| ¿Cuán
grande es infinito?
Carlos Augusto Di Prisco (*)
Al aprender a contar nos percatamos, tarde o temprano, que no
se vislumbra un final en la sucesión de los números
naturales, uno, dos, tres… dado uno de estos números,
podemos encontrar otro mayor. Este suele ser el primer enfrentamiento
que se tiene con el concepto de infinito, y para muchas personas
la experiencia con el infinito no pasa de allí. Sin embargo,
para los matemáticos el concepto de infinito está frecuentemente
en la base de su trabajo.
Conjuntos infinitos como los de los números naturales, los
números racionales, los números reales o los complejos;
procesos infinitos como el paso al límite, el cálculo
de una derivada o de una integral, aparecen a cada paso en el quehacer
matemático. Pero aunque parezca sorprendente, hay muchos
problemas relativos al concepto de infinito que están muy
lejos de haber sido resueltos.
Nuestro objetivo aquí es enunciar uno de esos problemas,
llamado “el problema del continuo de Cantor”, quizás
uno de los problemas más importantes de las matemáticas
desde hace más de un siglo.
1. Infinitos infinitos.
Comencemos con algo que para muchas personas resulta tan extraño
que parece una broma: en realidad, hay diversos tamaños
infinitos, o para decirlo de otra manera, no todos los conjuntos
infinitos son del mismo tamaño.
La demostración de esto se debe a Georg Cantor, matemático
alemán del siglo XIX. Para explicarla, debemos primero aclarar
lo que entendemos por tamaño de un conjunto infinito. ¿Cuándo
podemos decir que dos conjuntos A y B son del mismo tamaño?
Una respuesta muy natural es la siguiente: A y B son del mismo
tamaño si podemos establecer una correspondencia uno a uno
entre los elementos de A y los elementos de B, es decir, cuando
a cada elemento de A le podemos hacer corresponder un único
elemento de B de modo que a dos elementos distintos de A le correspondan
elementos distintos de B, y cada elementos de B resulte ser el
correspondiente de algún elemento de A. Para decirlo en
términos más técnicos, decimos que A y B tienen
el mismo número de elementos si se puede establecer una
biyección entre ellos. Esto es lo que hacemos usualmente
para comparar tamaños de conjuntos. Por ejemplo, si estamos
en un teatro, ¿cómo podemos saber si el número
de butacas y el número de personas en la sala son iguales?
Aún si no sabemos cuáles son esos números,
podemos decir que son iguales si observamos que cada persona está sentada
en una butaca, y no hay butacas libres ni gente de pie, ni más
de una persona en cada silla.
Nótese que nuestra definición tiene tanto sentido
si los conjuntos A y B son finitos como si son infinitos. Es por
eso que podemos decir que el conjunto N de los números naturales
1, 2, 3, 4, . . . tiene el mismo tamaño que el conjunto
P de los números pares 2, 4, 6, 8, . . . : basta verificar
que la correspondencia que a cada número n le asigna
el número 2n satisface las condiciones de la definición.
Aquí encontramos una de las peculiaridades de los conjuntos
infinitos: puede ocurrir que un conjunto infinito tenga el mismo
tamaño que una parte de sí mismo. Sugerimos al lector
que demuestre que esto es imposible cuando se trata de conjuntos
con un número finito de elementos. Otra cosa que el lector
puede intentar es demostrar que el conjunto de los números
racionales (1) tiene también el mismo tamaño que
el conjunto de los números naturales. Para ello, el primer
paso sería encontrar la correspondencia adecuada para asociar
a cada número racional un número natural.
¿Cómo podemos mostrar entonces que hay conjuntos infinitos que
no tienen el mismo tamaño del conjunto N de los números naturales?
Aunque tomó mucho tiempo dar con las ideas necesarias, la tarea parece
ahora sencilla: basta tomar el conjunto P(N) de partes, o subconjuntos, del
conjunto N. Cantor probó, con un argumento cristalino, que no puede
existir una biyección entre N y P(N). A saber, supongamos que una tal
biyección existe, y veamos que ocurre. Una biyección entre N
y P(N) nos daría una correspondencia que a cada número natural n le
asigna un subconjunto An de N de modo que se cumplen las condiciones
mencionadas anteriormente: a dos números distintos n y m,
le corresponden conjuntos distintos An y Bm, y cada subconjunto
B de N, es el correspondiente a algún número natural, y así,
B = An para algún n. Puede que haya algún número n para
el que ocurra que n es un elemento de An, ya que An es
un conjunto de números naturales y n puede estar entre ellos.
También puede ocurrir que para algún número m, m no
se encuentre entre los elementos de Am. Consideremos entonces el conjunto
de todos los números naturales que no pertenecen al subconjunto que
les corresponde, y llamémoslo C. Este conjunto C, es un subconjunto
de N, y como tal, puede tener pocos elementos, o ninguno (en este caso sería
el conjunto vacío) o puede tener infinitos elementos, y hasta podría
ser la totalidad de los números naturales. No nos importa cual sea el
caso, pero siendo C una parte de N, es decir, un elemento de P(N), y por las
propiedades de la correspondencia cuya existencia hemos supuesto, debe existir
un número k tal que C = Ak. Para ese número k,
como para cualquier otro número natural, tiene que ocurrir una de dos
cosas: o bien k pertenece a C, o bien k está fuera
de C. Pero veamos que ninguna de las dos es posible. Según la definición
de C, si k pertenece a C, es porque k no pertenece a Ak.
Pero Ak es precisamente C, luego, si k pertenece a C es porque
no pertenece a C.
Análogamente, si k no pertenece a C, entonces
como C = Ak, k no pertenece a Ak, y ésta
es la propiedad que define a los elementos de C, por ello k pertenece
a C. En conclusión, k no puede pertenecer a C ni
estar fuera de C, lo que es absurdo. Esta contradicción
resulta de suponer que existe una biyección entre N y P(N),
y por lo tanto la suposición no puede ser cierta. Vemos
así que N y P(N) no tienen el mismo tamaño. Hemos
encontrado dos conjuntos infinitos de diferente tamaño.
El conjunto P(N) debe ser más grande que N, ya que si a
cada número natural n le asignamos el conjunto
{n}, cuyo único elemento es el número n,
vemos que P(N) tiene al menos tantos elementos como N. Y como estos
dos conjuntos no tienen el mismo tamaño, el tamaño
de P(N) es mayor que el de N.
Este argumento se puede repetir para mostrar que existen conjuntos
infinitos más grandes que P(N), y se puede repetir tantas
veces como uno quiera para encontrar conjuntos infinitos más
y más grandes. Por eso, concluimos que hay una infinidad
de tamaños posibles para los conjuntos infinitos. ¡Hay
infinitos infinitos diferentes!
Se dice que un conjunto infinito es numerable si se puede poner
en biyección con el conjunto N de los números naturales.
Hemos visto que el conjunto de los números pares es numerable,
como lo son el conjunto de los números enteros y el de los
números racionales, pero el conjunto P(N) no lo es. Existe
una biyección entre el conjunto R de los números
reales y el conjunto P(N), por lo tanto hay más puntos en
la recta real que números naturales. Dicho de otra manera,
tanto el conjunto de los números naturales como el conjunto
de los números reales -llamado también el continuo-
son infinitos, pero el tamaño de aquel conjunto es menor
que el tamaño de este último. Cabe preguntarse entonces
si hay algún conjunto infinito de tamaño intermedio. Éste
es el tema de la próxima sección.
2. La Hipótesis del
continuo
Uno de los grandes problemas de la teoría de conjuntos,
que ha motivado una buena parte del desarrollo de la disciplina,
es el de determinar si existe algún conjunto de tamaño
intermedio entre el tamaño de N y el de P(N). La Hipótesis
del Continuo, formulada por Cantor en 1878, dice que no existe
tal conjunto de tamaño intermedio. De modo que según
esta hipótesis todo conjunto infinito de números
reales es numerable o se puede poner en biyección con el
continuo R.
La historia de este problema, en el desarrollo de los fundamentos
de la matemática, es muy rica y a la vez fascinante. La
importancia del problema ha sido tan notable que David Hilbert,
el gran matemático de Königsberg, encabezó con éste
la lista de los problemas que presentó ante el Congreso
Mundial de Matemáticos que se llevó a cabo en 1900
en París, problemas que consideraba los más importantes
de las matemáticas para ese momento. Todos los problemas
de la lista de Hilbert han dado origen a importantes desarrollos
matemáticos.
En particular, muchos esfuerzos siguieron para aclarar lo referente
al primero de ellos, y todavía, hoy en día, éste
es uno de los temas en torno al cual se desarrollan ideas muy profundas.
Una de las vías escogidas por algunos matemáticos
fue la de investigar las consecuencias de la Hipótesis del
Continuo, tal como lo hizo Waclaw Sierpinski en Polonia, quien
publicó una larga serie de trabajos sobre enunciados matemáticos
que se derivan de esta hipótesis. En 1918, Kurt Gödel,
un joven matemático formado en Viena, dio a conocer su resultado
sobre la consistencia de la Hipótesis del Continuo [1].
Gödel demostró que a partir de los axiomas usuales
de la matemática, es decir, de la teoría de conjuntos,
no se puede demostrar la negación de la hipótesis
del continuo. Dicho de otra manera, Gödel probó que
no se puede demostrar la existencia de un conjunto de tamaño
intermedio entre el de los números naturales y el de los
números reales. Éste es un resultado sorprendente,
ya que se trata de una prueba matemática de la imposibilidad
de demostrar un enunciado matemático. No era, sin embargo,
la primera vez que se lograba un resultado de este tipo: el quinto
postulado de Euclides sobre rectas paralelas, por ejemplo, había
conducido a resultados de indemostrabilidad. Tanto Riemann como
Lobachevski demostraron la imposibilidad de demostrar el quinto
postulado de Euclides a partir de los demás postulados de
la geometría.
La demostración dada por Gödel no sólo dio información
sobre la Hipótesis del Continuo, también probó la
consistencia del Axioma de Elección, otro postulado matemático
que ha generado variadas controversias. La contribución
de Gödel al tema no quedó allí, su método
de demostración ha sido usado posteriormente en muchos trabajos,
incluso muy recientes, sobre diversos aspectos de los fundamentos
de las matemáticas. Una manera de describir esta demostración
de Gödel es diciendo que encontró la forma de construir
un universo matemático con el mínimo posible de conjuntos.
En este universo no tiene cabida ningún conjunto de tamaño
intermedio entre el de N y el de P(N); además los conjuntos
en ese universo están organizados de una manera tan canónica
que allí todo conjunto se puede dotar de un buen orden.
Las propiedades matemáticas de los conjuntos de ese universo
de Gödel, llamado el universo constructible, están
dictadas por la estructura interna del mismo universo. Ésta
es tan clara que ha permitido observar en los conjuntos constructibles
propiedades sobre conceptos tan variados como los de la teoría
de la medida, el álgebra homológica y la topología.
El siguiente gran aporte hecho en torno a la hipótesis del
continuo se debe al norteamericano Paul Cohen, quien en 1963 publica
un trabajo en el que demuestra la contraparte al resultado de Gödel
[2]. Cohen logra demostrar que la hipótesis del continuo
no es demostrable a partir de los axiomas de la teoría de
conjuntos al construir un modelo de la teoría de conjuntos
donde la Hipótesis del Continuo es falsa. Las dos contribuciones
juntas, la de Gödel y la de Cohen, indican que los postulados
usuales de las matemáticas no son suficientes para responder
la pregunta planteada por Cantor. La hipótesis del continuo
es independiente de los axiomas de la teoría de conjuntos.
El resultado de Cohen es otra de las grandes contribuciones del
siglo XX a la teoría de conjuntos. Para obtenerlo, Cohen
inventó un nuevo método, llamado “forcing”,
que sirve para generar toda una diversidad de universos matemáticos
con propiedades muy variadas. Del método de forcing se
puede decir que es la herramienta matemática que ha dado
más frutos en el campo de los fundamentos de las matemáticas.
Es un método especialmente diseñado para probar resultados
de independencia, y consiste en formar un universo matemático
agregando ciertos conjuntos a un universo que se toma como punto
de partida. Por ejemplo, si queremos un universo donde la hipótesis
del continuo sea falsa, comenzamos la construcción a partir
de un universo cualquiera y añadimos “nuevos” subconjuntos
de N. Si se añade una gran cantidad de estos nuevos subconjuntos,
y se logran mantener ciertas propiedades de la estructura del universo
original, en el universo que resulta de la construcción
habrá tantos subconjuntos de N que el tamaño de P(N)
será más grande que el de otros conjuntos cuyo tamaño
es mayor que el de N. Por lo tanto, en este universo habrá conjuntos
de tamaño intermedio, y esto significa que allí la
hipótesis del continuo es falsa.
La descripción anterior es, por supuesto, vaga
e imprecisa, pero no podemos pretender explicar en pocas líneas toda
una teoría matemática que contiene ideas profundas y de gran
complejidad técnica.
3. El problema no está resuelto
¿Constituyen los trabajos de Gödel y de Cohen una respuesta definitiva
al problema planteado por Cantor? Estos trabajos indican que los métodos
usuales de las matemáticas no son lo suficientemente poderosos como
para responder la pregunta planteada por Cantor, pero muchos matemáticos
no están dispuestos a conformarse con esto. La actitud que se tome ante
esta situación depende en buena medida de la filosofía de las
matemáticas que, consciente o inconscientemente, sea adoptada. Una filosofía
estrictamente formalista, que considera las matemáticas como una serie
de derivaciones abstractas, un mero juego de símbolos sin significado,
diría que el capítulo está cerrado, ya que no hay manera
de derivar de hipótesis del continuo ni su negación a partir
de los axiomas.
Pero desde un punto de vista realista, desde el cual se considere
que hay un universo matemático “real”, donde
cada enunciado es verdadero o falso, sin ambigüedades y sin
más posibilidades, el problema consiste en determinar si
en este universo, el universo de las matemáticas, la hipótesis
del continuo es o no es verdadera. Si los axiomas usuales no responden
la pregunta, eso sólo significa que los axiomas no proporcionan
una buena descripción del universo matemático, y
es preciso mejorar esta descripción con un sistema de axiomas
más adecuado. Una buena parte del desarrollo de la teoría
de conjuntos desde los años sesenta se ha centrado precisamente
en encontrar axiomas adicionales que permitan esa mejor y más
completa descripción de la realidad matemática.
El propio Gödel, en un ensayo titulado “¿Qué es
el problema del continuo de Cantor?” [3], escribió,
en 1947, que posiblemente, nuevos axiomas de infinitud, que estipulen
la existencia de conjuntos infinitos sumamente grandes, podrían
iluminar la vía para hallar la verdad sobre la hipótesis
del continuo. Ya se sabe que con estos axiomas tampoco basta para
dar una solución definitiva al problema. Sin embargo, las
hipótesis de infinitud fuerte han permitido obtener resultados
sumamente interesantes que aclaran bastante el panorama.
Desde principios de la década de los noventa, principalmente
debido a los trabajos de W. H. Woodin, de la Universidad de California
en Berkeley, ha habido una serie de avances importantes en el estudio
de los conjuntos de números reales y su relación
con los axiomas de grandes cardinales. Se ha demostrado, por ejemplo,
que la existencia de cierto tipo de cardinales grandes implica
que de haber contra ejemplos a la hipótesis del continuo, éstos
serían de una complejidad que sobrepasa lo que se puede
describir con el tipo de fórmulas que comúnmente
usan los matemáticos. De modo que la profunda intuición
de Cantor ha sido de cierto modo reivindicada. Bajo estas hipótesis
de infinitud fuerte, se demuestra también que los conjuntos
definibles son medibles en el sentido de Lebesgue.
La búsqueda de axiomas aceptables que decidan la Hipótesis
del Continuo continúa, y ha sido una empresa fructífera.
Woodin ha considerado un axioma, llamado Axioma (*), como candidato
plausible, y ha demostrado que, bajo hipótesis fuertes de
infinitud, este axioma es consistente en un sentido fuerte. El
axioma (*) implica la negación de la Hipótesis del
Continuo. Para completar el esquema propuesto por Woodin, queda
verificar una conjetura, llamada la conjetura Ω, cuyo enunciado
es demasiado técnico para incluirlo aquí. De ser
cierta indicaría de una forma bastante natural que la hipótesis
del continuo es falsa. En [4], Woodin explica su trabajo sobre
la Hipótesis del Continuo, y allí afirma que aún
cuando el camino que propone no sea el camino para llegar a la
solución del problema del continuo, al menos es un camino
que, en su opinión, proporciona evidencias de la existencia
de una solución.
El problema del continuo, sigue manteniendo, luego de más
de un siglo, su posición entre los problemas más
importantes de la matemática. ¿Veremos su solución
en el futuro cercano?
Enero 18, 2006
(1)Los números racionales son aquellos de la forma n/m con n, m enteros, m distinto
de cero.
Bibliografía
[1] Gödel, Kurt, La consistencia del axioma de elección
y la hipótesis generalizada del continuo. Obras completas.
Alianza Editorial, 1981.
[2] Cohen, Paul J., The independence of the continuum hypothesis.
Proceedings of the National Academy of Sciences, U.S.A. Vol. 50,
(1963), Vol. 51 (1964).
[3] Gödel, Kurt, ¿Qué es el problema del continuo
de Cantor? Obras completas. Op. cit.
[4] Woodin, W. H., The Continuum Hypothesis, Notices of the Amer.Math,
Soc. 48 (2001). Part I 567-576, Part II 681-690.
(*) Profesor del Departamento de Matemáticas USB
Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas
Universalia nº 25 Septiembre-Diciembre
2006
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