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"Los
Sueños" de Akira Kurosawa
Mireya Benaim Deman
La más reciente película del más
conocido director de cine japonés, Akira Kurosawa es una
magnífica oportunidad para acercarse a la cultura japonesa,
tan diferente de la nuestra, y que tanta importancia cobra hoy día.
Kurosawa es el cineasta japonés más conocido y premiado
internacionalmente. Su obra comprende unas veintiséis películas
entre las que se destacan: El perro extraviado (1949), Rashomon
(1950); Los siete Samurai (1954) y Dersu Uzala (1975). Además,
Kurosawa cuya vida abarca prácticamente todo el siglo XX,
pues nació en 1910 , regresa a la filmación después
de un silencio de más de diez años, con una película
de corte post modernista y existencial en lo que resulta una reflexión
y grito de alarma para quienes vivimos en la antesala del siglo
XXI.
Sueños comprende ocho historias cortas, cuya
conexión nos es accesible luego de entregarnos a cada una
y realizar un análisis minucioso. El manejo magistral que
hace Kurosawa de los diferentes elementos de la dirección
(escenografía, sonido, iluminación, fotografía
y diálogos), aunado a su vastísima cultura, nos convierte
irremediablemente en espectadores participantes, a través
de "Luz a través de la lluvia - zorros", "El
huerto de los duraznos", "La ventisca", "El
túnel", "Los cuervos", "La montaña
Fuji en rojo", "El diablo lastimero" y "La villa
de los molinos de agua".
¿Por qué la película se llama
Sueños? He aquí algunas razones probables:
"Nos percatamos solamente de segmentos finitos
de nuestras vidas, que aparecen y desaparecen de nuestra conciencia
cual 'sueños', dejando una sensación de incompletud".
"Los sueños son una fuente de la 'Verdad',
ya que ellos van desplegándose desde el Inconsciente, burlando
nuestra censura con los más ingeniosos disfraces. El Inconsciente
no conoce tiempo, espacio ni muerte"... O pudiéramos
revertir el significado anterior diciendo: "La vida es como
un sueño, no parece real. Somos criaturas impotentes comportándonos
en forma absurda mientras creemos estar "en control".
"Conocemos también que una de las funciones
de los sueños es la de servir de 'semillas' para el futuro.
Un pasaje en la Autobiografía del propio Kurosawa (1989,
pp. 44/5) sustenta esta tesis: "En una competencia de grandes
saltos, lo imposible ocurrió. ¡Gané! En la medida
en que más medito sobre aquel incidente, aún no lo
puedo comprender. ¿Fue acaso un sueño? ¿Es
que acaso pueden los deseos de un niño del que se burlaban
repetidamente sus compañeros en la clase de educación
física, inventar el éxito para sí a través
de un sueño?"
Kurosawa, desde su madurez busca develar las consecuencias
que podrían desprenderse si continuamos alienados en este
camino enloquecido que seguimos. Sobrevendrán la destrucción
y aniquilación y desaparecerá la vida tal cual la
conocemos a consecuencia de la tecnología y el aislamiento
e irreverencia hacia la Naturaleza.
Pareciera querernos decir:
"La vida es un viaje durante el cual se desobedece, se siguen
normas, se atraviesan conflictos, se toman decisiones y se pasa
por el desasosiego y hasta la desesperanza.... En el proceso, uno
'muere' muchas veces, uno puede perecer si trasgrede las leyes de
la Naturaleza... Pero en el proceso de "llegar a ser"
y de encontrar significado, uno viaja a través del tiempo
y el espacio y despliega las propias posibilidades internas. La
humanidad es la respuesta... uno debe soltar de una buena vez la
ilusión de "poseer el control" y sólo entonces,
brillará la luz desde adentro".
Si se me pidiese elaborar una historia principal
coherente a partir de las ocho historias laterales allí presentadas,
diría que Sueños es la historia de un ser humano desde
su temprana infancia que tuvo que sufrir las consecuencias derivadas
de desobedecer las reglas de la Gran Sociedad, mucho más
poderosa que la familia nuclear. A través del amor por la
naturaleza y de la compasión, su corazón se abrió
a la comprensión.
Conjuntamente, la curiosidad y la capacidad de asombro
ayudaron a este niño, a medida que crecía, a hacerse
sabio al distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, entre el
bien y el mal. Fue testigo de innumerables acontecimientos durante
su "Viaje", disponiendo de diversos recursos para encontrar
las respuestas a los difíciles retos que le planteaba la
vida, si bien dichas respuestas yacen en las cosas sencillas y cercanas.
Una vez adulto y mientras se acercaba a la tercera
edad, comprendió que si los seres humanos asumimos la responsabilidad
por nuestras acciones y dejamos de ser presuntuosos creyendo que
somos dioses todopoderosos, entonces el Viaje que constituye la
vida resultará una luz para el hombre y el resto de la Naturaleza.
Los seres humanos no somos diferentes ni superiores a la Naturaleza
y a menos que comprendamos esto, la Humanidad se verá perdida.
La respuesta se encuentra en la vida sencilla, desprovista
de tecnología, útil a través del trabajo y
respeto por la Naturaleza y los demás.
La película Sueños nos puede conducir
a cualquier lado dependiendo del que sueña, de manera que,
cada persona que haya sido expuesta a estas ocho historias, extraerá
su propia y única versión, su propia y única
realidad, su propio sueño, a partir del "Sueño"
de Kurosawa.
Al acercarme posteriormente al estudio de la cultura
japonesa, pude comprender por qué había salido de
la exhibición con un profundo sentido de insatisfacción,
imposible de expresar en palabras. Siendo una mujer occidental,
la película no respondía a mis preguntas fundamentales
que tienen que ver con cómo trascender la dicotomía
mente cuerpo, carne y espíritu, interrogantes que me han
llevado a imbuirme apasionadamente en el estudio de la Medicina
Psicosomática.
Por otra parte, para los japoneses, la experiencia
de la Naturaleza es de un íntimo intercambio, es una experiencia
de identificación con ella. Kurosawa, como oriental se adentró
en el problema de la dicotonomía del "Omote" y
"Ura", del "Totemae" y del "Honne",
trascendiendo dicha dicotomía con la proposición de
fluir con la Naturaleza. Así termina la película y
creo que es la respuesta que encuentra para sus preguntas fundamentales.
En la cultura japonesa, "Omote" equivale
a "frente", a la apariencia que uno debe mostrar a los
demás, mientras que "Ura" equivale a "detrás",
lo que uno debe ocultar de los otros. Estas palabras denotan las
constantes actitudes que se reflejan en el manejo de las situaciones
sociales. Así, cuando los japoneses se refieren a los asuntos
del "Omote", se refieren a lo que ellos hacen para impresionar
a aquellos cuya presencia los pone "en guardia". Por el
contrario, cuando nombran los asuntos del "Ura", se refieren
a aquellos secretos que revelarán solo a sus seres más
cercanos. Similarmente, "Totemae" es un principio formal
común a todos los japoneses que garantiza la armonía
grupal mientras que "Honne" se refiere a los sentimientos
u opiniones que se tienen privadamente sobre alguna situación.
Esta es la forma como los japoneses manejan los sentimientos ambivalentes
y ello explica parcialmente el porqué parecen tan homogéneos
y cohesivos, si bien, al perder el "Totemae" caen fácilmente
en la violencia.
Según Takeo Doi (1989), es esta doble estructura
de conciencia en los Japoneses lo que a los occidentales da la impresión
de un doble estándar de moralidad que tanto les molesta.
El asunto de Dios y nuestro destino luego de la
muerte no es abordado; hay apenas una mirada a la experiencia de
muerte en la historia "La Ventisca". Japón no tiene
una tradición cristiana según la cual Dios es fuente
de toda existencia y donde la Naturaleza puede ser solaz para los
seres humanos, o aun una compañera, pero nunca puede proporcionarles
la salvación. En Japón, Dios como el creador está
ausente y es por ello, que los seres humanos buscan alivio intentando
sumergirse por completo en la Naturaleza. Esto explicaría
cómo para Akira Kurosawa no existe la necesidad de encontrar
una respuesta a la dicotomía mente cuerpo, carne espíritu.
Universalia nº 4 Abr-Jul
1991
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