacar las asociaciones
simbólicas específicas y la percepción estética.
Las asociaciones simbólicas específicas,
se refieren a los significados que puede tener una representación
en particular, por supuesto, estas varían en cada cultura.
Una representación puede poseer significados totalmente diferentes
dependiendo de la cultura que la produce, o incluso tener múltiples
significados dentro de la misma agrupación cultural:
…la serpiente tiene una variedad
de interpretaciones; en el simbolismo Freudiano, un símbolo
fálico; en el bíblico, un símbolo del mal,
en algunas partes del Congo, un símbolo de muerte…
los Navajo igualan a las serpientes con relámpagos y
flechas debido a la forma en la que se mueven; en la tradición
occidental la serpiente es un símbolo de curación,
y algunas veces está asociada a Cristo y otras veces
con el Demonio. (Payne Hatcher 2002, 274; traducción
del autor).
Si una representación tiene para un investigador, por su
propio aprendizaje cultural, una significación diferente
a la que le otorga la sociedad a la cual estudia, esto obviamente
puede causar confusiones en la interpretación produciendo
errores en la misma.
En definitiva, la significación de una simbología
específica no es universal y debe ser analizada, como quedó
ya antes establecido, con amplio conocimiento sobre la cultura por
la cual fue producida.
Con respecto a la percepción estética tampoco es fácil
hablar de que esta sea universal, ni de que los conceptos estéticos
sean utilizados e interpretados transculturalmente. Esta condición
conduce a la presencia de prejuicios estéticos sobre los
productos culturales ajenos a la propia tradición.
En consecuencia es de suponer, como señala Wollheim, que
los conceptos estéticos no presentan problemática
al ser aplicados sobre la propia sociedad pero si lo hacen sobre
una sociedad antropológica: “una razón por la
cual el concepto puede ser problemático dentro de la sociedad
antropológica es que no sabemos como escoger para esta sociedad
condiciones que sean equivalentes a las condiciones que determinan
su aplicación en nuestra sociedad” (Wollheim 2002,
77; traducción del autor), y siguiendo con la idea, al escoger
estas condiciones debe ser asegurado no solo que el concepto estético
en cuestión, cualquiera que sea, está presente en
el objeto, sino también que dicho concepto es utilizado en
la sociedad estudiada para la producción de cultura material.
Por lo tanto podría introducirse el concepto de estilo presente
en al menos un grupo de objetos producidos por una determinada cultura.
Si fuese encontrada gran cantidad de objetos que manifiesten una
corriente estilística definida, entonces, podría hablarse
de la presencia de un concepto estético aceptado y utilizado
por esa sociedad (op. cit. 79).
Interpretación: casos concretos
Dos claros ejemplos de esta situación son, primero el análisis
que se produjo por el hallazgo de un adoratorio en la ciudad de
México, y segundo el de las figurinas prehispánicas
en cerámica halladas en la isla Dos Mosquises, en el archipiélago
de Los Roques.
Alcina Franch (2002, 216) presenta el caso de un templo prehispánico
de forma circular hallado en la ciudad de México, revelado
por trabajos de excavación del metro en 1969. A los pies
de la escalinata de este templo apareció la escultura que
motivó el análisis. La figura presenta ciertas características
que permiten asociarla con Quetzalcoatl o Ehécatl, dios del
viento. A un mismo tiempo también es asociada a Ozomatli,
dios de la diversión y erotismo.
La imagen es la de un mono, representación asociada con ozomatli,
al que se le agrega la máscara u hocico de cocodrilo pico
de pato (propia de Quetzalcoatl) y dos serpientes, una enroscada
en la base y que sube por la pierna derecha y la otra que es su
cola.
La estatua fue policroma, el cuerpo de la figura estuvo pintado
de negro, color asociado a los dioses nocturnos, la ya mencionada
máscara, parte de la cara, las orejas y las manos en rojo,
color asociado al sol, y en verde azulado la zona de las muñecas,
que tienen adornos de cascabeles, y la cuenca de los ojos.
En la mitología azteca, las formas circulares están
vinculadas al dios del viento, muy probablemente porque dicha forma
es la representación exterior del espiral, la cual está
asociada a los vientos huracanados.
Hay evidencias de que Quetzalcoatl, siendo analizada su personalidad
como Ehécatl, se asocia con el aliento vital; es
decir existe una relación entre el viento y el mencionado
aliento vital.
Estos elementos les han permitido a los intérpretes deducir
que la figura representa a Ehécatl-Ozomatli, como un dios
inspirador, y el aire y el viento son la alegría de vivir
y la vida misma.
En esta escultura se pone de manifiesto la ambigüedad característica
de la mitología azteca, lo cual hace caber la posibilidad
de reinterpretaciones que pueden tener tanta validez como la que
se ha presentado aquí.
Por otro lado, el caso de la isla Dos Mosquises, presentado en la
exposición Dos Mosquises: Isla Sagrada de Venezuela Prehispánica
en la Universidad Simón Bolívar. En esta isla se han
encontrado más de 300 figurinas prehispánicas que
denotan únicamente mujeres. Han sido halladas en contextos
de desperdicio o basureros (junto a conchas de botuto) y ceremoniales,
así como en la sepultura de un hombre adulto. La ausencia
de ciertos artefactos en las excavaciones, unido al análisis
del (re)construido contexto social, hace suponer que las mujeres
no estaban presentes en esta isla, es decir, que desde el continente
solo viajaban los hombres.
En los contextos de desperdicio fueron encontrados restos de conchas
de botuto.
Las conchas de botuto en ciertas zonas de la isla estaban perforadas
una sola vez en el sitio preciso en el que se mataba al animal,
mientras otras presentan varias de estas perforaciones, lo que hace
suponer a los autores (Antczak y Antczak, 2002) que los hombres
adultos y experimentados en el procesamiento de este ejemplar instruían
a los más jóvenes en esta práctica.
Es conocido que los grupos indígenas que actualmente habitan
en territorio venezolano, practican ciertos ritos después
de la caza que incluyen la participación activa de las mujeres.
Ellos creían que cada especie animal tenía un Maestro
o Señor Protector que cuidaba y protegía a cada
integrante de dicha especie, y se llenaba de furia ante la matanza
que ocasionaban las actividades de caza. Las mujeres eran quienes
contribuían a aplacar su ira ya que para ellos estas tenían
una relación más cercana a estos espíritus
que los hombres.
La interpretación que ofrecen Antczak y Antczak basada en
sus exhaustivos análisis de las figurinas, otros artefactos
y fenómenos, al igual que su contexto arqueológico
y social (apenas esbozado en este resumen), es que dichas figurinas
son representaciones icónicas de las mujeres de la tribu
para los rituales en los que se aplacaba la ira del Maestro Protector
del botuto ante la matanza de miles de ejemplares de esta especie.
Las figurinas femeninas metafóricamente sustituían
a las mujeres que no estaban presentes en la isla.
¿Imposible descubrirlo?
Realizar el análisis iconográfico de un objeto de
cultura material distante de nosotros en tiempo y espacio es un
trabajo arduo y delicado, que no puede ser tomado a la ligera.
La dificultad de atribuir la significación correcta a una
representación icónica radica en la multiplicidad
de factores intervinientes en el proceso. Esta situación
propicia que una amplia variedad de interpretaciones puedan ser
realizadas con respecto al mismo objeto.
Los ejemplos de análisis iconográficos presentados
anteriormente prueban que deducir el significado de una representación
icónica no es imposible, pero este proceso requiere del seguimiento
de una rigurosa metodología. Por un lado se cuenta con el
análisis iconográfico, pero en el caso de la arqueología
prehistórica, donde no existen fuentes escritas, este necesariamente
debe ser combinado con el minucioso análisis del contexto
arqueológico y la (re)construcción del contexto social
en el cual el objeto fue creado y usado. Solo de esta forma se puede
esperar obtener una interpretación aceptable del significado
del objeto. En ambos casos se puede constatar que además
del análisis iconográfico en todas sus etapas es imprescindible
agotar todas las posibilidades que ofrece el contexto arqueológico
para llegar a una conclusión valida.
También es posible establecer entre ambos casos una diferencia
básica: la existencia o no de fuentes escritas sobre la sociedad
bajo estudio. Es conocida la existencia de códices realizados
por los mismos aztecas, en los cuales quedan asentadas las creencias
de esta cultura. Las fuentes escritas constituyen la llave que permite
abrir la puerta que oculta sus secretos al revelar información
veraz sobre esta sociedad bajo la mirada misma de quienes la vivían.
Así, en el caso de la estatua hallada en la ciudad de México,
el análisis se ve beneficiado por un conocimiento establecido
sobre bases reales, sin mencionar que se trata de una cultura ampliamente
estudiada por múltiples investigadores. En cambio, en el
caso de las figurinas prehispánicas halladas en Dos Mosquises,
no existe ningún documento escrito que permita crear las
hipótesis, todas ellas han debido ser hechas únicamente
en base a la (re)construcción del contexto arqueológico
y social.
Todo lo anterior lleva a pensar que el significado atribuido a cualquier
objeto de cultura material representacional puede no ser el que
en realidad le dieron sus creadores, y así la interpretación
debe quedar siempre abierta a ajustes y reinterpretaciones que puedan
ser hechas en el futuro cuando quizás aparezcan nuevos datos
o cambie la perspectiva de la investigación.
(*)Estudiante de Ing. Electrónica
Trabajo final del Curso ¿Arte o Artefacto? Un acercamiento
a la Antropología del Arte DAP-426
De la profesora Magdalena Mackoviak de Antczcak
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
Alcina Franch, J. (2002). “Iconografía
e iconología”. En Lecturas Esenciales para ¿Arte
o artefacto? Aproximaciones a la Antropología de Arte,
compilado por M.M. Antczak. Sartenejas, Universidad Simón
Bolívar.
Antczak, M.M. (2002). “Idols in Exile: Making sense of prehistoric
human figurines from Dos Mosquises Island, Archipiélago de
Los Roques, Venezuela, Ph D thesis”. En Lecturas Esenciales
para ¿Arte o artefacto? Aproximaciones a la Antropología
de Arte, compilado por M.M. Antczak. Sartenejas, Universidad
Simón Bolívar.
Panofsky, E. (2002). “Iconography and Iconology: An Introduction
to the Study of Renaissance Art”. En Lecturas Esenciales para
¿Arte o artefacto? Aproximaciones a la Antropología
de Arte, compilado por M.M. Antczak. Sartenejas, Universidad
Simón Bolívar.
Payne Hatcher, E. (2002). “What…? Art as communication”.
En Lecturas Esenciales para ¿Arte o artefacto? Aproximaciones
a la Antropología de Arte, compilado por M.M. Antczak.
Sartenejas, Universidad Simón Bolívar.
Tilley, C. (2002). “Interpreting material culture”.
En Lecturas Esenciales para ¿Arte o artefacto? Aproximaciones
a la Antropología de Arte, compilado por M.M. Antczak.
Sartenejas, Universidad Simón Bolívar.
OTRAS FUENTES:
Antczak, M. M. y Antczak, A. “Dos Mosquises: Isla Sagrada
de Venezuela Prehispánica”. Exposición en Universidad
Simón Bolívar, septiembre 2002-abril 2003
Universalia
nº 19 Abr - Sept 2003
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