Gustave
Doré: el ilustrador de El Quijote
Gioia Kinzbruner
Fue durante el siglo XVIII, en los orígenes de la época
contemporánea, y debido a la creciente importancia que adquieren
los relatos novelescos, cuando se inicia un especial interés
en la ilustración de El Quijote.
En este sentido, cabe destacar los grabados que
realizara William Hogarth (1697-1764) para El Quijote así
como la presencia de temas españoles en la Francia del siglo
XVIII que convirtieron en una constante las ilustraciones del libro
entre artistas como Coypel, Fragonard o Vernet.
Paradójicamente, en España la ilustración
del emblemático texto no era un tema de gran relevancia entre
los artistas. Situación ésta que no cambió
hasta el último cuarto del siglo XVIII, cuando las instituciones
reformadoras, como las academias, dieron una respuesta que sirvió
de estímulo para realizar tan ambiciosa labor.
Logrando finalmente ilustrar a cabalidad la obra
cumbre de la literatura española. Es entonces cuando la Real
Academia de la Lengua promueve, en el año 1780, una suntuosa
edición ilustrada por los mejores pintores del momento: Antonio
del Castillo, Carnicero, Barranco, entre otros, y estampada por
Carmona.
Llegado el siglo XIX se incrementa la comprensión
crítica de la obra cervantina, y destacan las intervenciones
del genial litógrafo Honoré Daumier, con las mejores
composiciones del romanesco caballero, y el ilustrador Gustave Doré,
cuyo Quijote de 1862 es un prodigio de realismo.
Gustave Doré (1833-1888) supo plasmar con gran fuerza y detalle
las aventuras de Don Quijote en sus más de 60 grabados, los
cuales han aparecido en numerosas ediciones y que ilustran este
número Universalia. |
Doré, además de ser famoso
por sus dibujos y grabados sobre El Quijote, es conocido también
por ilustrar y trabajar en otras obras de la literatura universal,
como son los grabados que acompañan a la Divina Comedia,
la Biblia, el Nuevo Testamento, y El Cuervo de Edgar Allan Poe.
A partir de las ilustraciones que Doré realizó para
El Quijote, se fija el carácter romántico del personaje
que ha trascendido hasta nuestros días.
Doré tardó mucho tiempo en ser reconocido y en poder
ubicar su trabajo en los museos, entre otras cosas por la delicadeza
de sus obras que corren el riesgo de perder su fondo blanco original
así como los finos trazos que la caracterizan.
(*) Prof. del Dpto. de Arquitectura, Diseño y Artes Plásticas
Universidad Simón Bolívar
Universalia nº 23 Sep-Dic 2005
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