| ¡Adiós,
coroto!
Angel Rosenblat*
En la palabra coroto cabe el universo entero.
Aunque se le conoce también en el Ecuador, Colombia, Panamá, Santo
Domingo y Puerto Rico (con el valor de trastos, trebejos, bártulos,
baratijas), en todas esas regiones su uso es limitado, y se debe
sin duda a expansión venezolana.
Sobre el origen de coroto hay una hermosa anécdota.
Se dice que Guzmán Blanco trajo de París un lienzo de Corot,
el famoso paisajista. El general solía recomendar machaconamente
al servicio: ¡Cuidado con el Corot!. Las criadas empezaron a burlarse
del coroto del general, y la expresión se extendió a objetos más
diversos.
Una variante de la anécdota atribuye dos cuadros de
Corot al general José Tadeo Monagas. Al desplomarse la dictadura
monaguista el pueblo saqueó la residencia presidencia y arrastró
por las calles los dos Corot, particularmente apreciados por el
presidente. Uno de los excontertulios, al ver la suerte infortunada
de los cuadros exclamó: ¡Adiós corotos!.
La explicación es demasiado bonita para ser verdadera.
Además, la palabra coroto era general ya antes de la época de Guzmán
Blanco, antes de la caída de los Monagas, que fue en marzo de 1858,
y seguramente antes de la existencia misma de Corot.
El testimonio más antiguo que tenemos hasta ahora
es de Núñez de Cáceres, en su Memoria sobre Venezuela y Caracas,
probablemente de 1851 01852. Coroto era la cosa inútil, el cacharro
roto. En toda la literatura venezolana son infinitos, y las acepciones,
diversas. Puede designar un objeto de nombre desconocido o que no
se quiere nombrar: ¡Alcánceme ese coroto!, ¿Qué coroto es ése?.
O un objeto despreciable: ¡Tire ese coroto!. Pero puede abarcar
todos los objetos de una casa, incluyendo los muebles, o todas las
mercancías de un establecimiento, con la estantería: ¿Fulano se
marchó con todos los corotos!, ¡Estoy mudando los corotos!. ¿Fulano
con sus corotos!, se oye alborozadamente en las prisiones, porque
es anuncio de libertad. Coroto puede ser también asunto, negocio.
Es decir, que absorbe todos los usos de la palabra cosa: ¡Tengo
hablarte de un coroto!, ¡Tengo que hacer un coroto!.
Estar metido entre los corotos es estar de punta en
blanco, luciendo las mejores prendas. ¡Adiós, coroto! Es expresiva
exclamación de asombro. Y entregar los corotos (como entregar los
papeles) es morirse: ¡Qué vida! ¡El día menos pensado
uno entrega los corotos!.
¿Y de dónde viene una palabra tan afortunada si nada
tiene que ver con Corot? Su origen es realmente humilde. Como el
de casi todas las cosas grandes. Es sin duda una voz indígena.
Tomado de Estudios sobre el
habla de Venezuela. Buenas y malas palabras. Angel Rosenblat.
Monte Avila Editores. Caracas, 1984
Universalia nº 14 Enero-Marzo 2001
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