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Saber más... ¿para qué?
Cristian Alvarez Arocha*
¿Qué pensar después de estos estudios, de
la acumulación de tantos conocimientos en tantas áreas
distintas? ¿No es posible que a veces podamos caer en la
mitificación del saber por el saber mismo? Aquella tentación
fáustica que trueca la ciencia y toda disciplina de medio
en fin, y que conduce inercialmente al estudio, la erudición,
hacia una vía sin salida, que vuelve al saber algo estéril,
incapaz de engendrar vida. No me refiero a la aplicación
práctica de conocimientos, a la técnica que persigue
la válida utilidad e instrumentalidad de la ciencia. Ella
también participa en la misma situación. Pienso en
algo más íntimo que atañe a cada ser humano.
El estudio que sólo busca saber más, sin que ello
redunde necesariamente en un crecimiento del ser; el "coleccionar"
saberes y títulos prestigiosos, ¿no fue una de las
causas que provocó la correría de Fausto con Mefistófeles,
una sed que nunca se satisfacía? Es posible que este planteamiento
sólo persiga advertir este peligro de vanidad del saber e
intente recuperar una actitud vital más equilibrada. Creo
en el estudio, en el conocimiento adquirido, como un modo, un medio,
que permita, más que saber por el hecho de saber, conocer
más profundamente, aprender a vivir en el mundo, comprendiendo
nuestro medio y presenciar, disfrutar y en algunas ocasiones modificar
las relaciones que lo integran. Repito: estudiar para saber vivir
en el mundo aún con mayor plenitud.
Quizás porque no vea ni acepte al hombre escindido no pueda
dejar de señalar tan importante hecho que deja estrechamente
vinculados estudio y vida. Sin embargo, esta posición que
atiende más al ser del hombre y a la serenidad del alma,
propone, sin duda, un planteamiento opuesto a los valores que gobiernan
la sociedad de nuestra época: poseer, dominar, preferencias
de intercambio utilitario y material a los cuales el conocimiento,
las disciplinas humanísticas, científicas y técnicas
se ven obligados a servir. La esencia interna del hombre se ve así
preterida, olvidada por ese como "tráfico de necesidades
urgentes" que el medio impone y hasta llega a coaccionar. Poder
y poseer. Saber para acceder al juego que rige ambos factores es
lo que se nos invita o sugiere a seguir. Mas pensar durante este
acto en la dimensión del estudio avanzado y especializado
como medio para ser y vivir más plenamente y también
en algún caso para alterar aunque sea sólo un poco
el medio que nos circunda, es sencillamente recordar recobrar un
ideal que desea encaminar al hombre hacia una felicidad interior
y una armonía con el Universo y los demás seres. Ideal
que se convierte en utopía en este mundo, pero que siempre
sentimos necesidad de tornar a él. El tenerlo presente, cuando
se impregna el estudio y nuestro nuevo título de postgrado
de aquella actitud vital, acaso puede irradiar una cierta esperanza,
la más íntima y auténtica y no la que pretenden
inspirar los mesiánicos líderes políticos;
una esperanza que reside en el ser cuando trata de hallar su equilibrio.
*Fragmento del discurso pronunciado en representación
de los graduados, en el acto de graduación del 22 de julio
de 1988, donde recibió el Magister en Literatura Latinoamericana.
Actualmente es miembro del Dpto. de Lengua y Literatura
Universalia nº 3 Ene-Abr 1991
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