| Para
sentirnos optimistas
Marisela Hernández H.*
En medio de una situación de "crisis" moral, económica,
política y social, como la que vivimos actualmente, con frecuencia
nos dejamos arrastrar por sentimientos de fatalismo, de impotencia,
y tendemos a pasar por alto el trahajo de grupos y personas que
nos demuestran, en pequeño y paso a paso, que es posible
cambiar nuestras maneras de ver el mundo y de actuar en él.
En el marco de nuestras investigaciones en el área de la
salud comunitaria, las cuales se han realizado en el Estado Lara,
acompañados por la Facultad de Medicina de la Universidad
Centro Occidental Lisandro Alvarado, hemos tenido la oportunidad
de estudiar, con las herramientas teóricas y metodolóicas
que nos aporta la psicología social, una serte de experiencias
que se desarrollan actualmente en las aldeas de Villanueva, El Bucare
y Bojó, las cuales se han propuesto como objetivo la modificación
de condiciones de salud y de vida en general de sus habitantes.
A partir de los trabajos que iniciamos hace tres años, hemos
comenzado a identificar un conjunto de factores que pudiéramos
señalar como subyacentes a los procesos de cambio personal
y colectivo que han venido ocurriendo en las mencionadas aldeas,
los cuales con figuran un estilo de "educación en salud"
digno de ser asumido por otras organizaciones tanto gubernamentales
como no gubernamentales del sector salud. Decimos asumir el estilo
porque, como se verá más adelante, incorporar estas
rriodalidades educativas implica una posición personal de
profundo respeto por el ser humano.
Si resumimos los resultados que hemos obtenido, las experiencias
a las cuales nos hemos referido como "exitosas" en el
logro de cambias en las condiciones de salud personal y grupal se
caracterizan por:
-Una concepción de educación como proceso de cambio
individual y colectivo, planeado y ejecutado a largo plazo, con
la participación activa de las comunidades, y la incorporación
de otros sectores complementarios al de la salud como la producción,
mediante la creación de huertos y cooperativas, y la comercialización,
a través de la construcción de bodegas y boticas naturistas.
Con ello estamos frente a una idea de salud que es sistémica
multisectorial y explícitamente orientada hacia un cambio
global en las condiciones de vida.
-Un conjunto de bases filosóficas en relación al ser
humano y al conocimiento. El ser humano es considerado inteligente
y creativo. En cuanto al conocimiento, se favorece la idea de que
él mismo es adquirido fundamentalmente por la vía
de la acción y la reflexión a partir de la realidad
concreta que se vive.
-El rescate de la sabiduría popular y su incorporación
al proceso de aprendizaje de nuevas prácticas y visiones
del mundo.
-Apelar a estrategias de ensenanza-aprendizaje claramente sustentadas
en valores como la fe y la solidaridad. Estas estrategias movilizan
procesos tanto racionales como emocionales, y buscan la adquisición
no sólo de información por parte de los "educandos",
sino de posiciones críticas frente a la realidad, así
como de destrezas específicas para lidiar con ella.
-La presencia de un liderazgo democrático, compartido por
sacerdotes católicos y organizaciones populares, con la participación
"codo a codo" de las comunidades mencionadas.
Los factores que hemos identificado concuerdan con señalamientos
de Orlando Fals-Borda, sociólogo colombiano, quien afirma:
"Los sentimientos, la imaginación y el sentido del humor
lúdico constituyen fuentes inagotables de la resistente personalidad
de la gente del común. Sin embargo los tres elementos tienen
una base común que no es posible soslayar para fines de movilización
y creación del poder popular en nuestros países: las
creencias religiosas" (Conocimiento y poder popular,
Siglo XXI Editores, Bogotá 1986, p.108).
(*)Marisela Hernández
es Licenciada en Psicología (UCAB) y Magister
en Psicología (USB). Es profesora y Jefe del Departamento
de Ciencia
y Tecnología del Comportamiento.
Universalia
nº 10 Abr - Jul 1993
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