| La
trucha y el torrente de la montaña
Alvar Aalto
Del libro Alvar Aalto, editado por Arno Ruusuvunori (Helsinki, Museum
of Finnish Architecture, 1982), y traducido por Antonio Cortina
Este artículo fue escrito como contestación a una
en cuesta realizada por la revista Domus durante la dirección
de Ernesto Rogers y fue publicada 1947.
Para mí, como artista activo, resulta muy difícil
escribir sobre cuestiones artísticas desde el mismo punto
de vista que un crítico o un teórico de arte, quienes
lo hacen desde afuera de la profesión. El profesional tampoco
tiene la imparcialidad del historiador de arte respecto a las obras
artísticas actuales o a sus colegas; por eso, presento a
continuación solamente una serie de ideas surgidas en base
a mi propio trabajo.
La cuestión de la relación entre arquitectura y artes
liberales sigue siendo actual. En general, aparece como un deseo
de que la arquitectura dé más importancia a la escultura
y a la pintura, incluso se han presentado varias ideas sobre la
cooperación entre los factores activos de estas "tres
artes" -a veces casi al estilo de un "congreso del clero
y de los médicos".
Generalmente esta exigencia toma la forma de "más pinturas
monumentales en edificios públicos". No deja de extrañar,
sin embargo, que este tipo de deseos provengan muy rara vez de parte
de los artistas más destacados -con mayor frecuencia, son
un grito del pueblo, o en el mejor de los casos, sugerencias sobre
la política artística presentadas por las asociaciones
de arte u otras agrupaciones semejantes. Yo no me opongo a estas
exigencias, sino al contrario. El país que me atrae más
que cualquier otro es Italia, patria clásica de la unión
de las tres artes. La noticia sobre la destrucción de la
pequeña capilla de Mantegna en Chiesa degli Eremitani me
hizo sentir una personal gran pena. Pero creo, sin embargo, que
el problema en su totalidad y la solución son mucho más
profundos. No es posible llegar al centro de la cuestión
por un mero incremento cuantitativo de la colaboración entre
las tres artes.
Cuando el doctor Ernesto Rogers me plantea la cuestión sobre
"la relación entre la arquitectura y el arte (art
concret)", pienso que quizás ahí podría
existir un camino que profundice y se acerque más al corazón
de esta relación. Aunque se hayan adoptado de modo indirecto,
las formas del arte abstracto han constituido un innegable estímulo
para la arquitectura moderna. Por otra parte, la arquitectura también
ha proporcionado material para el arte moderno. Estos dos campos
del arte se han influido mutua y alternativamente. Así, también
en nuestros días, las dos artes tienen una misma raíz,
y eso significa ya mucho. Cuando tengo que solucionar un problema
arquitectónico me encuentro generalmente, casi sin excepción,
ante un obstáculo difícil de superar, una especie
de "courage de trois heures du matin". La causa
de ese fenómeno parece radicar en la complicada tarea originada
por el hecho de que el proyecto arquitectónico moviliza innumerables
elementos que a menudo están en mutuo conflicto. Exigencias
sociales, humanas, economicas y técnicas junto con las cuestiones
psicológicas que afectan tanto a los individuos como a los
grupos combinadas con los movimientos de las masas y los individuos
con sus fricciones internas, forman un complejo entramado imposible
de desenredar de una manera racional o mecánica. El inmenso
numero de exigencias y problemas parciales forma una barrera tras
la cual la idea básica arquitectónica emerge muy difícilmente.
En esa situación, aunque no de modo consciente, hago lo siguiente:
olvido durante un tiempo el conjunto de los problemas hasta que
todas la exigencias diversas y la atmósfera que la envuelve
se sumerjan en mi subconsciente. Entonces paso por una fase semejante
al proceso del arte abstracto. Dibujo guiado solamente por el instinto;
no hago síntesis arquitectónicas, sino, a veces, algo
parecido a composiciones infantiles, y, de este modo, sobre una
base abstracta, gradualmente, va tomando forma la idea principal,
un tipo de sustancia general, a través de la cual es posible
armonizar los múltiples problemas parciales en conflicto.
Al dedicarme al proyecto de la Biblioteca Municipal de Viipuri (tenía
mucho tiempo, cinco años enteros), pasaba largos períodos
de tiempo entretenido con dibujos ingenuos. Dibujaba todo tipo de
paisajes de montaña fantasiosos, de vertientes iluminadas
por varios soles en diferentes posiciones, y de ahí surgió
paulatinamente la idea principal del edificio de la biblioteca.
El sistema arquitectónico de la biblioteca se compone de
varias áreas de lectura y de entrega, escalonadas en diferentes
niveles, y en la cumbre se encuentran el centro administrativo y
de supervisión. Los dibujos infantiles sólo estaban
vinculados indirectamente con el pensamiento arquitectónico,
pero en todo caso conducían a un entrelazamiento de la sección
y de la planta y a cierta unidad entre la construcción horizontal
y la vertical.
Menciono estas experiencias personales sin querer convertirlas en
método. De todas formas, creo que la mayoría de mis
colegas sienten algo parecido durante sus propias luchas con los
problemas. Los ejemplos no tienen tampoco nada que ver con las buenas
y las malas cualidades del resultado. Los cito aquí solamente
para demostrar mi propia creencia instintiva en que las artes libres
tienen la misma raíz abstracta en cierta manera, pero basada,
no obstante, en el conocimiento y las imágenes almacenadas
en nuestro subconsciente.
En nuestra exposición en Londres en 1933 (de obras de Aino
Aalto y mías, organizada por The Architectural Review)
expusimos algunas construcciones de madera, de las que algunas eran
experimentos de formas y elaboración de madera sin ningún
valor práctico, o relación racional siquiera con la
práctica. El crítico de arte de The Times
escribió sobre éstas como si fuesen una expresión
del arte abstracto. Dijo que eran "non-objetive art".
Por otra parte, clasificaba algunas construcciones como puros ejemplos
de arte abstracto, que, en su opinión, a diferencia del arte
no material en general podrían tener uso práctico
algún día en el futuro. Quizá tuviera razón,
no he querido desmentirlo entonces ni ahora. Pero como opinión
personal y emocional querría añadir que la arquitectura
y sus detalles pertenecen en cierto modo a la biología. Tal
vez se asemejen, por ejemplo, a un salmón grande, o a una
trucha. No nacen completamente desarrollados, ni siquiera nacen
en el mar o en las aguas en que normalmente viven. Nacen a miles
de kilómetros de su morada habitual, donde los ríos
se reducen a arroyos entre las montañas, en pequeños
regajos cristalinos, bajo las primeras gotitas del hielo que se
deshiela, tan lejos de la vida normal como la emoción y el
instinto humanos lo están del trabajo cotidiano.
Así como una pizca de huevas requiere tiempo para desarrollarse
en un pez completamente evolucionado, igualmente se necesita tiempo
para todo lo que se desarrolla y cristaliza en nuestro mundo de
ideas. La arquitectura necesita aún más tiempo de
desarrollo que cualquier otro trabajo creador. Como un pequeño
ejemplo de mi propia experiencia, puedo citar que de lo que puede
parecer un mero juego de formas, después de un largo período
de tiempo inesperadamente surge una forma arquitectónica
práctica.
¿Cuál es el desarrollo del capitel de una columna
jónica? Su origen está en las formas dobladas de madera
y en el retorcimiento de las fibras bajo la presión. Pero
el producto final de mármol no es una copia naturalista de
este proceso inicial. Sus formas pulcras y estables encarnan cualidades
humanas, inexistentes en la forma constructiva original.
"En mi opinión, la propiedad principal del arte abstracto
es su naturaleza puramente humana", dijo un pintor checo, con
quien hablaba en mi oficina. "No soy capaz de explicarlo, pero
mis sentimientos y mis experiencias me lo dicen", continuó.
"Entweder fühle ich oder fühle ich nicht"
(Simplemente lo siento o no lo siento), me dijo un médico
suizo, que había experimentado la dureza de las tragedias
humanas. Con esto quería expresar su propia relación
personal con el arte.
En sus mejores ejemplos, el arte abstracto es el resultado de un
tipo de proceso de cristalización. Quizá se deba a
esto el hecho de que sea entendido pura y únicamente a través
del sentimiento, aunque a menudo incluya y cubra ideas constructivas
y todo un tejido de tragedias humanas. A su manera, es un arma que
puede transferirnos una corriente de sentimientos puramente humanos,
perdidos de algún modo por ta palabra escrita. Esto no se
puede aplicar, por supuesto, a las formas vulgares y comerciales
del arte libre, que hoy día, como siempre, florecen como
malas hierbas.
Me parece que ya estamos bien entrados en el camino hacia la unión
de las artes, y que esta unión se puede ver como una red
que reúne "las tres artes" en su raíz, "in
statu nascendi", y no en la superficie. Naturalmente,
estamos en una fase de este proceso de unión -pero eso no
reduce su valor. Al progresar la cultura, cada fase tiene el mismo
valor artístico. En términos humanos, no podemos situar
el arte arcaico en una clase inferior al de la Acrópolis.
Giotto no era menos maestro que sus colegas posteriores.
(*)Alvar Aaalto (1898-1976), Oriundo de Koutame,
Finlandia, se encuentra entre los arquitectos, de mayor trascendencia
del siglo XX. Junto a la Arquitectura, también se desarrolló
como pintor y diseñador de muebles y objetos utilitarios,
investigó y experimentó con diversos materiales y
texturas a fin de enriquecer los espacios intemos de sus obras.
Su sentido humano y su relación con la naturaleza puede observarse
en la mayor parte de sus proyectos entre los que se destacan el
edificio de los dorrmitorios para estudiantes mayores en Cambridge,
la capilla funeraria Malm y la sede del Partido Comunista en Helsinki,
el teatro de Knoppio y el de Oulu, el Ayuntamiento y la Estación
Central de Göteborg en Suecia, el Museo de Bellas Artes de
Aalborg en Dinamarca, el de Jyvaskyla en Finlandia, el de Bagdad
en Irak, el de Chiraz en Irán, la Opera de Essen y el Centro
de la Cultura De Wolfsburg en Alemania, la ordenación del
centro de Otaniemi y su Ciudad Universitaria, la Biblioteca del
colegio Benedictino de Mount Angel, Oregón -E.E.U.U.-, la
ciudad Experimental Gammelbacka en Porvoo y el Centro Cultural de
Siena en Italia.
Universalia nº 12 Ene - Jun 1995
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