| Premio
"Segundo Serrano Poncela", mención Humanidades,
1992 - 2do. Premio.
Altazor: una experiencia vital
Enrique Bustamante*
La versión inicial de este trabajo fue
presentada en el curso Invitación a la poesía (LLX-512)
que dicta la profesora Paulette Silva Beauregard, del Departamento
de Lengua y Literatura.
"¿Por qué hablas?
¿Quién te pide que hables?"
"Hablo porque soy protesta, insulto y mueca del dolor"1
Cuando Altazor lleva el canto del pájaro tralalí al
fracaso también está haciendo que el lenguaje colapse,
pero a la vez está creando una nueva poesía y un nuevo
lenguaje sobre los restos de esa explosión. (Entonces ¿fracasó?
¿no fracasó? o ¿fracasó fracasando?).
La manera más barata de comenzar estas líneas es diciéndole
que éste es el tercer material que escribo sobre Altazor,
la obra de Vicente Huidobro. La finalidad de volver a escribir,
era tratar de presentarle una versión resumida de mi trabajo
"Altazor: una visión existencial". Pero fracasé
(por lo resumida). Ahora, que vuelvo a escribir, debo no sólo
poder mostrar una visión de conjunto sino también
debo hacerlo en menos de cien líneas (y me acecha el tiempo).
Las condiciones son ideales para lograrlo (y no puedo jugar a fracasar).
No he podido super-sintetizar mi trabajo original ya que no he (querido)
logrado desprenderme de los escasos detalles que observé
en mi lectura. No debo retardar más el comienzo. Un loco
está gritándome: no hay líneas que perder.
(Cuando lea Altazor entenderá lo que hago.) Algo más,
voy a tratar de que las últimas diez líneas sean un
verdadero desastre (un caos) en honor al poema.
La poesía de Huidobro es calificada como creacionista, y
él es el creador de esta corriente (una especie de dios).
La creación implica la destrucción como la vida implica
la muerte, como los sellos van pegados en las tarjetas postales,
como yo "voy pegado a mi muerte" (p. 378). Así,
Altazor es poesía creacionista pero también es un
canto a la destrucción. Diciéndolo con palabras del
poema, "es una flor de contradicciones" (p. 378).
Esto se halla representado en la obra por una continua invitación
al fracaso frente al hecho de crear con el lenguaje. La forma de
desarrollarlo es por oposición de versos. Todas las partes
del poema se hallan dialogando (confrontadas) entre sí. En
esta dirección apuntan los versos utilizados como epígrafe.
En el poema no aparecen en forma consecutiva, pero pueden pensarse
como pregunta y respuesta. Más aún, podemos oírlos
como dos voces. La primera voz es la del hombre que no se resigna
al fracaso, y la segunda voz es la del hombre que tiene certeza
del fracaso. Ahora, le pido que fusione estas dos voces en un nombre:
Altazor. Y que piense en el fracaso como la muerte. Y que (haga
un esfuerzo más) piense en Altazor como el Hombre. ¿Qué
intento?
Debe resultarle casi obvio que se encontrará con un poema
que lucha por su existencia3 y que requiere un lector
que se entregue a la lectura con pasión de amante fiel. Altazor,
más que sentirlo, hay que padecerlo. Padecerlo sin llegar
a ser 4 Altazor (a menos que usted lo desee). El poema
invita a que lo padezcan. Podemos continuar hablando del creacionismo.
Al comenzar a leer el poema usted sentirá un lamento (una
angustia). Si se detiene a los 25 versos (antes de comenzar a caer)
puede que recuerde mucho o poco (si es como yo), pero esencialmente
usted sentirá. Sentirá ese lamento. Luego, cuando
continúe, se encontrará con el efecto visual de un
"cae" colocado en desnivel. Esta es la definitiva invitación
para que caiga (caigamos) con Altazor. De esta manera Huidobro comienza
a plantear la ruptura con el Modernismo. Pasa del planteamiento
a la acción. Pretende, entre otras cosas, incorporarnos como
parte activa a la poesía. Quien no desee este compromiso
(por simple respeto) deberá abandonar Altazor. Afortunadamente
el poema es excluyente. Por encontrarse dialogando, para poder avanzar
se necesitará tener a favor una buena lectura anterior. ¿Por
qué?
Altazor consta de siete cantos (y un prefacio sencillamente complejo).
Estos cantos no pueden ser leídos como siete capítulos
independientes de algún libro de texto (disculpe, pero vuelvo
a insistir). Recordemos que Altazor es el Hombre y que además
posee dos voces en confrontación, por lo tanto puede sufrir
en nombre de todos los hombres. Con esto logra darle trascendencia
universal a la angustia que siente frente a la muerte. Pero a la
vez logra sentirse humano y la desafía. En esos momentos
Altazor se ensordece frente a
la voz que le habla de fracaso y logra creer que lo ha superado.
Permanezcamos con este Altazor intocable, pero pensemos en él
como el Poeta. Nuestro entorno será ahora la poesía,
el poema y el lenguaje. El fracaso: la muerte de las lenguas. En
la poesía modernista mueren las lenguas y Altazor deberá
detener esa matanza. Para ello invita a los poetas a que rompan
con las convenciones y creen. El primero en hacerlo es él.
El primero en llevarlo al fracaso es (también) él.
Cuando Altazor recuerda la voz que le habla de fracaso se sumerge
dentro de la angustia (se acelera su caída). La consecuencia
de esto es que no pudo crear algo que no fuese directamente el fracaso.
El poema oscila entre el entusiasmo creacionista y la destrucción.
Altazor, igualmente, oscila entre la desilusión y la esperanza.
El, durante todo el poema ha albergado esperanzas, para detener
la caída, en objetos que luego lleva al fracaso (de un canto
a otro). El último (el que le da mayor fuerza creacionista)
es el canto del "pájaro tralalí" (p. 402)
que le revela la clave del "eterfinifrete" (p.402) para
vivir eternamente. Altazor lleva al máximo su poesía
creacionista y luego comienza el natural descenso. Aquí es
cuando lo hecho (leído) en los cantos anteriores marca la
diferencia entre continuar o quedarse fuera. El lenguaje ha sido
un instrumento de creación y de destrucción. Cuando
Altazor lleva el canto del pájaro tralalí al fracaso
también está haciendo que el lenguaje colapse, pero
a la vez está creando una nueva poesía y un nuevo
lenguaje sobre los restos de esa explosión. (Entonces ¿fracasó'?,
¿no fracasó? o ¿fracasó fracasando?).
"Aquí comienza el campo inexplorado" (p. 402).
No voy a hablar de mí sino de aquél. De aquél
que despertó a las dos de la madrugada en una noche calurosa
porque volvió a soñar que no existía. Soñó
la habitación en la que duerme hoy, mañana sin él
allí. La soñó íntegra, pudo ver su cama
(caliente aún) de sábanas arrugadas. Se paró.
Lo llamaban. Contestó y le dijeron: morirás. Un breve
escalofrío recorrió su cuerpo. Estaba frente al espejo.
Lo sé, me veo terrible. Apagó la luz. Se acostó.
Se sintió absorber por la reblandez del colchón. Volvió
a escuchar la voz que le pedía ayuda, recordó su almanaque
y se tranquilizó. Estaba soñando, ya. Fue a sentarse
en su nube a leer historietas y ver pasar a los otros. Sentado allí
una dulce brisa le pasó la página. Gracias -continuó
leyendo. Escuchó una fuerte risa, miró hacia abajo
y...iestaba cayendo! Sus pedazos permanecieron esparcidos sobre
el intacto espejo. Y así creó la palabra fragrnentación
(que vino a darle la unidad y coherencia autónoma que tanto
necesitaba).
Notas
1.- Vicente I Huidobro. Obras Completas de V.H. Santiago
de Chite, Editorial Zig Zag, 1963, Tomo 1, pp. 380 y 381 (respectivamente).
Todas las citas pertenecientes a Altazor fueron tomadas de este
mismo libro, de manera que en las siguientes solo se indicará
el número de página correspondiente.
2.- En palabras de Altazor: "Hice un gran ruido y este ruido
formó et océano y las olas del océano. Este
ruido irá siempre pegado a las olas del mar y las olas del
mar irán siempre pegadas a él, como los sellos en
las tarjetas postales." (p. 365).
3.- Me refiero, específicamente a los siguientes versos del
prefacio de Altazor: "Un poema es una cosa que será./
Un poema es una cosa que nunca es, pero que debiera ser./ Un poema
es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser."(p.
366)
4.- La idea (lamentablemente) no es mía(al igual que la de
los paréntesis), se le atribuye a Jorge Luis Borges en su
obra "Fierre Menard, autor del Quijote". La traigo a colación
ya que Pierre Menard para escribir (no plagiar) El Quijote
debía ser Miguel de Cervantes siendo Don Quijote.
(*)Enrique Bustamante es estudiante de Ingeniería de
Producción. Cohorte'90.
Universalia nº 10 Abr - Jul 1993
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