| PRIMER
PREMIO "SEGUNDO SERRANO PONCELA", 1994
SECCION HUMANIDADES
Lo real lo surreal y lo maravilloso en Alejo
Carpentier
Adriana Correa Machado*
A Ludwing
a Peter
Si en medio de una sociedad caótica, atravesada la guerra
con sus hombres y sus muertes en las esquinas, aparece Dadá
con su grito desesperado, como un vano intento de sacudir al mundo,
de encontrar la libertad del hombre, a través de la carcajada
y la negación constante, demasiado escandaloso y poco perdurable,
entonces el surrealismo irrumpirá intentando sentar esa crítica
sarcástica sobre las bases de una doctrina, y buscando la
libertad del hombre, no a través de la burla casi fanática
de Dadá, sino por medio de un conocimiento interior del mismo
que lo lleve a su realización. Así, si la crítica
dadaísta al arte se refiere principalmente a la institución
tal y como se ha formado en la sociedad burguesa, los surrealistas
plantearán una a la concepción del "arte por
el arte", pues para ellos éste no deberá ser
un fin, sino simplemente un medio a través del cual se pueda
llegar a la interiorización para encontrar la libertad.
Finalmente, el problema fundamental del surrealismo viene dado por
la búsqueda de la libertad. Esta libertad estará determinada
en dos planos: el social y el individual. El primero, sin lugar
a dudas, los llevará irremediablemente a la revolución.
Bajo la bandera del marxismo los surrealistas plantearán
esa libertad social en términos de una culminación
de la lucha de clases; del abismático antagonismo entre fuerzas
productivas y fuerzas productoras, cada vez más alienante.
En el segundo, en el plano individual, ese planteamiento estará
basado en la teoría del psicoanálisis de Freud (figura
determinante en el desarrollo de la teoría surrealista),
y traerá consigo también una revolución, ésta
no ya tan ruidosa como la comunista, pero no por ello menos evidente:
es una revolución del pensamiento. El hombre, para optar
por la libertad, debe primero conocerse cabalmente y ese conocimiento
integral implica, más que una revisión efímera
y superficial de su comportamiento en una sociedad llena de máscaras,
una búsqueda interior dentro de su oscuro mundo inconsciente,
desde donde aflorarán sus instintos primarios; sus formas
de pensamiento más auténticas. Esta revolución
individual no es más, por tanto, que una rebelión
moral: es una lucha en contra de la educación, considerada
por Freud como una maquinaria de opresión que inhibe al hombre
en sus instintos primitivos; en contra de los prejuicios y vergüenzas;
en contra de cualquier medio moralista que cohiba al ser humano
para expresar sus deseos, sus pasiones. Toda la parafemalia surrealista
pretende, sencillamente, una realización auténtica
e integral del hombre.
Si la libertad espiritual significa el descubrimiento de los monstruos
y fantasmas ocultos en el interior del hombre, no cabe la menor
duda de que el surrealismo se valdrá de todas las estrategias
que le sean posibles para hacerlo. Los creadores, o "hacedores"
del movimiento, inventarán cualquier método, cualquier
técnica por medio de la cual, de alguna manera, alcancen
su realidad inconsciente, desconocida, rodeada de una casi mística
aurora fantasmal, quizás demasiado idealizada. Así,
el humor, como medio a través del cual se puedan desvincular
de la realidad de hipocresías de la sociedad y, con la burla,
separarse de la vida para considerarla como espectador, el sueño,
entendido como un puente que puede llegar a vincular la realidad
externa con la otra, la interna; al que los surrealistas se afanarán
en analizar para intentar cruzar barreras, o, al menos, tocar ese
espacio intermedio, indefinido e indefinible, entre los dos mundos;
la locura, puesto que penetrar en el mundo de los alienados, donde
reina la imaginación y la magia sin restricciones, les brindará
la posibilidad de acercarse a las manifestaciones del inconsciente
en libertad; los llamados "objetos surrealistas", significando
una interpretación de los objetos del mundo exterior para
otorgarles un sentido diferente (los, tan criticados por Carpentier,
paraguas y máquinas de coser encontrados en una mesa de disección);
el objeto que se sustrae de su realidad y se traspone a otra transformándose
su significado: pasa de ser un objeto "real" a ser otro
"surreal"; el cadáver exquisito y la escritura
automática, como técnicas que pretendían dejar
a un lado la razón dándole cabida a la "sinrazón",
para plasmar algo de ese inconsciente dominado por el instinto;
lo maravilloso, pues sólo en un mundo donde la razón
pierda su dominio, y aparezca la fantasía como parte de la
realidad, se hace posible traducir los sentimientos más profundos
del ser, serán los medios, tácticas, maniobras, estrategias,
técnicas y pretextos, fabricados por los surrealistas como
artificios, demasiado intelectualizados, demasiado teóricos,
para hacer tangible el mundo "surreal" y alcanzar la libertad.
Pero el movimiento es reo inevitable del fracaso porque se fundamenta
sobre una base contradictoria: aspirar a la libertad aboliendo la
razón a través de métodos elaborados por la
razón, entendidos por la razón y justificados por
la razón.
Alejo Carpentier, quien nunca pudo "pertenecer'' al surrealismo,
entendió esto, convirtiéndose casi en profeta de decaimiento
del mismo, y fundamenta su crítica haciendo severos análisis
de la búsqueda maravillosa basada en elucubraciones, a veces
exageradamente forzadas, que no lograban captar la esencia maravillosa.
Al surrealismo, que pretendía lo maravilloso desligándose
de la realidad, Carpentier opone lo "real maravilloso"
encontrándolo en la realidad.
América Latina es descubierta por el como el continente donde
habitan la magia, la fantasía y la maravilla mezcladas con
la realidad cotidiana. Aquí no hace falta valerse de medios
cuidadosamente concebidos para llegar a "lo maravilloso"
porque éste está colado entre las ranuras de la vida
americana en todo momento: en la inclemencia del clima, en la belleza
de sus contrastes, en la perfecta pureza de sus colores, que se
van transformando con la luz, en la majestuosidad de sus montañas
y mares, en el fantástico mimetismo de sus selvas, en las
costumbres de sus gentes, en la asombrosa simplicidad de sus pensamientos,
en la intensidad de sus músicas, sus comidas, sus olores,
en la inocente credulidad de sus pueblos, en la afanosa rigurosidad
de sus rituales, en la simultaneidad de sus tiempos, en el barroquismo
de su naturaleza, en su lenguaje. Para Alejo Carpentier "lo
maravilloso se encuentra a cada paso en las vidas de hombres que
inscribieron fechas en la historia del continente" .
La diferencia esencial entre el entendimiento surrealista y la teoría
carpenteriana, radica en la concepción de lo maravilloso
como perteneciente a la realidad o no; como búsqueda artificial
a través de los medios esquemáticos, carentes de veracidad,
o su reconocimiento en medio de una fabulosa cotidianidad que lo
hace mucho más auténtico. Lo maravilloso está
en lo insólito, que, en medio de podrido intelectualismo
europeo, los surrealistas fabrican, eliminándole toda posibilidad
de carácter verdadero; y en América Latina está
inmerso en la sencillez de sus habitantes, porque "Aquí
lo insólito es cotidiano" .
Pero, a pesar de entender la amplia brecha que separa al pensamiento
carpenteriano de la teoría surrealista, sería superficial
e injusto desvincularlos de una manera radical. Si bien el movimiento
concentra sus búsquedas en artificios concebidos por la razón
y sólo justificables por medio del intelecto, no puede, por
esto, ser considerado simplemente como una técnica. El surrealismo,
más allá de sus formas herméticas, es, más
bien, un espíritu. La esencia del movimiento no viene dada
por los resultados directos que nos ha dejado como herencia; ésos
son sólo evidencias de una búsqueda que está
por encima de la forma en sí; son los medios a través
de los cuales se nos hace tangible el conocimiento de otra realidad;
son ensayos para llegar a un "algo" que persigue un fin
mucho más importante. Lo fundamental, lo que verdaderamente
queda es su concepción innovadora del mundo, que transforma
los códigos regidores del desenvolvimiento del hombre dentro
de su entomo. Lo trascendente queda determinado no por el humor,
sino por la crítica a la sociedad; no por los intrincados
análisis de los sueños, sino por la necesidad de entender
otra realidad interior, no por las incoherencias copiadas de la
locura, sino por la búsqueda de manifestaciones auténticas
del inconsciente; no por los absurdos encuentros de objetos incoherentes,
sino por la capacidad de superponer significados; no por la "literatura"
anti-lógica obtenida por medio de técnicas, sino por
la insistente persecución de lo intuitivo; no por los medios
artificiales a través de los cuales se pretendía llegar
a los maravilloso, sino por la búsqueda de lo maravilloso.
Alejo Carpentier hereda sus aspiraciones del movimiento surrealista,
y llega a lo real maravilloso a partir de un análisis que
parte del surrealismo. Por encima de las contradicciones y errores
del movimiento, la vivencia europea le concede al artista la capacidad
de captar la maravilla americana que antes le fuese imposible vislumbrar.
Lo maravilloso, por su condición de cotidianidad, porque
pertenece a una vivencia diaria, se hace imperceptible, transparente,
y amerita del ojo que observa desde la distancia, ajeno, sensibilizado,
para hacerse visible. El surrealismo le da las pautas, le abre los
ojos a Carpentier, incita en él la búsqueda de lo
maravilloso y lo primitivo que finalmente va a ser hallado en América.
El mismo Carpentier observa: "Lo maravilloso comienza a serlo,
de manera inequívoca, cuando surge de una inesperada alteración
de la realidad (el milagro), de una revelación privilegiada
de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente
favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una
ampliación de las escalas y categorías de la realidad,
percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación
del espíritu que lo conduce a un modo de "estado límite"'.
Esta es la revelación carpenteriana, una relevación
surrealista a partir del movimiento surrealista.
NOTAS
l. CARPENTIER, Alejo: El Reino de este mundo. E.D.I.A.P.S.A.,
México. 1949. pág. 16.
2. CARPENTIER, Alejo: Razón de ser. Edit. Letras
Cubanas, La Habana. 1980. pág. 60.
3.CARPENTIER. Alejo: Tientos y diferencias. Edit. Arca.
Montevideo. 1967. pág. 11 s.
BIBLIOGRAFÍA
CARPENTIER. Alejo: El Reino de este mundo. E.D.I.A.P.S.A.,
México. 1949.
CARPENTIER, Alejo: Razón de ser. Edit. Letras cubanas,
La Habana, 1980
CARPENTIER, Alejo: Tientos y diferencias. Edit. Arca, Montevideo,
1967.
De MICHELI, Mario: Las vanguardias. Alianza Editorial.
Madrid, 1992.
MANCISDOR, José, y otros: Recopilación de textos
sobre Alejo Carpentier. Centro de Investigaciones Literarias,
La Habana.
MARQUEZ R., Alexis: La obra narrativa de Alejo Carpentier,
Ediciones de la Biblioteca UCV 1970.
VOLEK, Emil: “Alejo Carpentier y la narrativa latinoamericana
actual”. Cuadernos Latinoamericanos 1969-1975.
(*)Adriana Correa Machado es estudiante de Arquitectura.
Universalia nº 12 Ene - Jun 1995
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