| La
Muerte de un Maestro
Francisco Belda*
Era un español
de la España peregrina. Formó parte de ese luminoso
grupo de la intelligentsia que la dictadura aventó de la
Madre Patria, y que se extendió por toda Hispanoamérica
entregando a ésta los mejores frutos de su madurez intelectual.
Segundo Serrano Poncela llegó a Venezuela, como había
llegado Pi Suñer, García-Pelayo, García Bacca,
Granel, Sánchez Covisa, Graces y tantos otros, para dedicar
a esta tierra sus esfuerzos, su sabiduría su vida toda; para
colaborar con su magisterio en el desarrollo cada vez más
acelerado de un país que se estaba metamorfoseando de una
sociedad agraria y pastoril, a otra industrial y moderna.
Todos fueron y son maestros. Tomaron como misión
la enseñanza y difusión de sus conocimientos. Usaron
y usan su inteligencia en una profesión que muchos juzgan
ingrata pero que es la que en todas las épocas y en todas
partes ha sido, mas que ninguna otra, la que ha hecho avanzar la
civilización.
Serrano Poncela llegó a Venezuela contratado
como profesor de Historia de la cultura Teoría Literaria
y Literatura Española, por la Universidad Central de Venezuela.
Antes había vivido en Estados Unidos y en Puerto Rico, donde
también había enseñado esas asignaturas en
diversas universidades, y ya había publicado una buena cantidad
de obras en editoriales tan prestigiosas como Seix Barral, Losada
y el Fondo de Cultura Económica. En Venezuela siguió
su labor de maestro y de investigador en la Escuela de Letras de
la UCV, hasta que se funda la Universidad Simón Bolívar
a donde fue llamado por su rector, el doctor Ernesto Mayz Vallenilla,
para que organizara la División de Ciencias Sociales y Humanidades
y los Estudios Generales, que tanta importancia habían de
tener en la nueva concepción del técnico-humanista,
que propugna esa universidad. Serrano Poncela se dedicó sin
descanso a ambas tareas; como director de la División y decano
de Estudios Generales elaboró los planes que habían
de integrar, las asignaturas humanísticas a las científicas;
dirigió personalmente por un tiempo el Departamento de Lengua
y Literatura; siguió dando clases, primero en pregrado y
luego en los cursos de postgrado, y a pesar de la carga que significaba
la realización de todas esas actividades, no abandonó
nunca sus estudios e investigaciones, así como tampoco la
literatura narrativa, que cultivó toda su vida: en los últimos
años publicó dos libros más, una novela y una
obra de teoría literaria.
Serrano Poncela fue uno de los mas importantes
críticos y estudiosos contemporáneos de la literatura.
Sus libros sobre Unamuno, Machado y Dostoiewsky -los autores a los
que dedicó su mayor interés- así como sus otros
trabajos han hecho su nombre conocido en todo el ámbito de
nuestra lengua y también fuera de él; sus novelas
y cuentos le han dado un puesto destacado entre los autores en lengua
española de la narrativa contemporánea. Pero a lo
que dedicó lo mejor de sus esfuerzos, lo que siempre tuvo
en primer lugar, fue su actividad pedagógica. y en la Universidad
Simón Bolívar, de la que fue fundador, vio la realización
de sus mejores sueños. Ya cercana la muerte y sabiendo que
esta venía dictó a uno de sus amigos, también
profesor de la misma universidad, la inscripción que deseaba
que pusieran en su lapida: "Aquí yace el profesor Segundo
Serrano Poncela. Profesor de la Universidad Central de Venezuela
y fundador y profesor de la Universidad Simón Bolívar,
a la que entregó los últimos años de su vida.
Ha muerto con la esperanza de que ésta última sea
una semilla nueva para la futura Venezuela y sea recordado como
ejemplo de sacrificio y amor por la futura Venezuela. Nació
en Madrid en 1912 y murió en esta ciudad en 1978".
Murió serenamente, como cuenta Platón
que murió su maestro Sócrates: conversando con amigos
y discípulos sobre la vida y la muerte, y sus últimos
pensamientos fueron para una nueva juventud, que él contribuyó
a formar, ideal que lo mantuvo sacando fuerzas del espíritu
en su puesto de la universidad hasta poco antes de su muerte.
Los que conocemos su obra y presenciamos el valor
con el que, durante meses, espero la muerte, sin abandonar su trabajo
universitario, podemos decir con Jorge Manrique:
“...que, aunque la vida perdió,
dejonos harto consuelo
su memoria” |
(*)Profesor jubilado del Dpto. de Lengua
y Literatura de la USB.
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