Sean todos bienvenidos
a este especial evento que cada año organiza el Decanato
de Estudios Generales para premiar a aquellos jóvenes
quienes llevan a cabo la difícil labor de la creación
literaria.
Profesores, estudiantes, padres y amigos hemos venido acá
para escuchar con atención el trabajo que, en silencio,
ensayistas, cuentistas y poetas de nuestra Universidad, han realizado
a lo largo de este último año.
Muy distintamente de lo que se piensa, no existe en nosotros
de ninguna manera, tal vena literaria, ni mucho menos vaya a
pensarse tampoco, que exista tal vena estrictamente ingenieril.
Todo lo contrario, aquello que define a cada momento lo que somos,
lo que hacemos, es un espíritu creativo y curioso que
vaga entre dos naturalezas muy bien definidas, la forma numérica y
la forma alfanumérica. Esta parece ser la mejor
aproximación a nuestra verdadera naturaleza, seres errantes
entre el homo sapiens y el homo dements.
El filósofo inglés,
Isaías Berlín, de origen judío, decía
en referencia a la fábula del zorro y el erizo: "El
zorro conoce muchas cosas, pero el erizo sólo conoce una
cosa bien grande". El situó al erizo en aquellas
visiones que partiendo de un solo principio fundamental derivaban
todas las cosas. Por otra parte, atribuyó al zorro un
pensamiento intuitivo, disperso en muchas realidades, e indagando
en múltiples experiencias que no necesariamente están
relacionadas entre sí y que en ocasiones llegan incluso
a ser contradictorias.
Zorros son los pensadores,
los inventores, los que se sumergen con curiosidad en las experiencias.
El erizo es más profundo, tiene en su haber más
principios. Así vamos siendo en medio de este campus,
andariegos curiosos entre dos condiciones paradójicamente
distintas, entre lo exacto y lo impreciso,
entre lo complejo y lo perplejo. Enseñarnos ese camino
dual viene a ser la labor de los estudios generales, mantenernos
en él nuestra propia labor creativa.
Un destacado académico
chileno, Claudio Véliz, lleva por su parte esta metáfora
a la arquitectura. Aunque es difícil separar en el tiempo
y en el territorio lo que fueron el gótico y el barroco,
Véliz mantiene que los zorros crearon el gótico,
que fue desordenado y poco preocupado por la armonía,
y que además iba agregando en el tiempo nuevas construcciones
que no salían bien con lo existente, pero que funcionaban.
Poco tiempo después, los erizos crearon el gran barroco,
con una obsesión por la unidad de la forma, de allí surgen
las espléndidas iglesias de gran cúpula central
rodeada de bóvedas más pequeñas, siguiendo
estrictamente formas geométricas.
El castellano, con su aguda precisión, va reordenándose
según formas más trascendentes para dar paso a
la creación literaria. Esta, mucho más humana y
cálida, es un espacio a medio camino entre las naturalezas
del zorro y el erizo, entre una lógica racional y la imagen
poética.
Es acá donde habitamos, ensayistas, cuentistas y poetas,
escritores todos. Y es nuestra Academia con los estudios generales
la que promueve esta búsqueda del auto-conocimiento del
ser. En días como hoy, quienes participamos con nuestra
humilde pero vibrante voz, comprobamos que solo así somos
verdaderamente, hombres y mujeres.
Quiero terminar declamándoles
un pequeño poema como justo reconocimiento a la labor
de estos escritores, genuinos pensadores de oficio, queriendo
con mis palabras alentarlos a no decaer ante el tedio del cotidiano
y a mantener viva la imagen poética…