| El
Infinito Matemático: interpretaciones ontológicas
Luís Eduardo Zamudio S(*)
...El diámetro del Aleph
sería de dos o tres centímetros,
pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución
de tamaño...
Jorge Luis Borges, El Aleph.
Entre todas
las ideas creadas o descubiertas por el hombre a lo largo de la
historia del pensamiento, la noción de Infinito sin duda
es una de las más enigmáticas. Los intelectos más
lúcidos de la filosofía, la teología y la matemática
han aportado distintas interpretaciones de la infinitud, una idea
rodeada —como veremos— de misticismo y locura a través
de los siglos.
A
continuación se presenta un simplificado recuento histórico
de la noción de Infinito en su versión más
rigurosa —a mi juicio—, el Infinito matemático.
Posteriormente se establecerá la hipótesis de que
el infinito categórico —también llamado
infinito actual— se corresponde con una realidad
ontológica que involucra el Ser del hombre y su relación
con la Divinidad. Tal hipótesis permitirá expresar
una posible respuesta al cuestionamiento aristotélico sobre
la función última del hombre.
Breve recuento histórico
Los orígenes de la noción
de Infinito en matemática se remontan hasta Pitágoras
(aprox. 569 – 500 A.C.). Como es sabido, los pitagóricos
practicaban filosofía, misticismo y matemática, tres
áreas que para ellos estaban inextricablemente relacionadas,
mientras sostenían la firme convicción de que todo
conocimiento matemático revela un invisible ángulo
de la Realidad.
Entre
otras creencias defendidas por los pitagóricos sobre los
significados de cada número particular destaca la función
que para ellos jugaba el número uno como generador inductivo
de todo el sistema numérico, lo cual permite deducir que
tenían idea clara del llamado infinito potencial:
dado cualquier número, por más grande que sea, siempre
podemos obtener un número mayor simplemente sumándole
la unidad.
Aproximadamente
un siglo después Zenón de Elea (495 – 435 A.C.)
promulgó las paradojas que lo han inmortalizado.(1) En ellas
trató de probar la imposibilidad del movimiento partiendo
de la premisa de un espacio infinitamente divisible. Cabe señalar
que dichas paradojas pueden ser tratadas de forma natural (desde
la formalización del concepto de límite)
a través de la idea de convergencia de una serie infinita.
Aquí también es la noción de infinito potencial
la que juega el rol protagónico en contraposición
al infinito actual, el cual tradicionalmente fue rechazado
por matemáticos y filósofos hasta finales del siglo
XIX de nuestra era. De hecho, la tradición matemática
siempre había utilizado el infinito potencial en la forma
que inauguraron Eudoxio (408 – 355 A.C.) y Arquímedes
(287 – 212 A.C.), quienes para el cálculo de áreas
y volúmenes de figuras geométricas aplicaban el carácter
potencial del infinito, ya no sólo para manipular cantidades
arbitrariamente grandes, sino también en la consideración
de cantidades extremadamente pequeñas, aquellas que aún
siendo positivas pueden hacerse tender a cero en el límite.
Con
el propósito de enfatizar la distinción fundamental
entre los infinitos potencial y actual, así como la percepción
que tenía la tradición matemática respecto
a lo inadecuado de éste último, veamos un pequeño
fragmento de una carta que escribiera nada menos que el usualmente
considerado matemático más grande de la historia,
Carl F. Gauss (1777 – 1855), a su colega Heinrich Schumacher:
But concerning your proof, I protest above all against the use of
an infinite quantity [Gröse] as a completed
one, which in mathematics is never allowed. The infinite is only
a façon de parler, in which one properly speaks
of limits. (2)
No obstante, mucho antes de Gauss se dio la primera aparición
conocida —aunque tenue—del infinito actual por intermedio
de uno de los científicos más completos que registra
la historia, Galileo Galilei (1564 – 1642), quien se percató
de la existencia de una correspondencia uno-a-uno entre
los elementos del conjunto de números naturales {1, 2, 3,
etc.} y aquellos llamados cuadrados perfectos {1, 4, 9, 16, 25,
etc.}. Tal correspondencia puede ser representada por la función
f(n) = n². De esta manera al número 1 le corresponde
el mismo 1, al número 2 le corresponde el 4, al 3 el 9 y
así sucesivamente. Quedaba demostrado un hecho en apariencia
paradójico: existen tantos cuadrados perfectos (los cuales
constituyen un subconjunto propio de los números naturales)
como números naturales.
En
términos de matemáticas actuales, la correspondencia
uno-a-uno usada por Galileo cumple con dos propiedades fundamentales
que de hecho sirven para definir e identificar a todas las correspondencias
de este tipo, también llamadas funciones biyectivas.
La primera de tales propiedades consiste en que para todo par de
elementos n y m del dominio de la función (en el presente
ejemplo, para todo par de números naturales) se cumple que:
implica 
La segunda propiedad consiste en que todo elemento del conjunto
de llegada de la función (que en nuestro ejemplo sería
el conjunto de números cuadrados) es “alcanzado”
por un elemento del dominio a través de la función.
Esto significa en este caso que si m es un número cuadrado,
existe un número natural n tal que Aquí es evidente
que dado m cuadrado,
el número
es el número natural que lo alcanza a través de la
función f.
Cuando entre dos conjuntos existe una función biyectiva se
dice que ambos tienen la misma cardinalidad, indicando
con esto que ambos conjuntos tienen la misma cantidad de elementos,
como es intuitivo dada la definición de correspondencia uno-a-uno
o función biyectiva.
Utilizando este lenguaje, lo que Galileo publicó en 1638
se traduce en la afirmación de que el conjunto de números
naturales tiene la misma cardinalidad que un subconjunto propio.
En otras palabras, se negaba el principio de que el todo es mayor
que sus partes; principio no aplicable en realidad por estar lidiándose
con un todo infinito. Pero quizá, cabe especular, para Galileo
ya era suficiente con los problemas que sus teorías cosmológicas
le habían acarreado con la Inquisición y finalmente
decidió no acometer una investigación más profunda
sobre el significado de su hallazgo, significado que inevitablemente
lo hubiese llevado a declarar la existencia del infinito actual,
una noción que para la época sólo podía
ser asociada con la Divinidad. O tal vez, como lo afirman algunos
entendidos(3), haya sido el poder del Infinito lo que detuvo a Galileo.
Sea como fuera, tan intrascendente fue la primera aparición
del infinito actual que un gigante de la filosofía y la matemática,
como lo fue Gottfried W. Leibniz (1646 – 1716), escribió
menos de un siglo después en sus Nuevos ensayos sobre
el entendimiento humano (obra monumental que prácticamente
compendia todo el saber de la época), lo siguiente:
Propiamente hablando, es verdad que hay una infinidad de cosas,
es decir, que siempre hay más de las que podemos designar.
Pero si se les toma como auténticos todos, entonces no hay
número infinito, ni línea ni cualquier otra cantidad
que sea infinita, como es fácil demostrar. Las escuelas han
querido o debido decir eso, al admitir un infinito sincategoremático
[infinito potencial], pero no el infinito categoremático
[infinito actual], por decirlo en su lenguaje. En rigor, el verdadero
infinito sólo está en lo absoluto, que es
anterior a toda composición y no está formado por
adición de partes. (4)
Aunque Leibniz en su creación del Cálculo Infinitesimal
utilizó ampliamente —al igual que Newton y sus antecesores
griegos— el infinito potencial, queda evidenciada su opinión
con respecto al infinito actual, opinión que refleja el conocimiento
establecido de su tiempo.(5)
Así pues, en matemática no se dio ningún otro
acercamiento al concepto de Infinito hasta el siglo XIX, cuando
el sacerdote y matemático Bernhard Bolzano (1781 –
1848), influenciado por los trabajos de Eudoxio y Galileo, vislumbró
nuevas luces sobre la naturaleza de la infinitud.
Bolzano comenzó por preguntarse si la propiedad aparentemente
paradójica que había descubierto Galileo con respecto
a conjuntos discretos (tales como el conjunto de números
naturales, en donde está determinado cuál es el sucesor
de cada elemento) también podía darse en conjuntos
continuos sobre la recta real. Encontró efectivamente que
se podía establecer una correspondencia uno-a-uno entre un
intervalo de la recta y un subintervalo incluido en el mismo. En
este sentido definió la función ,
sobre el dominio cerrado [0, 1].(6) Es claro que dicha función
es una biyección o correspondencia uno-a-uno entre su dominio
y su conjunto de llegada, el intervalo cerrado [0, 2], que a su
vez contiene el dominio [0, 1] como un subconjunto propio.
Surgió así en 1851 la publicación póstuma
Paradojas del Infinito donde Bolzano se convertía
en el primer matemático en defender la existencia del infinito
actual, expresando que éste podía ser introducido
en matemática de manera consistente, libre de contradicciones.
El destino se inclinó, sin embargo, a que el infinito actual
se mantuviera alejado de la atención de los matemáticos
por más de veinte años luego de la publicación
de Bolzano, hasta que los trabajos revolucionarios de Georg Cantor
(1845 – 1918) comenzaron a transformar casi todas las áreas
de la matemática.
Entre sus primeras contribuciones Cantor formalizó la definición
de conjunto infinito. Desde entonces se dice que un conjunto X es
infinito si y sólo si existe una correspondencia uno-a-uno
entre X y algún subconjunto propio S contenido en X (
).
Se trata precisamente de la negación del principio de que
el todo es mayor que sus partes, principio válido sólo
en conjuntos finitos. (7) En estos términos, Galileo y Bolzano
habían demostrado formalmente que el conjunto de números
naturales y el conjunto de números reales contenidos en cualquier
intervalo de la recta real son conjuntos infinitos.
Pero en 1874, Cantor dio un decisivo paso adicional demostrando
lo impensable hasta ese momento: la existencia de varios “tamaños”
u órdenes de infinitud.
En una muestra de penetrante lucidez Cantor probó que es
imposible establecer una correspondencia uno-a-uno entre el conjunto
de números naturales y el conjunto de números reales
entre el cero y el uno. En otras palabras, los números reales
de dicho intervalo (y de hecho, de cualquier intervalo) no pueden
ser etiquetados en una lista indefinida hasta el infinito de la
forma Por lo tanto,
la cardinalidad del continuum, la cantidad de puntos en
cualquier segmento de recta real, es superior a la cantidad infinita
de números naturales.
Este descubrimiento inevitablemente desencadenó consecuencias
incluso más allá del territorio propiamente matemático(8),
mientras Cantor acometía la defensa del infinito categórico
(o actual) más grande que se haya dado en la historia del
pensamiento occidental.
Al menos en el contexto matemático, la existencia de una
entidad puede ser argumentada por su consistencia con el resto de
las ideas y construcciones matemáticas ya establecidas. En
este sentido, para Cantor era perfectamente consistente que el proceso
de “contar” elementos de conjuntos finitos fuese extendido
a elementos de conjuntos infinitos, como entidades completas y acabadas,
a través de funciones biyectivas. Por ejemplo, el conjunto
A = {w, x, y, z} de objetos cualesquiera (sean libros, casas, animales
o lo que sea) diferentes entre sí, se puede considerar como
una entidad total cuyo número cardinal es el número
cuatro, ya que existe una correspondencia uno-a-uno entre el conjunto
A y el subconjunto de números naturales {1, 2, 3, 4}. De
la misma manera, el conjunto de números cuadrados perfectos
{1, 4, 9, 16, , verbigracia de conjunto infinito, se puede considerar
como una totalidad cuyo número cardinal es superior a cualquier
número finito. Así pues, Cantor denotó con
un aleph (primera letra del alfabeto hebreo) y un subíndice
igual a cero al número cardinal transfinito de todos los
conjuntos equivalentes en cantidad (susceptibles de biyectar) al
conjunto de números naturales. (9)
En este orden de ideas, el descubrimiento de Cantor de que la cardinalidad
del conjunto de números reales (el continuum) es
mayor a la de los números naturales implica la existencia
de otro número cardinal transfinito
, digamos ,
superior a .
Pero, ¿cuál fue la reacción de la comunidad
matemática a estos descubrimientos(10)? En principio, como
muchos otros hallazgos que afectan los paradigmas establecidos,
Cantor enfrentó una fuerte y persistente oposición,
por un lado, y disfrutó de unos pocos partidarios, por otro.
Sabiendo que la oposición a su trabajo provenía de
distintos frentes, comenzó por determinar cuáles habían
sido históricamente los argumentos en contra del infinito
actual y se dispuso a refutarlos uno por uno armado con su nueva
teoría de números transfinitos. En particular, criticó
el clásico argumento aristotélico que consistía
en usar principios de aritmética para contradecir la existencia
del infinito actual. Frente a esto Cantor estableció que
para razonar el infinito matemáticamente había que
crear una aritmética especial que él mismo se encargó
de fundar.
Años de intensa investigación por parte de los mejores
matemáticos del mundo entre finales del siglo XIX y principios
del XX, demostraron que las ideas de Cantor se quedarían
para siempre en el reino de la matemática. Mas, según
su biógrafo Joseph Dauben, la profunda motivación
que impregnaba el alma de Cantor, y que lo impulsaba a defender
sus teorías en cualquier terreno mostrando una férrea
convicción, era en gran parte religiosa.
Cantor not only found encouragement and support from his faith in
God, but he also believed that he was destined to put that knowledge
into service for the greater understanding of God and nature. (11)
Pero estas son ideas que ya rozan a la hipótesis ontológica
que a continuación se presenta.
Hipótesis Ontológica
Aceptada la existencia del infinito
actual en matemáticas, en primer lugar, cabe preguntarse
¿a qué se corresponde en el mundo físico tan
enigmática idea?, ¿acaso el infinito categórico
es representación de algo en el mundo material?
Los físicos y astrónomos han determinado que vivimos
en un universo curvo en permanente expansión desde el Big
Bang. (12) Además, se tienen fuertes indicios de que
el universo es finito, (13) aunque no hay certeza absoluta al respecto.
Por otro lado, nuevas teorías tienden a establecer un atomismo
no sólo en el espacio sino también en el tiempo, (14)
lo que implicaría la imposibilidad de dividir infinitamente
cualquier fragmento de materia o tiempo.
En efecto, la infinitud en el mundo físico sólo se
ha hecho presente en la densidad infinita que se supone existió
en aquel punto originario de donde surgió el Big Bang.
Más allá de ese momento primigenio, no hay evidencias
de que en el universo existan entidades que se correspondan con
el infinito matemático. No obstante, la matemática
y la Realidad —que incluye evidentemente algo más que
el mundo material— han mostrado a lo largo de los siglos una
inextricable relación. Es perfectamente factible que la realidad
que se corresponde con el infinito matemático se encuentre
más allá del mundo físico, en un eslabón
superior de la cadena ontológica, cadena planteada por
diversos filósofos y que para los propósitos actuales
basta con su imagen. (15)

Según el matemático,
físico y astrónomo Sir James Jeans (1877 – 1946),
la Realidad es intrínsecamente matemática en un sentido
mucho más profundo al que señaló Galileo cuando
afirmó que el libro de la naturaleza está escrito
en lenguaje matemático. Simplificando la manera tradicional
de hacer física, ésta consiste en observar el mundo
material, modelarlo a través de ecuaciones y posteriormente
verificar empíricamente las predicciones realizadas por intermedio
de los modelos matemáticos. En este sentido, las fórmulas
matemáticas describen la realidad, entre otras razones
porque son creadas a posteriori, conjuntamente con referentes
empíricos.
Sin embargo, para alcanzar el sentido más profundo que propone
Jeans, hay que percatarse de que la matemática que utilizó
Einstein en el desarrollo de la relatividad general a principios
del siglo XX, fueron creadas independientemente de cualquier observación
empírica. En efecto, fueron teorías de matemática
pura (como por ejemplo las geometrías no-euclidianas) inventadas
por el pensamiento abstracto varias décadas antes de que
se sospechara siquiera que pudieran tener alguna aplicación
al mundo físico. (16) Para Jeans, el tremendo éxito
manifestado en las aplicaciones de estas teorías es prueba
de que la Realidad tiene una estructura matemática inherente.
Sería la única explicación de que se hayan
podido comprobar numerosas predicciones calculadas por intermedio
de teorías matemáticas creadas independientemente
a todo empirismo, con anterioridad a toda observación del
mundo exterior. (17)
Ahora bien, dada la existencia en matemáticas del infinito
actual y considerando la argumentación anterior, si en el
mundo físico no hay indicios del Infinito, ¿no es
natural suponer que su existencia matemática se corresponde
con una realidad más allá de lo físico? Sería
una idea que no se precipita a los recintos de la materia, sino
más bien trasciende ésta ya que su ser pertenece a
eslabones ontológicos superiores. Esta es precisamente la
hipótesis que se quería expresar: el infinito actual
en su forma matemática se corresponde con una realidad ontológica
que involucra el Ser del hombre y su relación con la Divinidad.
Ya veremos en qué se basa esto, pero por ahora, nótese
que podríamos estar en presencia de una noción matemática
que representa realidades únicamente tratadas por metafísicos,
teólogos y hasta místicos. (18)
Más, ¿en qué consiste dicha realidad ontológica?
Hay diversas interpretaciones posibles, todas estrechamente vinculadas.
Comenzando con la metafísica leibniziana, tenemos que para
Leibniz todas las substancias simples, llamadas mónadas,
se relacionan entre sí, y a su vez cada una con el universo
circundante. Estas relaciones son de tal índole que un intelecto
infinito podría conocer todo el universo a partir de la investigación
de una sola mónada, ya que ésta es una imagen o espejo
que refleja todo el universo.(19)
Ahora bien, este enlace o acomodamiento de todas las cosas creadas
a cada una y de cada una a todas las demás, hace que cada
substancia simple tenga relaciones que expresan todas las demás,
y que por consiguiente sea un espejo vivo y perpetuo del universo
(20)
...Y el autor de la naturaleza ha podido practicar este artificio
divino e infinitamente maravilloso, por que cada porción
de la materia no es sólo infinitamente divisible, como lo
han reconocido los antiguos, sino también subdividida actualmente
al infinito, cada parte en partes, de las que cada una posee algún
movimiento propio: de otra manera sería imposible que cada
porción de la materia pudiera expresar todo el universo.
(21)
Vemos así que Leibniz, aunque en matemática sólo
defendió el infinito potencial, creía en la existencia
del infinito actual en la naturaleza. De hecho, es el infinito actual
lo que hace posible que una esfera limitada por un diámetro
finito (sin importar lo pequeño que sea éste)
pueda ser biyectada de forma continua(22) a todo el infinito
espacio tridimensional,(23) tal y como describe Borges en su extraordinario
cuento El Aleph. Recordando el epígrafe al presente
ensayo, el Aleph es una pequeña esfera limitada por un diámetro
de dos o tres centímetros que, sin embargo, contiene a todo
el universo. Evidencia indubitable del Infinito: aunque limitada
por su diámetro, la esfera contiene tantos puntos como el
espacio infinito que a su vez contiene a la esfera.
Pero Leibniz no se limita a hablar de la materia. Más aún,
afirma que cada mónada representa a todo el universo desde
su punto de vista, algo que sólo puede ser entendido a través
del infinito actual, esta vez operando en un espacio ontológico,
lo cual no puede ser una sorpresa dado que —como afirma Heinz
Heimsoeth— Leibniz “está convencido metafísicamente
de la existencia del infinito actual en el mundo”. (24)
Asimismo, Leibniz establece una reveladora diferencia entre las
almas simples y las racionales:
Por lo que respecta al alma racional o al espíritu, hay algo
más en ella de lo que se encuentra en las mónadas
o incluso en las simples almas. No es únicamente un espejo
del universo de las criaturas sino también una imagen de
la Divinidad... (25)
Esta última afirmación nos permite acercarnos a otra
interpretación posible de esa realidad ontológica
que nuestra hipótesis afirma es representada por el infinito
actual. Los idealistas románticos, quienes promulgaron la
existencia del Yo infinito o la Autoconciencia absoluta,
manifestaron adherencia a la posibilidad de identificación
de la conciencia limitada (humana) con la Conciencia Infinita (Divina).
(26) No obstante, estas ideas no son del todo originales de los
idealistas románticos. Al menos tienen sus raíces
en los filósofos neoplatónicos, (27) especialmente
en Plotino (204 – 270 D. C.) y sus descripciones de la experiencia
del éxtasis.
Para Plotino el éxtasis es la abolición de la alteridad
entre el que ve y la cosa vista y la identificación total
y entusiasta del alma humana con Dios. (28)
¿Acaso una biyección metafísica? Wittgenstein
diría que al respecto sólo podemos y debemos callar.
Pero de cualquier forma, el éxtasis de Plotino solamente
puede propiciarse partiendo del principio de que el espíritu
humano posee potencialidades infinitas propias de la Divinidad,
a pesar de estar limitado por la materia, e incluso posiblemente
por el intelecto, cual esfera limitada por su diámetro. Ahora,
tal premisa o creencia se encuentra también en diversas tradiciones
orientales como el hinduismo o el budismo. Según Borges,
para estas religiones, así como para el resto de religiones
y filosofías del Indostán, la doctrina del Vedanta
es pilar fundamental. El erudito escritor la comprime de la siguiente
manera:
La doctrina del Vedanta se resume en dos afamadas sentencias: Tat
twuam asi (Eso eres tú) y Aham brahmasmi (Soy
Brahman). Ambas afirman la identidad de Dios y del alma, de uno
y el universo. Esto quiere decir que el eterno principio de todo
ser, que proyecta y disipa mundos, está en cada uno de nosotros
pleno e indivisible. (29)
Así pues, tenemos la potestad de escoger entre la metafísica
leibniziana, el idealismo romántico o el misticismo de corte
neoplatónico u oriental. Lo que aquí se afirma es
que el infinito matemático actual es metáfora de una
realidad transmitida desde tiempos ancestrales por filósofos
y místicos, tanto en occidente como en oriente: la substancia
del espíritu humano es la misma, en toda su actual infinitud,
que la substancia de la Divinidad. ¿Y qué otra imagen
más allá del infinito matemático podría
hacer comprensible que seres indudablemente limitados sean infinitos
en esencia?
Tomar conciencia de que con todas nuestras limitaciones somos substancialmente
infinitos abriría una brecha para responder al cuestionamiento
aristotélico: la función de todo hombre no puede ser
otra que descubrir su infinito interior y biyectarse —como
diría un pitagórico— con la substancia infinita
que es “el eterno principio de todo ser”. Porque como
dice Heimsoeth parafraseando al Doctor Sutilísimo: “El
fin para el cual Dios nos ha creado se halla de este modo en concordancia
con nuestras facultades”. (30)
Emerge así la terrible interrogante para todo occidental:
¿será el intelecto una de tales facultades en concordancia
con el fin último de todo hombre?, o acaso, ¿será
el sendero hacia el alma inexpugnable por las armas de la razón?
La consecución del fin del
hombre en Occidente
En 1884, en medio de sus investigaciones
sobre la hipótesis del continuo,(31) —problema
imposible de resolver como se demostró años después—
Cantor sufrió su primer “mental breakdown”
—como lo llaman sus biógrafos. En razón de ello
se lo mantuvo dos meses recluido en un centro de recuperación
sicológica. No se tiene certeza sobre las causas de su crisis,
aunque comúnmente se especula sobre una posible combinación
de tendencia genética, extrema dificultad y frustración
enfrentando la hipótesis del continuo y una prolongada oposición
a sus ideas por parte de uno de sus ex – profesores más
notables.
Sea cual sea la verdadera combinación de causas, al matemático
y escritor Amir Aczel le resultó inevitable imaginar que
Cantor experimentó las consecuencias de haber pretendido
asir un conocimiento inescrutable.
Trying to understand the real meaning of the various levels of infinity—trying
to dissect the unreachable infinite and probe its innermost parts—may
have cost him his sanity. (32)
Efectivamente, conforme iba padeciendo numerosas crisis y recaídas
intermitentes cada vez más prolongadas, Cantor fue deteriorándose
mentalmente hasta que abandonó toda investigación
matemática. Aparentemente sus pensamientos en los meses finales
de su vida giraban en torno a la creencia de que a través
de él, Dios había comunicado al mundo buena parte
de la esencia del Infinito.
Basándose en la extraña coincidencia de que el sucesor
natural de Cantor, el lógico matemático Kurt Gödel
(1906 – 1978),(33) al enfrentarse al Infinito años
después de su antecesor, también experimentó
intermitentes episodios de locura, Aczel concluye que el infinito
matemático entraña un misterio que se resiste a ser
revelado. Sin embargo, Aczel no ofrece conjeturas sobre significados
posibles de tal misterio.
Nuestra hipótesis ontológica intenta buscarle sentido
a la enigmática idea de la infinitud, conscientes de que
el infinito matemático apenas permite vislumbrar con la luz
de la razón una realidad que le compete al espíritu.
La locura de dos grandes indiscutibles de la matemática podría
simbolizar los límites de la razón en su búsqueda
del Infinito. No obstante, la ciencia occidental —hija legítima
de la razón— tiene pendiente descifrar las verdaderas
potencialidades de la mente humana. ¿Para qué está
allí esa capacidad cerebral que no utilizamos ni siquiera
en nuestros momentos de mayor concentración?
A diferencia del devenir propio de Oriente, en Occidente el dominio
de la naturaleza, y en general del mundo exterior, ha privado sobre
el dominio del sí mismo. Mas, si nos atrevemos a confrontar
radicalmente la práctica común de convertir a los
simples medios en fines,(34) viviendo muchas veces al borde de la
alienación a causa de ello, es probable que, a pesar de haber
tomado el camino más largo, nos encontremos ante la noble
y fundamental tarea de descubrir el infinito universo que palpita
en nuestro interior.
Citas
(1) Jorge Luis Borges proporciona una
extraordinaria exposición de dichas paradojas y sus más
afamadas pretendidas soluciones en sus ensayos Avatares de la tortuga
y La perpetua carrera de Aquiles y la tortuga, ambos publicados
en su libro Discusión. Ver [3] en la bibliografía.
(2) Citado tal cual por Dauben en [5], p. 120.
(3) El matemático y escritor Amir D. Aczel afirma: “Galileo
stopped there, even though he had intended to write a book about
infinity. Apparently, the power of the infinite was enough to deter
him from this project”. [2], p. 55.
(4) Los corchetes son míos. Ver [8], p. 177.
(5) Sin embargo, veremos más adelante que la metafísica
leibniziana, la cual el mismo Leibniz decía que estaba basada
en conocimiento matemático, es uno de los sustentos de la
hipótesis de carácter ontológico que motiva
las presentes líneas, cuyo fundamento es la realidad del
infinito categórico o actual.
(6) Todos aquellos números reales mayores o iguales que cero
pero menores o iguales que uno.
(7) Cabe señalar que Guillermo de Occam (aprox.1300 –
1349) fue capaz de llamar la atención sobre la correcta aplicación
del mencionado principio exclusivamente en conjuntos finitos. Ver
al respecto [1], p. 674.
(8) Hay evidencias de que incluso el Papa Leo XIII y diversos teólogos
se interesaron por el trabajo de Cantor. Ver [2] p. 143. y [5] p.p.
140 – 144.
(9) En terminología matemática, se dice que los conjuntos
equivalentes en cardinalidad al conjunto de números naturales
son conjuntos numerables. Cantor también probó que
el conjunto de números racionales (todas las fracciones posibles)
es un conjunto numerable.
(10) En [12] se encuentra una reseña breve de la influencia
de Cantor en matemáticas. Para un estudio con profundidad
y complejidad crecientes están los excelentes libros [2]
y [5].
(11) [5], p. 232.
(12) Cf. [6], capítulo 3.
(13) Ver artículo de la Scientific American en [10], así
como [13], p. 186.
(14) Ver artículo de la Scientific American en [11].
(15) Esta es una simplificación de la figura mostrada en
[13], p.34. Cabe apuntar que las disciplinas que aparecen en la
mitad inferior del diagrama no son necesariamente excluyentes de
otros campos del saber que puedan tratar los espacios señalados
en la parte superior.
(16) Cf. [6], p. 18 y [12], p.p. 174 – 201.
(17) Cf. [12], p.p. 174 – 201.
(18) A propósito, léanse los siguientes versos del
poeta místico William Blake (1757 – 1827):
“To see a World in a grain of sand, / and a Heaven in a wild
flower, / hold Infinity in the palm of your hand / and Eternity
in an hour”. Citado por Borges en [4], p. 114.
(19) Cf. Principios de la naturaleza y la gracia fundados en la
razón (1714), en [9], p.p. 99-100.
(20) Monadología (1714). Parág. 56. Ver [9], p. 81.
(21) Ibid. Parág. 65 en [9], p. 84.
(22) Una biyección continua expresa una equivalencia mucho
más fuerte que la mera cardinalidad. Permite afirmar la equivalencia
topológica entre las esferas abiertas y todo el espacio tridimensional.
Pero estos detalles escapan al alcance del presente ensayo.
(23) Veamos un ejemplo en el caso unidimensional: considérese
la función , definida por . Esta función es una biyección
continua entre el intervalo acotado (0,1) y toda la recta real R
= (- ).
(24) [7], p. 115.
(25) Principios de la naturaleza y la gracia fundados en la razón
(1714). Ver [9], p. 100.
(26) Cf. [1], p. 446.
(27) Cf. [1], p. 1023.
(28) [1], p. 513.
(29) [4], p. 38.
(30) [7], p.105.
(31) Esta hipótesis es original de Cantor. Afirma que no
existe número transfinito entre el cardinal de los números
naturales y el cardinal de los números reales.
(32) [2], p. 224.
(33) Bien conocido por sus famosos Teoremas de Incompletitud y ganador
de la medalla Field.
(34) Actualmente diversos sociólogos, inspirados en el filósofo
y sociólogo francés Emile Durkheim (1858 – 1917),
han señalado que tal alteración entre medios y fines
es una de las causas del insólito aumento en 60% del número
de suicidios en los últimos 45 años a nivel mundial.
No obstante, este es un tema que desborda al presente ensayo.
Bibliografía
[1] Abbagnano, N. Diccionario de
Filosofía, Fondo de Cultura Económica, México,
1996.
[2] Aczel, Amir D. The Mystery of the Aleph, Washington Square Press,
New York, 2000.
[3] Borges, J.L. Discusión, Emecé, Buenos Aires, 1996.
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[13] Wilber, Ken (Editor). Cuestiones Cuánticas, Kairós,
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(*)Licenciado en Matemáticas, egresado
de la USB en 2001
Analista de Riesgo en el Banco Mercantil
suarezlynch@cantv.net
Universalia nº 22 Sep-Dic
2004
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