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Los derechos del niño: un planteamiento
subversivo
Silvia Mijares de Lauría*
La Convención de los Derechos del Niño,
inserta de una vez por todas el problema de los menores dentro del
ordenamiento jurídico internacional; si bien ello es motivo
de alegría, no podemos olvidar que es el respeto y cabal
aplicación de esos derechos lo que hará posible que
la realidad, que actualmente confronta una gran parte de los niños
del mundo, cambie.
Hablar de los Derechos del Niño, es un tema subversivo, pues
su defensa conlleva tomar una serie de acciones, que por su amplitud,
involucra a todos los sectores de la sociedad y cuestiona, en muchos
casos gravemente, las políticas económicas y sociales,
así como la correcta aplicación de la ley. Al mismo
tiempo, nos obliga a replantearnos el significado de términos
como democracia, participación, justicia social, igualdad
de oportunidades, entre otros, que tan ufanamente usamos para describir
la realidad política y social de nuestro país.
Cuando revisamos las últimas estadísticas presentadas
por la OCEI, el INAM y la Policía Metropolitana y analizamos
los trabajos de UNICEF, Fundación Cavendes y Fundacredesa,
advertimos cómo ha desmejorado la calidad de vida del venezolano
en la última década. Este deterioro se manifiesta
en el alto número de hogares en estado de "pobreza crítica",
en el incremento del índice de desnutrición, en una
mayor concentración de la riqueza, en un notable aumento
de la deserción escolar, así como en la tendencia
que presenta la educación a hacerse cada vez más selectiva
y estratificada para un grupo de la población, mientras que
para otros sectores no representa siquiera la forma de adquirir
una herramienta de trabajo con la cual mantener decentemente a la
familia. La trasgresión se hace una subcultura aceptada entre
jóvenes que no han tenido acceso al Sistema Educativo y aun
para aquéllos que, provenientes de otros estratos de la población
reciben el mensaje, frecuentemente trasmitido por los medios de
comunicación, donde el ascenso social se logra fundamentalmente
en base a la "viveza" o el "azar", y no como
fruto del estudio, del trabajo y del esfuerzo individual.
Encontramos un cúmulo de situaciones que son el terreno propicio
donde se genera una especie de subcultura cargada de sentimientos
agresivos y frustraciones en la cual muchos eligen como válvula
de escape las drogas.
Se pone así de manifiesto, una realidad social en donde los
Derechos del Niño son vulnerados constantemente, independientemente
de que exista una legislación adecuada. No es solamente la
existencia de la ley sino su correcta y cabal aplicación
lo que hará que esta realidad cambie.
La aplicación de los Derechos del Niño implica lograr
para ellos un mejor nivel de vida, en donde se hace primordial el
respeto a su condición de niños, garantizándoles
en lo posible una vida familiar que permita su cabal desarrollo
psico social, una adecuada alimentación, atención
médica, educación diversificada acorde a las demandas
de los diferentes estratos de la población, protección
contra la violencia y la explotación, que en muchos casos
ejerce la misma sociedad sobre un grupo carenciado, que un estado
de derecho débil es incapaz de defender justamente.
Es frecuente decir que para apreciar el nivel de desarrollo de un
país, basta preguntar cuál es su cifra de mortalidad
infantil, es decir, cuál es el porcentaje de niños
que mueren antes de cumplir el primer año de vida. Yo ampliaría
esta idea preguntando: cuál es la cantidad de niños
que entra en la adolescencia y en la edad adulta capacitado física,
emocional e intelectualmente, para ser útiles a la sociedad
y a la patria.
Para hacer que esto lo logre el mayor número de nuestros
niños es necesario que exista una adecuada coordinación
entre las políticas económicas y sociales y no que
estas últimas sean ejecutadas solamente para minimizar el
costo político de las medidas económicas. Se hace
necesaria la planificación real de políticas educativas,
sanitarias, laborales y de aquellas que busquen lograr una mejor
distribución de la riqueza. Más explícitamente
se puede decir, que la persona tiene que recibir una educación
que le sirva para trabajar, y el trabajo le garantice retribuciones
que le permitan satisfacer sus necesidades como ser individual y
social. Cuando esto no ocurre, comienza a gestarse un proceso de
desintegración social que se refleja en la aparición
de conductas conformistas o desviadas de acuerdo a las normas de
comportamiento socialmente aceptadas.
Hernán Méndez Castellanos ha dicho que el pedimento
que hace la sociedad al adolescente es el de una armoniosa incorporación
que podría sintetizarse en los cuatro aspectos siguientes:
-
adquisición de una profesión u
oficio que le permita ganarse la subsistencia;
-
maduración sexual adecuada que lleva
al establecimiento de un grupo familiar,
-
estar ajeno de enfermedad mental y trastornos
de conducta,
-
ser capaz, al llegar a la edad adulta, de ejercer
un trabajo creador con objetivos de interés social.
Si la sociedad tiene esos pedimentos para el adolescente,
debe suministrarle las oportunidades para que los cumpla. De allí
la importancia de prestar al niño la atención necesaria
en sus primeros años de vida, creando las políticas
sociales adecuadas que contribuyan a formarlo como un individuo
útil a la sociedad.
Si hacemos un balance de lo que heredamos y de lo que hemos hecho,
tenemos que reconocer que somos uno de los países signatarios
de la Convención, que más se ha preocupado por legislar
y programar políticas de atención al niño.
En este sentido poco sería lo que contempla la Convención
que no estuviese ya previsto en nuestra legislación. El problema
radica en que hemos sido poco eficaces en la aplicación de
las leyes y en la concepción y prosecución de las
políticas sociales.
Valdría la pena preguntarnos si este desequilibrio entre
legislar y ejecutar, no se profundizó en el país a
raíz del auge petrolero de 1972, cuando la influencia de
una riqueza fácilmente habida, no favoreció el desarrollo
y consolidación del proceso social, sino que distorsionó
nuestras costumbres, valores y hábitos de disciplina.
Se hace necesario retomar y fortalecer todos aquellos programas
tendientes a mejorar salud, educación, condiciones de trabajo
y prevención, que nos permitan formar una población
más capaz, apta para el trabajo, y conciente de la importancia
de su participación en el desarrollo y progreso de la Nación.
Es asumiendo el compromiso de hacer que los Derechos del Niño
sean una realidad como tendremos hombres y mujeres sanos física
y mentalmente capaces de asumir, dentro de una verdadera democracia,
el reto humanístico y tecnológico que la Venezuela
del siglo XXI requiere.
*Socióloga UCAB, Miembro del Dpto.
de Ciencias Sociales. Ha sido Decana de Estudios Generales y Presidenta
del Instituto Nacional del Menor INAM.
Universalia nº 4 Abr-Jul 1991
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