| De
varia invención
Los unicornios
Creer que todas las especies animales sobrevivieron
al diluvio es una tesis que ningún naturalista serio sostiene
ya. Muchas perecieron; la de los unicornios entre otras. Poseían
un hermoso cuerno de marfil en la frente y se humillaban ante las
doncellas.
Ahora bien, en el arca, triste es decirlo, no había una sola
doncella. Las mujeres de Noé y de sus tres hijos estaban
lejos de serlo. Así que el arca no debió de seducir
grandemente al unicornio.
Además Noé era un genio, y como tal, limitado y lleno
de prejuicios. En lo mínimo se desveló por hacer llevadera
la estancia de una especie elegante. Hay que imaginárnoslo
como fue realmente: como un hombre de negocios de nuestros días:
enérgico, grosero, con excelentes cualidades de carácter
en detrimento de la sensibilidad y la inteligencia. ¿Qué
significaban para él los unicornios?, ¿qué
valen a los ojos del gerente de una factoría yanqui los amores
de un poeta vagabundo? No poseía el patriarca esa curiosidad
científica pura que sustituye a veces al sentido de la belleza.
Y el arca era bastante pequeña y encerraba un número
crecidísimo de animales limpios e inmundos.
El mal olor fue intolerable. Con su silencio a este respecto el
Génesis revela una delicadeza que no se prodiga por cierto
en otros pasajes del Pentateuco.
Los unicornios, antes de consentir en una turbia promiscuidad indispensable
a la perpetuación de su especie, optaron por morir. Al igual
que las sirenas, los grifos, y una variedad de dragones de cuya
existencia nos conserva irrecusable testimonio la cerámica
china, se negaron a entrar en el arca. Con gallardía prefirieron
extinguirse. Sin aspavientos perecieron noblemente. Consagrémosles
un minuto de silencio, ya que los modernos de nada respetable disponemos
fuera de nuestro silencio.
Julio Torri (1889-1970) De Fusilamientos
(1940).
Nada tiene de extraño tanta belleza desparramada por diversos
idiomas. Mi maestro, el gran poeta Judeo-español Rafael Cansinos
Assens, legó una plegaria al Señor en la que dice:
"Oh, Señor, que no haya tanta belleza"; y Browning:
"Cuando nos sentimos más seguros ocurre algo, una puesta
de sol, el final de un Coro de Eurípides, y otra vez estamos
perdidos". La belleza está acechándonos. Si tuviéramos
sensibilidad, la sentiríamos en la poesía de todos
los idiomas.
Jorge Luis Borges (1899-1986) "La Poesía"
en Siete Noches.
Universalia
nº 10 Abr - Jul 1993
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